BAJO UN CIPRES

Estas son las historias de un viejo hippie venido a menos.

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...LA HISTORIA MÁS BELLA...

 

    Hicisteis lo que debíais, sin embargo, hoy crees que no fue suficiente. Debisteis dejar más piel pero no quisisteis sacrificar más, perder la posibilidad de disfrutar de la vida y la juventud.

    Es cierto que algunos dejaron la vida y otros su futuro en las cárceles del régimen, pero fueron los menos y, más que nada, lo que tuvieron es mala suerte o un traidor en su entorno.

    El dictador fue listo e intuitivo, siempre iba un paso por delante y supo comprar vuestra pasividad a cambio de un bienestar para los escogidos, aquellos que de veras podían plantarle cara. Solo a su muerte y al no existir nadie que pudiera dar continuidad a su sistema, sea por falta de listeza o personalidad, se hundió parte de su mundo.

    Hoy te arrepientes de haber luchado tan poco, de no haber arriesgado más. Tantos sacrificados para tan poco te subleva y enerva el espíritu. Te gustaría volver a empezar aunque sea con lo poco que queda: el honor y el sentirse hombre. Las armas ya saldrían por el camino.

 

 

 

    Es Domingo y salgo de casa solo. Voy al Mercat de Sant Antoni, quiero comprar algún libro, hace años que no lo hago por allí.

    Amara se ha quedado en casa, apenas puede moverse por la medicación que toma, esperemos que sus efectos mengüen con el tiempo. Está rendida, agotada, somnolienta... Deberé acostumbrarme a hacer mi vida sin ella.

    Paso frente al club, está cerrado, la temporada ha terminado y no hay partidos. Este año debía ser el último, deseábamos que otros lo mantuvieran, tomaran el relevo.

    Organizamos una gran fiesta de despedida. Una empresa de catering sirvió la comida y un grupo musical amenizó la velada. Hasta invitamos a las autoridades para celebrar el evento. Debimos cambiar los carteles. Ya no era una despedida sino una conmemoración. Después de diez años no conseguimos encontrar sustitutos, nadie quiere tanta responsabilidad.

    A la fiesta asistió todo el mundo: padres, jugadores, entrenadores... hasta muchos de los que habían participado anteriormente. Las autoridades asistieron al evento, nos felicitaron, se repartieron placas y ramos...

    Y seguiremos con la labor, y lo haremos hasta que nos hartemos.

 

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    El 29 es mi santo, podría ser el de otro, me da lo mismo, nunca he celebrado esta festividad a no ser por la verbena, las cocas, los fuegos artificiales... Lo pasaremos en el Pirineo, en el mismo lugar donde tenía la casa con mis viejos amigos.

    He organizado una pequeña fiesta de dos días. Amara estará bien, cuidada y en un dormitorio grande y limpio. Más adelante, cuando estemos más tranquilos y si la enfermedad lo permite, buscaré una casa aislada por allí, entre las altas montañas, en un pequeño valle perdido para retirarnos en un futuro.

    A Amara le enloquece el mar, pero está claro que no puede vivir en él. La humedad es terrible para su enfermedad y vivir en un velero es impensable.

    Hago trasbordo, a la vuelta intentaré coger una bici. Desconecto el móvil, debo acostumbrarla a no depender tanto de mí.

 

    No encuentro los libros que esperaba. Pero... ¿esperaba alguno? El Mercat es así: si buscas no encuentras y si no lo haces encuentras lo que te gusta. Compro uno del que hace poco me hablaron: "La soledad de los números primos", de Paolo Giordano. Cuando lo termine hablaré de él.

 

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    El viernes hablé con Mónica. Me dijo que sólo yo podía organizar algo así y que me ayudará con todas sus fuerzas.

    Todas sus fuerzas...

    Me siento bien, mejor que nunca, y más si puedo contar con su ayuda.

    ¿Seremos capaces de llegar tan lejos?

 

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    Estos días recordaba las grandes fiestas que organizaba con mis amigos, insuperables con respecto al amor, la dialéctica y el sexo. Insuperables porque nunca he visto nada igual ni oído que alguien lo haya conseguido, y he visto y oído mucho más de lo imaginable. A veces me tienta contarlas, pero es imposible, no hay palabras que puedan describir ni mentes que puedan entender; caería, además, en la más pura pornografía o en el erotismo llevado hasta el límite. No, no es posible mayor desinhibición ni alarde, el incomparable estadillo de la libertad sentimental, ideológica y sexual sin medir sus consecuencias. El sentimiento de que todo estaba permitido excepto atentar contra la sensibilidad del compañero, sabiendo que sería capaz de sacrificarse por el gusto de otro. Y nunca hizo falta porque nadie quiso tanto.

    ¿Deben existir límites que acoten la libertad?

    Nosotros demostramos que no, que se puede convivir con ella sin necesidad de sacrificar nada de lo que la convención exige. Posiblemente lo contrario: la represión y el engaño, el simular lo que no se es y fingir que no se quiere aquello que más se desea, terminen rompiendo las convencionales ataduras de la familia, el trabajo...

 

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    El lunes batí mi propio record del Bicing. Claro que... nada que ver con el camino de Santiago que hice junto a Anna y Amara y de mucho más joven. Ahora ya me siento preparado para ir de casa al trabajo y viceversa. Me compraré una bici barata, que no atraiga a los ladrones y con un buen sistema de bloqueo. También cambiaré el pequeño bolso por una mochila.

    La bici también me sirve para tener una buena perspectiva de la gente y como viste. Nada mejor que pasear y mirar para coger ideas.

    Con Amara tal como está ya no sería posible aquella aventura. No le faltan voluntad ni valor, pero sí salud. Aunque mejorara de la enfermedad, sus rodillas, cuatro veces intervenidas, y su espalda, con prótesis, se lo impedirían.

    Todo tiene su tiempo y debo acostumbrarme. Amara ha cambiado demasiado.

 

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    La nueva colección va formándose, tarde por los proveedores, que andan más cojos que otra cosa; pero va saliendo y con enriquecimiento de modelaje con respecto a la anterior temporada.

    Nuestra producción ha descendido, sin embargo, estoy satisfecho. En mis visitas a la clientela percibo satisfacción con nuestra producción. La temporada ha sido la peor que se recuerda, las tiendas han comprado poco y aún así están llenas; en cambio, apenas les queda algo nuestro.

    Ahora quizá sea el momento de crecer. Recursos no nos faltan, el problema es la oportunidad.

    ¿Qué pinta un tipo de 58 pensando en crecer sin que nadie le siga?

    Nada, pero el gusanillo no me deja tranquilo, me roe la cabeza y los sentidos.

 

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    ¿A quién financia el Estado cuando entrega tanto dinero y tan alegremente a la SGAE?

    Por su profesión los artistas viajan y están en contacto con innumerables colegas del extranjero, así como con responsables políticos, directores de medios de comunicación, antiguos revolucionarios llegados al poder e intelectuales de cualquier especie. Además, el artista está entrenado para la simulación, por lo que le es más fácil el engaño y la infiltración. La información que llegan a disponer, una vez organizada y centralizada, es enorme y muy importante. El problema es que tanto va en una dirección como en otra y nadie puede evitarlo.

 

    La SGAE debería desaparecer, es la sociedad más ladrona, embustera e inútil que existe en España; aún peor que la política.

    Es inconcebible que un artista cobre derechos porque hace veinticinco años cantó, compuso o escribió una cancioncilla, mientras una patente industrial de automoción solo ocupa cinco años.

    Para destruir su sistema de recaudación se debería convencer al ciudadano elector, de no votar ningún partido que no demuestre su intención de eliminar sus ridículas prebendas y, por descontado, por ningún concepto votar a los que han permitido semejante escándalo.

    Probablemente desaparecería el actual socialismo, pero nacería otro con más fuerza si cabe, mucho mejor y más limpio.

    La iglesia es otro ejemplo de hasta donde llega la ridiculez de nuestros gobernantes.

    Cómo es posible, nos preguntamos, que se done tal cantidad de recursos a una gente que atenta contra la estabilidad del estado de derecho, que propugna el golpismo y la bondad de la dictadura fascista.

    Algo hay entre bastidores que impide su asfixia económica, aunque tampoco sería tal, ya que una vez vistos sus gastos de funcionamiento, es fácil comprobar que con una buena administración bastaría.

    Las iglesias se llenan de fieles Domingo tras otro, no solo una vez sino varias, y entre semana ofrece otros servicios como bautizos, comuniones, bodas, funerales y demás ritos. Si estudiamos los gastos que eso comporta y en los que es básico el voluntariado sin ánimo de lucro, descubrimos que podría llegar a ser un próspero negocio, al estilo de conciertos u otros espectáculos, pero sin necesidad de pagar local ni mano de obra excepto el párroco. En cambio vemos con asombro que el gobierno más atacado y herido por dicho colectivo, no solo no toma medidas contra él sino que le aumenta el peculio en plena época de vacas flacas.

    La iglesia también está introducida en el mundo de la política, el arte y las finanzas, y por su estructura y funcionamiento, está arraigada por todo el planeta. No sería de extrañar que un Estado intentara atraer a su bando dicho colectivo o utilizara su influencia, contactos y, por tanto, información, a cambio de un jugoso pago o "donativo".

    Es harto dudoso que el gobierno llegue a la estupidez de pagar tanto dinero a unos tipos, por haber compuesto alguna cancioncilla cuando se hacían los progresistas o a otros, para que monten un espectáculo ritual a un escaso 10% de la población según el Estado y un 25% según la iglesia; que eso es como las manifestaciones, que nadie se pone de acuerdo.

    Es indudable que algo hay, a menos que sea cierto lo que algunos dicen y tengamos un gobierno de absolutos estúpidos.

    Para poner en cintura a la más coercitiva e inmunda de las sociedades que hoy corretean por el planeta, no hay mejor sistema que dejar de votar a cualquier partido que no de pruebas inequívocas que dejará de financiarla; o, de ser necesario, crear un partido político absolutamente laico para crear presión.

 

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    Existe la creencia que la revuelta necesita grandes recursos y, por tanto, de mucha financiación. Nada más lejos. Cualquier revuelta con pretensión de llegar a buen puerto solo necesita voluntad, unidades con una férrea disciplina, convicción, y mucha información. Lo primero se sobreentiende, lo segundo se consigue con medios muy ajustados y lo tercero a través de los dos anteriores.

    Parte de la poca financiación que precisa la ponen los otros sin que lo perciban, una vez manipulados y sean de un bando o de otro, ya que la revuelta debe aprovechar sus unidades, por las buenas o por las malas, moviéndolas a su antojo.

 

 

    Hace tiempo, en los comienzos de este blog, Joan os mostró su dolor porque no contasteis con él durante aquellos días. No fue el único, poco a poco otros os exigieron explicaciones, como Albert y alguno más. Y supones que Mónica debió hablar con José, quizá el que podría tener más razón.

    - ¿Conoces el significado de convicción?-

    - Si, claro-

    - Pues siempre tuvimos la convicción que os faltaba la necesaria-

    Y es que se necesita mucha, aparte de espíritu de lucha, sacrificio y sentido de la disciplina.

    Ser capaz de abandonarlo todo, desde el amor hasta el futuro... ¿Quién se siente preparado para eso?

    ¿Qué saben de vosotros?

    Tal vez piensan, ya pasado el tiempo, que no pasó de ser un terrible juego, emocionante y peligroso, pero solo un juego.


    Y temes que luchasteis por un mundo que no tenía interés en ser salvado.


 

19/06/2009 00:30 Autor: pau. #. Tema: La historia más bella. Hay 2 comentarios.

PURO VICIO

 

 

    Eso del Bicing envenena.

    Ahora visito los clientes sobre una bici. Cuando debo entregar pequeñas cantidades, que tal como están las cosas, casi siempre es así, les saco las perchas, las doblo e introduzco en una bolsa y... ¡Hala!, a pedalear. Así los visito de vez en cuando y me entero de lo mal que van las cosas.

    A los clientes les hace gracia. Eso que el famoso diseñador de blanca barba se presente con ocho prendas sobre una bici del ayuntamiento, sobrepasa todas las tendencias. La gente no sabe si es fashion, in, retro o hippie. Eso último seguro que no, que el tipo llega con una camisa Lacoste y el resto de la indumentaria de marca cara. No, nadie sabe donde situar este elemento. Mientras, mis pantorrillas se endurecen día a día y mi espalda, brazos, pecho... comienzan a muscularse; pero lo mejor es que los pantalones comienzan a deslizarse cintura abajo. Antes la cosa andaba más prieta, un poco demasiado.

    Todavía no me atrevo a subir a la báscula. Me temo que aún no ha llegado el momento.

    Hoy me pasaban rozando los coches por la izquierda y los autobuses por la derecha. Y, la verdad... se me han puesto por corbata. Encima y para variar, el freno de la rueda trasera no funcionaba, por tanto debía frenar con el delantero a pequeños golpes. Un ABS manual y de fortuna. Lo de derrapar, con tanto coche, autobús y moto, lo he dejado para otro día.

    Mañana debo ir en coche y me cabrea, no podré coger la bici y me disgusta.

    Me siento mejor, aunque muy cansado. Y sí... estoy adelgazando, no sé si gracias al veneno que cada día trago de los tubos de escape, de la comida con la que el nuevo cocinero intenta liquidarme; por la bici o el trabajo que no mengua.

 

 

12/06/2009 09:45 Autor: pau. #. Hay 2 comentarios.

...LA HISTORIA MÁS BELLA...

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          Y termino este largo tema deleitándome con la música de Björk.

 

 

    Hoy el Bicing ha funcionado algo mejor. Esta mañana, en la parada del metro había siete, para ellos ninguna. No obstante, por la tarde he podido coger una cerca del taller y he llegado entero al "fisio".

    Mi trasero se ha despegado del sillín con alguna dificultad, pero ni mucho menos la del pasado viernes.

    Llamaré a Amara para que compre una botella de cava. Hay que celebrarlo.

 

 

 

 

    No sé si fue este pasado viernes, que una pequeña nota en Facebook hizo que recordara a Konsta y, con ella, alguna de las mujeres que ocuparon parte de mi vida sexual.

    Otro día y con más calma, escribiré sobre lo que no fue sólo sexo. Y digo sólo porque la sexualidad es parte importante e inseparable de la relación entre un hombre y una mujer, a veces la que más influye en el resto.

 

 

    La conocí una noche de discoteca. Era raro que yo estuviera allí, más por la falta de tiempo que de ganas puesto que siempre me había gustado el baile, la música y las mujeres.

    Entonces aún era joven, bastante; ya había vuelto del ejército y me había infiltrado en el mundo de mi enemigo.

    Hoy, al recordar aquel día y buscar una explicación a mi presencia en aquella discoteca de la parte alta de la ciudad, en la que se debía entrar correctamente vestido, no puedo más que pensar en los "amigos" con los que de vez en cuando alternaba por aquellos lugares.

    Y ahora, sin darme cuenta, me ha venido a la memoria Albert, tan revolucionario y ácrata como inmensamente rico, que involuntariamente era asediado por conocidos ultraderechistas.

    A Albert, que no lo recuerdo en esta discoteca, lo utilicé para introducirme en el entorno del gobernador y, gracias a este, en el del capitán general, donde a través de uno de sus sobrinos -creo recordar que no tenía hijos- conocí a su familia e innumerables veces comí y dormí en su casa; y participé con placidez en más de una conversación que luego asombraba a mis mentores; ya que nunca hubieran podido creer hasta donde había llegado y la poca desconfianza que producía o la frivolidad con la que hablaban en mi presencia.

    En aquel tiempo, gracias a mis continuos esfuerzos y al idioma que utilizaba con mi abuelo, adolecía completamente de acento catalán y pasaba por ser un tipo extraño y profundamente influenciado por su ideología, excombatiente y franquista, y muy querido en aquel circulo de personas. Eso me sirvió mucho, ya que entre ellos estaba mal visto hablar en catalán, aunque algunos fueran de la tierra y sus apellidos lo atestiguaran.

 

 

    Era morena y algo mayor que yo, toda una hembra; bien vestida, ligeramente maquillada y delicadamente provocativa; muy simpática, abierta y con una permanente sonrisa en la boca. Estaba sentada en un taburete de la barra, bien acompañada por un hombre de edad y condición parecidas. Yo la miraba con cierta insistencia. Tampoco debía avergonzarme. El atractivo de sus facciones y la belleza de su cuerpo llamaba la atención a cualquier mortal. También es cierto que había intuido un cierto interés por su parte: miradas de soslayo, disimuladas entre tanta copa y aglomeración en la barra.

    Recuerdo que aquel día preferí estar en la barra. No tenía ganas de bailar, quizá por la música o por la atracción visual que sentía por aquella mujer. Y las amigas de mi grupo dejaron de insistir en ello.

 

    En un momento uno de los taburetes quedó libre y tomé asiento. Vi como se dirigía a su compañero, le hablaba con suavidad y él respondía en tono entre ofendido y  sorprendido. Al ver como el tipo se levantaba y se iba, pensé que quizá le dijera que tenía ganas de estar sola.

    Y se levantó y acercó, algo peligroso a no ser que no le importase perder su asiento.

    Me saludó con un simple hola enseñando una sonrisa de infinita gracia...

    - No fumo, por tanto no puedo pedirte fuego ni tabaco-

    Y me reí con ganas, muchas... porque esta tía se salía de lo normal y confirmaba lo que la intuición me decía.

    - Mejor así. Yo tampoco fumo y no habría podido servirte como me hubiera gustado-

    Aquella noche no pasó nada. Conversamos... hablamos de mil cosas y temas evitando la política. Me interesaba demasiado y no era lugar para hacerlo. Mis "amigos", a lo lejos me hicieron una seña de complicidad. No me molestarían.

    Bailamos y nos lo pasamos bien. Le di el teléfono de mi casa. Supe que no me daría el suyo ni su dirección y le ahorré el compromiso; también que me llamaría antes de lo que cabría esperar en un caso así.

    Pocos días después me llamó. Le apetecía comer conmigo y era ella la que invitaba. Aquella tarde no fui a trabajar, la tomé libre. Paseamos por el puerto, después donde termina el Tranvía Azul y empieza la montaña del Tibidabo. Pretendía que fuéramos a un hotel, pero la convencí de ir a mi casa; allí habría intimidad y mi abuela respetaba mis costumbres. Era, igual como tiempo atrás, mi casa; y disponía de mi habitación, mi despacho y estancias suficientes para perderse. Tampoco era la primera amiga que mi abuela había conocido. Anna le caía muy bien y venía a menudo, si bien guardando un cierto respeto. Y es que siempre fingía dormir en otro dormitorio.

    No le hablé de mis amigos, tampoco de la comuna; pero sí de mi trabajo, de la casa del Pirineo, del amor que sentía por el mar y mi intención de ganar dinero para comprar un barco.

 

 

 

    Por entonces me había trasladado al gran piso de mi abuela. Mi abuelo había muerto y, mis padres, después de repartir la herencia la medio abandonaron.

    No podía dejar sola a una anciana en una casa de más de cuatrocientos metros cuadrados, que me había cuidado, educado y mantenido hasta bien entrada la adolescencia. De no haber sido así, tampoco lo hubiese permitido. La gran relación y estima que había tenido con mis abuelos hizo que abandonara parcialmente la comuna.

    Los fines de semana o cuando salía de viaje, mis padres venían a cuidarla, se trasladaban con su maletín y pasaban unos días con ella. Los lunes parecía otra persona. Me esperaba con ansia y la sorda determinación de dejar este mundo cuando la abandonara.

    Y así fue, ya que poco después que mis padres abandonaran su infantilismo y asumieran su responsabilidad, mi abuela entró en una espiral de envejecimiento mental y abandono.

 

 

    No sé que hubiera pensado sobre lo que es una comuna hippie.

    La casa era una torre de tres pisos con jardín a su alrededor.

    La planta baja disponía de una sala comedor, la habitación que servía de taller, la cocina, un dormitorio y un servicio. En el primer piso tres dormitorios, un cuarto de baño y una salita de estar que podíamos adaptar como dormitorio en caso de necesidad. En el segundo cuatro dormitorios y un aseo muy grande que dividimos con una mampara de madera sin que llegara al techo, convirtiéndolo en un pequeño servicio y un cuarto de baño completo.

    En el primero dormía Jessica y la andaluza con sus respectivos hijos y una pareja; en el segundo María, uno de nuestros compañeros, otra pareja y yo. Y en la planta baja un simpático gallego.

    Paz vivía en otra comuna y se desplazaba a la nuestra con asiduidad, por amistad y para acostarse conmigo.

 

 

 

    Escribo con los electrodos en la espalda. Me siento tan bien y fresco, que igual vuelvo a coger una bici para llegar al bus que me lleva a casa y olvido el tranvía.

 

 

 

    Sonia, así la llamaremos, era una mujer extraña. Su placer pasaba por ver al macho gemir, doblarse, rugir y eyacular espectacularmente. Disfrutaba y se excitaba al sentir como me deshacía por sus caricias. Una mujer fuerte, alegre y bella que gustaba dominar antes de ser dominada, pero también muy experta en el sexo, que sabía agradar, cimbrear su cuerpo y utilizarlo para la satisfacción del compañero.

    El fin de semana lo pasamos en nuestra casa del Pirineo. Aún no hacía un año que la teníamos y estábamos arreglándola, no obstante ya se podía vivir bien y el cuarto de baño funcionaba.

    Nuestra aventura duró poco, unas tres semanas.

    Un día me pidió salir junto a su prima. Me dijo que era una chavala muy simpática y que me gustaría. Nunca imaginé lo que se proponía ni la increíble belleza y sensualidad de aquella chica.

    Bastante más joven que ella y algo más que yo. Preciosa. Al mirarme me sentía devorado. Sus labios, su boca... los movía de manera que me derretía; la maravillosa redondez de sus pechos, su color, la manera que vestía, su escote, su cabello... y como acercaba su cara al hablarme... Una hembra total.

    Después de cenar en Sorrento, una famosa pizzería, fuimos al Enagua, mi pub favorito.

    Sonia tenía interés en ir a una discoteca para bailar, esta vez más de mi estilo: buena música y gente sencilla y abierta. En un aparte y aún en el Enagua, aprovechando una ausencia de su prima, me miró fijamente...

    - ¿Te gusta?

    -  ¿Y a quién no?- Respondí riéndome sorprendido.

    - A ella le encantas. Sería fantástico que os enrollarais. Aún es virgen y me gustaría que fueras tú quien...-

    Y aquella noche Sonia desapareció. Supuse que lo tenía preparado. Se encontró con un amigo, aparentó casualidad, pero él no supo fingir o no sabía que debía hacerlo.

    La prima, Elena le llamaremos, aquella misma noche se abandonó. Hice todo lo posible para darle confianza y seguridad, la traté con la máxima delicadeza; pero aquella mujer de virgen tenía poco.

    Si Sonia era experta en dar placer, Elena parecía su maestra. Combinaba los mismos gustos y costumbres con una gracia innata, una sexualidad que desbordaba. Yo estaba sorprendido. No cuadraba ni la mujer ni la situación con lo esperado; no obstante, seguí actuando con la misma delicadeza mezclada, eso sí, con ardor y fuerza.

    Fuimos a casa de una amiga. La habitación con música, un gran colchón sobre una estera, parecido a lo que más adelante tuvimos Joan, Konsta y yo; cojines, tenue luz roja y una suave y blanca cortina colgando del techo de manera desordenada. La habitación había sido decorada para el placer y la desinhibición.

    Ya en la cama intenté penetrarla después de un largo rato de caricias, buen humor y una conversación adecuada, y delicadamente provocativa; ella lo seguía sin un gesto de cuidado o insinuación.

    - ¿Eres virgen, Elena?-

    - No. ¿Te sabe mal?-

    Y me reí... Habría pagado para que no lo fuera. Hubiese sido la primera y eso me ponía más nervioso que nada. 

    Nos veíamos a menudo, se había convertido en mi pareja y yo seguía con mis múltiples vidas. Por la mañana el trabajo. De siete a ocho de la tarde salía, de no hacerlo con ella, con mis "amigos"; con los que cenaba por ahí, reíamos, nos divertíamos hablando de mil situaciones. A veces nos encontrábamos en casa de alguno de ellos y jugábamos al Póquer u otros juegos con mucho dinero por medio.

 

 

 

    Habláis de política, de los difíciles momentos que pasa el régimen, de la cantidad de traidores, cobardes y arribistas con tendencia a cambiar de bando. Y escuchas sus nombres y apellidos, cargos... pero también de los que están dispuestos a salir con los pies por delante. Y de la policía, de la Universidad, de los grandes centros productivos... Y tomas nota mental. Puedes repetir docenas de conversaciones sin olvidar una coma, el tono de voz, la intención. Habías aprendido a memorizar metódicamente, por lo que muchas veces te sorprenden sus cambios y contradicciones. No entiendes como se puede ser afín un día y traidor al otro.

    Memorizas de quién es hijo o sobrino el tal y donde lo ha enchufado, que cargo tiene y cual es su influencia; su mujer, hermanos, hijos, donde estudian. Y que hace, donde vive; y que costumbres tiene, su hobby... Y cuáles son los mandos policiales más afines, y los que sólo lo parecen, y los traidores. Y los que deben su puesto a un general, a un favor, a un familiar lejano o próximo. Y los militares de confianza y los que no lo son. Pero también las acciones represivas que preparan, a quienes tienen de chacales para quemar librerías, apalizar un cura rojillo, un médico del clínico; o avisos a funcionarios que se desvían. Y te piden consejo, opinión para contactar mejor con los suyos y buscar a su enemigo. Y se lo das porque eres uno de ellos. Y sabes a quien tienen que castigar para soliviantar, excitar, provocar la reacción contraria; aumentar el número de unidades adictas a tu otro mundo. Y también les procuras unidades al suyo, nuevos chacales que caen en una doble trampa: la suya de violencia y la vuestra de manipulación.

 

 

 

 

    El encuentro con estas dos mujeres fue excesivamente fácil y sospechoso. La discoteca, el acercamiento, el momento y el entorno... Aunque mi intuición dijera lo contrario, debía estar vigilante y ser prudente, seguir el protocolo hasta el justo punto, ya que todo apuntaba a que era un engaño, demasiado burdo para ser auténtico; pero eran tiempos en los que no debías fiarte ni de tus progenitores, tu hermano, tu compañero...

    La presenté a Joan y Konsta, con los que mantenía una profunda relación, a nadie más, solo a ellos dos y con mucho cuidado, ya que no sabían de mi compromiso revolucionario ni el de Mónica. Les pedí que por nada del mundo quería que supiera de mi vida en la comuna. No hubiese sido normal que un tipo con una vida tan ordenada y, de ser cierta mi alarma, de ideología extrema, viviera una doble vida en una comuna hippie.

    Aquel fin de semana fuimos con ellos al Pirineo. La confianza que allí se formó fue inmensa, hasta el punto que no escondí nuestra profunda relación, el fantástico triángulo amoroso existente entre Joan, Konsta y yo, y sobre como buscábamos el placer junto al amor...

    Fueron dos días inolvidables, sin prejuicios ni necesidad de fingir. Pero el siguiente fin de semana aún fue más abierto y asombroso. Joan no pudo venir, tenía que cumplir una guardia en su trabajo. El tiempo era magnífico y todo hacía presagiar que mejoraría. Decidimos ir los tres a la casa y pasarlo entre las altas montañas, hacer una excursión.

    Jugamos a cartas y hablamos del mar y de la montaña, de las experiencias que pasé en la nieve, tan cerca de allí. Había encendido el fuego y charlábamos a su alrededor, ellas sentadas en el banco forrado de cojines y yo en una silla a su lado. Elena contaba como dejó de ser virgen. Yo era su primer hombre, pero poco tiempo atrás lo había dejado de ser en compañía de una amiga, en una decisión compartida. Entonces entendí la preocupación de Sonia.

    Y mientras mi nueva compañera hablaba, Konsta, sin aparente intención, le acariciaba su desnudo hombro, lo seguía suavemente con la yema de su dedo, saltando de vez en cuando a la tela de su blusa mexicana, unas veces en la espalda, otras cerca del pecho. Y ella se estremecía visiblemente, abandonándose poco a poco al placer de la sensual caricia. Su blusa se abría por momentos y se regocijaba con algún suave e inocente gemido o un suspiro de gusto. Y Konsta en un momento de inmovilidad le dijo...

    - ¿Te gusta?-

    Se encontraban a pocos centímetros, la mirada de Konsta era puro fuego. Y es que mi bisexual amiga hacía tiempo que no se divertía con una mujer, y menos con una tan sensual y atractiva.

    - Demasiado-

    Y acercó su boca. Y Elena le besó el cuello...

    Cuando antes de acostarnos cubrí con toallas la gran cama, la una se sorprendió y la otra rió avergonzada por su descuido; y es que de tan encendida no pensó.

    La noche se llenó de un sinfín de gemidos y suspiros, orgasmos de insaciables hembras y de saciado y agotado macho.

    Konsta solía eyacular en abundancia, unas veces más y otras menos, pero siempre terminaba haciéndolo. Mónica también, pero ni mucho menos con la misma profusión. Eso a una mujer normal debe cohibirla, sobre todo de joven, cuando aún se siente insegura. Pero a Konsta la conocimos de muy joven, aún no había cumplido los dieciocho, de modo que pronto perdió el complejo. Mónica lo era aún más y la conocimos algo más tarde, a los dieciséis, y con una cara de niña mona que escondía todo lo que era.

    No había conocido ninguna otra que lo hiciera, ni Anna, María o Paz; esta última tan fogosa... pero eso nada tiene que ver con el no tan extraño fenómeno.

    Con los años aprendí que casi todas las mujeres eyaculan, sólo que tan poco que apenas se enteran. Unas piensan que es un fluido producido por el orgasmo, otras que es orina escapada por las contracciones pélvicas.

    Tanto su olor, que no lo tiene, como su viscosidad, son distintos al flujo precoital y, obviamente, no es orina. Las contracciones producidas por el orgasmo pueden provocar su descarga, pero no siempre es así; a veces fluye antes, ya que puede ser provocada por un masaje vaginal adecuado.

    Al macho le satisface y le gusta que coincidan con el orgasmo, pero lo mejor es dejar que lo haga la hembra instintivamente, sin participación externa.

    Siempre he creído que el placer debe ir en comandita con la libertad. Todo intento de provocarlo forzadamente, adelantarlo o atrasarlo es contraproducente. Al principio parece que a la compañera le gusta atrasar su cumbre, pero con el tiempo descubrimos que a veces, de tanta manipulación la abortamos y que sin tanto control, poco a poco se convierte en multiorgásmica.

 

    Dos inagotables y fantasiosas mujeres, salvajes, brutales en grado extremo.

    Éramos jóvenes y podíamos engañar al sueño. Teníamos ansia de placer, de aventura y gusto a lo desconocido, a la morbosidad sin límites.

    Aquella fue una maravillosa noche por su extensión y Konsta se llevó la peor parte, o la mejor según ella, y no con la suavidad que solíamos los dos sino con más violencia y fuerza, la misma que con Joan.

 

    Dudo que alguien sepa para lo que sirve o sirvió. Lo seguro es que todas las mujeres poseen la glándula productora y la cavidad para almacenar el flujo. Otra cosa es que muchas tengan lo primero atrofiado o lo segundo casi cerrado. Tengo la convicción que algunas reprimen su descarga sacrificando, sino todo, parte de su placer. Saben que evitando un tipo de contracción y excitación no lo expandirán o lo producirán. Su vergüenza y el temor a que el hombre lo confunda con orina o, en el peor de los casos, con un exceso de placer, les debe retraer.

    Por desgracia, en esos dos siglos de extrañas luces culturales, el sexo de la mujer sigue siendo un desconocido. No pasan seis meses que algún autodenominado experto descubra algo, demuestre lo que muchos ya sabían y practicaban.

    Por su sabor y composición se parece al semen masculino y, aunque mayoritariamente es transparente, en algunos casos gana viscosidad y su color puede llegar a ser lechoso. Pienso que podría ser un residuo de nuestros ancestros más antiguos, un mecanismo para procrear sin la participación del macho, de manera hermafrodita o para enriquecer la especie, en caso de extrema necesidad, entre dos hembras.

    Es posible que hace millones de años, el bicho que una vez mutado se convirtió en primate pudiera procrearse a sí mismo, en momentos de dificultad como los caracoles.

    Imaginemos aquellos tiempos, antes que el homínido trepara los árboles o en el momento que bajó de ellos, cuando era presa de los depredadores por salir de caza o recolectar alimentos, en tiempos de gran sequía o desastres naturales. Una tribu o varias podrían quedarse sin machos útiles.

    Es sabido que la hembra es más fuerte y resistente a la enfermedad, al dolor y al hambre que el macho, quizá por su función de paridora. También que él estaba especializado en la búsqueda de alimento y en la defensa de la tribu, por lo que se encontraba en más riesgo, mientras ella cuidaba las crías.

    La naturaleza es sabia y la especie ha sobrevivido, puede que gracias a mecanismos hoy impensables. Creo que nunca sabremos lo que aconteció en aquellos tiempos, así como lo que utilizó la especie para sobrevivirlos.

 

    Ya en Barcelona, Konsta y yo habíamos decidido hacer un viaje al sur con el 2CV repleto de material para vender. Fue una semana en la que combinamos placer, negocio, playa y buenas comidas; diversión nocturna y sexo. A nuestra vuelta Elena había desaparecido. No hubieron más llamadas ni visitas a mi casa. Pasaron las semanas pero ya no la esperaba, desde el primer momento supe que ya no la vería. Quizá no pudo soportar nuestra liberalidad extrema, que para muchos era divertido durante unas semanas, pero no para relacionarse como nosotros hacíamos. Quizá ya había cumplido su cometido, pasado el informe conforme no había constancia que yo fuera el asqueroso y traidor que tanto buscaban. Dudo que fuera así, aunque de serlo, durante aquel tiempo mi personalidad más oculta y secreta estuvo cubierta y segura.

    No había alarmado a nadie. Rompí todos los protocolos que nos habíamos impuesto, sabía que de no hacerlo moverían cielo y tierra y confiarían la investigación justo a quienes no debían. Podría haber sido la trampa para levantar la liebre. Y es que nunca se debe menospreciar al enemigo por muy estúpido que parezca o sea. Podía tener un momento de lucidez excelsa y sus engranajes, aunque anticuados y anquilosados, todavía funcionaban.

    Mi subconsciente imaginaba a Sonia y Elena divirtiéndose, ora con uno, ora con otro, buscando con ahínco un más que previsible e intuido topo. Aunque estaba seguro que tampoco les hubiera hecho falta acostarse con sus víctimas. En un caso así es mejor y más práctico, camelar, hacerse de rogar, llevar el juego hasta el final de la conquista. Es más efectiva la promesa de placer y amor nunca cumplida, ya que entonces el hombre es capaz de perder la cabeza, sus ideas y su fortuna por ver realizado su sueño.

    La realidad, probablemente, es que un exceso de conservadurismo y prudencia echara a perder una gran amistad; que fueran dos mujeres fantásticas, fuertes y muy seguras de sí mismas. 

    Hasta mucho después no dejé de machacar mi memoria, de recordar cómo conocí a Sonia, el significado del cruce de miradas, la positiva intuición que sentí entonces. Y la  estúpida manera de comportarme con Elena, el cuidado en mis posturas y conversaciones, la desconfianza...

 

 

 

 

    El hombre siempre trata de dejar para las generaciones venideras el producto de su experiencia, la sabiduría adquirida a través de los años, aun sabiendo que es una empresa imposible.

    Somos producto de nuestra propia experiencia y a veces ni eso, ya que una y otra vez tropezamos con la misma piedra. Y en cuanto un hombre rompe la costumbre, es acusado de conservador o retrógrado por el resto, aunque lo sean ellos por caer en las mismas trampas que sus antepasados.

 

 

 

 

 

    ¿Que se necesita para ser político?

    Sólo ambición.

    ¿Y para ser un buen político?

    Una ciudadanía inteligente.

    ¿Y qué es la inteligencia? ¿Lo que nos dicen cuatro tipos que se las dan de cultos?

    Me he hartado de conocer cultos estúpidos e incultos inteligentes.

    La estupidez no va ligada a la incultura, igual que la razón nada tiene que ver con la cultura.

 

 

07/06/2009 22:40 Autor: pau. #. Tema: La historia más bella. Hay 2 comentarios.

UTOPÍA

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    Es viernes y me siento bien. Por fin dispongo un momento para acercarme a la floristería. Es algo que tenía pendiente.

 

    Me siento bien, muy bien. He recibido la tarjeta del Bicing.

    Un día es un día, me digo. Vamos a estrenarla...

 

    De entrada ha sido perfecto. Salgo del Metro y justo al lado de la boca, lástima que sea enfrente de la funeraria, cojo la bici y voy al trabajo.

    Todo va bien. Amara no tenía razón para alarmarse. Llego a la parada que hay cerca del taller y... cómo no, está cerrada. Habré de pedalear otro rato y andar un poco más de lo previsto. No será nada.

    Dejo la bici siguiendo las instrucciones, pero... ¡Vaya! La luz no parpadea. Bueno... cambiaré de lugar, pienso, pero la bici no se mueve; ha quedado anclada por los pernos de seguridad. Eso significa que la cosa funciona y la luz estará fundida o vete a saber.

    Salgo a las seis, a las siete debo estar en Francesc Maciá, tengo tiempo de sobra. Miro su página por internet y veo que hay bicis disponibles a seiscientos metros. Bueno... andaré un rato, así haré algo de ejercicio. Llego, acerco la tarjeta al lector... ¡Oh! No funciona, dice que no hay bicis disponibles. Donde yo veo diez ellos no ven ninguna. Una vez más acerco la tarjeta y me señala donde puedo recoger una. Ochocientos metros y empiezo a mosquerme. Precisamente es la de esta mañana, la del Metro y la funeraria.

    Me acerco. Es subida y ya estoy algo cansado y preocupado. Con tanto ir y venir igual no llego a la cita.

    Esta vez veo muchas y un chaval coge una. No habrá problema... Acerco la tarjeta y... ¡Oh! Ahora dice que la de esta mañana no la dejé bien anclada, que llame a un 900. Me cabreo, no me da tiempo de ver el número y la acerco dos veces más. Igual piensan que tengo los reflejos y la vista de un chaval. A la tercera ya no sale el aviso y me da la 5. ¿Será casualidad?

    La bici funciona, el freno de atrás no, el de delante con solo acariciarlo traba la rueda; pero uno, que el seis cumple 58, todavía recuerda sus años mozos. Después de todo, hacer una pequeña derrapada de vez en cuando va a ser hasta divertido. No pasa nada...

    Calle Marina arriba hasta la Diagonal. Carriles bici muy bonitos excepto en los cruces peligrosos. Allí no los hay, desaparecen para volver cuando ya no son necesarios. Parecen el Guadiana.

    Por fin llego a la Diagonal. Y pienso en pedalear un rato y coger el Bus. Uno ya no está para esos trotes y el primer día debe ser prudente.

    Un kilómetro, otro, otro... Marina es larga, pero la Diagonal lo es mucho más y debo ir de una punta a la otra.

    Todo carril bici pero ningún aparcamiento.

    ¡La leche! ¿Dónde estarán?

    Y pienso en cómo no se me ocurrió mirar su situación en la página.

    Igual creí que el alcalde no es tan tonto como parece, que los aparcamientos los había puesto en el recorrido del carril. Pero no, allí solo hay los de las bicis privadas. De esos hay uno en cada manzana.

    Llego a Francesc Maciá cagándome en todo. Mi culo tiene forma de sillín, pero al revés; mis pantorrillas están petrificadas y mi nuca parece el tronco de una Encina. En este estado no tengo huevos de presentarme a Iñigo, mi fisioterapeuta. ¿Qué podría decirle? ¿Qué a mis años me he vuelto majara? Además es tarde y aún no encuentro el maldito aparcamiento.

    Llamo a Amara...

    - Oye... Entra en mi sesión y en el marcador de servicios busca la página del Bicing. Dime dónde hay un maldito aparcamiento. Estoy frente el "fisio"-

    Y la muy condenada se ríe... - Gira a la derecha, en la primera esquina hay una y justo al lado veo otra-

    Giro, pedaleo... Allí no hay nada.

    ¡La leche! ¿Se habrá equivocado? Pero no... Amara nunca se equivoca.

    Vuelvo a llamarla...

    - Oye... que aquí no hay nada-

    - Pues según eso hay dos. Acércate a la entrada de la calle, justo a la plaza. Allí hay una-

    ¡Ah! A lo lejos veo la furgo del Bicing descargando bicicletas. Voy corriendo, no sea que ahora llenen el aparcamiento y la mía no quepa.

 

    Cojo el tranvía y tomo asiento. Me duele todo. No sé como voy a subir al Bus que lleva a casa. Menos mal que mi barba es blanca y eso da respeto. Muchos de los usuarios son sudamericanos, son muy educados y tienen en cuenta la edad.

 

 

    Y, no bromeo... escribo escuchando Utopía de Alanis Morissette.

 

 

31/05/2009 23:18 Autor: pau. #. Hay 4 comentarios.

LA CREACIÓN DE UNA EMPRESA (Y final)

 

    Pero bien... Mi intención es hablar de otra cosa, la empresa.

    Un año antes de montarla entré a trabajar a media jornada como cronometrador en la fábrica de camisas más importante del país. Quería aprender cuanto pudiera para instalarla lo mejor posible. Y lo hice a través de una vieja amiga, hija de su propietario.

    Durante un año aprendí los secretos de la producción y también los de la explotación laboral. Seiscientas mujeres trabajando sin parar. Tenían un sorprendente sistema: pagaban el mínimo y el resto dependía de su productividad individual. El truco consistía en disponer de más trabajadores que máquinas y puestos. Las mujeres, casi todas muy jóvenes, al levantarse para ir al servicio perdían su lugar de producción. Las últimas en entrar por un minuto o segundos eran las que debían esperar en la cola; así todas llegaban antes de la hora fijada y con la vejiga vacía. No desayunaban y el horario era intensivo excepto si había necesidad de horas extras, las cuales estaban muy solicitadas; y "el cuervo rojo", enlace sindical de la CCOO, escogía las que producían más y se quejaban menos.

    Allí conocí el valor de las polivalentes, las mujeres que servían para cualquier trabajo y máquina. Y al montar la empresa no me costó convencer algunas, las que creí mejores, de trabajar en ella.

 

 

    Poco a poco la rapidez, el servicio y la calidad que ofrecíamos nos hicieron crecer mucho. Lo que había sido una pequeña empresa con siete trabajadores, incluidos los dos socios, un aprendiz y una planchadora, pasó a ser en poco más de un año una de cien. Tuvimos que trasladarnos del entresuelo, que mi amiga H nos prestó, a una pequeña nave y dos talleres contiguos.

    Sueldos casi europeos, autogestión por grupos de trabajadoras coordinadas por un eje compuesto por las tres con las que comenzamos la aventura, que repartía el trabajo según la necesidad, maquinaria y especialidad; y todo administrado por un solo contable.

    Mi socio trabajaba en la producción y el patronaje, yo en el servicio técnico, la clientela y el diseño. Él permanentemente en el taller y yo en la calle excepto al mediodía. El organigrama productivo y los grupos de trabajo los creamos según una idea mía y entre los cinco: las tres chicas y nosotros dos.

    Maquinaria moderna, lo último en tecnología, escogida también por los cinco. Algunas máquinas se fabricaron con variaciones según planos confeccionados por mí y con la ayuda de una de las chicas. De las 08 a las 14, 35 horas semanales más las horas extras. Las comidas a cargo de la empresa con bonos en el restaurante, en las que participábamos tanto mi socio como yo. Los sueldos se revisaban cada seis meses con un porcentaje de crecimiento por encima del IPC, de manera que las huelgas del sector pasaban inadvertidas.

    El contable era un excomunista, y su compañera una de las trabajadoras.

    Y como siempre nada es perfecto.

    Fiestas, noches de locura, el codeo con gente despreciable que se consideraba amiga, mientras yo la intentaba circunscribir en el estricto trato comercial. Relaciones de sexo fácil y engañoso placer, de vacua conversación; Ibiza, Paris, Milán... cenas exquisitas, pasarelas, discotecas; y envidias, traiciones y droga, mucha droga, demasiada droga; tanta que, un día, al levantarme no me reconocí, no era el mismo, sólo podía contar con un borroso recuerdo. Había perdido el sentido de la realidad.

 

    1979. La empresa funciona como un reloj, todo el mundo trabaja, cobra y es feliz; la caja está llena y hay trabajo de sobra, mas la relación con mi socio empieza a enfriarse. Yo aparentemente desquiciado por la droga, él por el alcohol, del que ya comenzaba a sentir sus efectos. Y me fui, lo abandoné todo. Llamé al gestor, un buen amigo que vivió nuestro nacimiento, para que redactara los documentos de mi parcial renuncia. Lo cedí todo a las tres chicas y a mi socio a partes iguales, con la condición de que si volvía antes de seis meses me lo devolverían, y de un año si la mayoría lo aceptaba. Mi socio estuvo de acuerdo, las chicas también, el resto de los trabajadores tranquilos y el contable seguro.

    Había conocido a Lourdes y me fui a vivir con ella en el Cap de Creus, en una cabaña abandonada utilizada en su tiempo para guardar el apero de labranza.

    Vivíamos con lo puesto, cazábamos conejos y pájaros, recolectábamos huevos, raíces... vivíamos de lo que la naturaleza nos ofrecía y con el producto del trabajo que eventualmente encontrábamos. Y volví a ser el que fui y el que jamás debí dejar de ser.

    Allí pasamos los meses de verano. Pasado el verano nos trasladamos a Barcelona, a una chabola en medio del bosque detrás del monte Tibidabo. Y volví a trabajar de vendedor, de extra, de jardinero... lo que se terciara menos volver a mi antigua empresa o algo que se le asemejara.

    Antes de marchar cedí el barco, el sueño de mi vida, a mis viejos amigos para que lo disfrutaran.

    Me aislé de todo cuanto me había rodeado. Con Lourdes era feliz, a su lado recuperé algo que ya conocía: para vivir solo se necesita la libertad.

    En el Cap de Creus, echados uno al lado del otro, leíamos, conversábamos, reíamos... Y le enseñé a ser más libre si cabe, a no permitir que una relación le comprimiera, a abrir su mente, su sexualidad y su amor a todo lo que le provocara emoción, excitación, contraste positivo; a no reprimirse ante nada ni nadie y menos conmigo.

    Antes de Navidad me anunció su interés en ir a Lima. Quería recuperar un amor, el hombre que más había deseado y que le había emocionado. Estaba dispuesta a ir sola, pero deseaba mi compañía. No estaba segura de encontrarlo. Se carteaba con él y la esperaba, no obstante sabía lo arriesgado que era, también que no podía costearse por sí misma el viaje y una posible vuelta. Y aquel mismo invierno comenzó una de las aventuras más impactantes de nuestra vida. Era la manera más definitiva de desprenderme de mi historia, dejar de pensar en ella. El plazo máximo que me había impuesto terminaba aquel mismo Junio y el billete de vuelta era para mediados de Marzo. Si todo iba como esperaba, a mi retorno habría olvidado...

 

    A mi vuelta monté una pequeña empresa. Aunque hubiese tenido dinero y posibilidades, nunca más montaría otra tan grande. No es para lo que estaba preparado ni sentía necesidad de ello, más bien lo contrario. Una empresa pequeña, sin ansia de crecimiento, local a poder ser, controlable, tranquila; algo que en caso de crisis, caída de ventas o cualquier contratiempo parecido no me afectara. No sentirme responsable del bienestar de tantas familias.

    Éramos dos: una amiga que me ayudaba y yo, el resto trabajaba libre y para más clientela.

    Alquilé un precioso piso modernista y lo arreglé para hacerlo más cómodo y funcional, respetando y restaurando sus artesonados, cristaleras...

    Volví a fabricar, pero esta vez para comercializar mis propios diseños. Busqué clientela y abrí una pequeña red comercial con dos conocidos en que podía confiar, vendedores libres que trabajaban por su cuenta y desconectados de mi anterior empresa. No quería inmiscuirme ni que nadie lo hiciera conmigo. Y comencé a recibir las primeras y alarmantes noticias. Algunas trabajadoras se habían despedido hartas por lo que sucedía y del opresivo ambiente, y se habían independizado. Me ofrecían sus servicios. Al poco tiempo de estar en funcionamiento no pasaba semana sin recibir alguna nueva visita. Planchadoras, maquinistas, bordadoras, cortadores... Un goteo continuo.

    Nadie hablaba sobre qué pasaba, siempre tenían una buena excusa, hasta el día que tropecé con una de las primeras chavalas. Mi antiguo socio cada día se presentaba más tarde y bebido, estaba completamente alcoholizado; el contable se había erigido como líder, quiso llevar el engocio con autoridad y estricto control sin consultar a nadie, sin respetar el espíritu autogestionario de la empresa. Mientras, mi antiguo socio se aferraba a ella, no supo ni quiso ceder la responsabilidad.

    Un día recibí su llamada. Me pedía que volviera. Lo encontré deshecho, sin apenas clientela.

    De todos los trabajadores solo quedaban tres chicas, las primeras, y un aprendiz. Ellas por aferrarse a un sueño, él por falta de ambición. De los talleres solo quedaba uno, la nave que montamos con tanto esfuerzo y modernidad había sido abandonada; la maquinaria, de tan sucia y estropeada, parecía vieja. En cambio encontré los armarios de los trabajadores cerrados con candados y en la pared dos relojes para fichar, algo que despreciaba y me producía asco. La caja estaba vacía. Apenas había dinero para la siguiente semana y mi socio me enseñó unas cuentas miserables, casi de risa. Facturaba más mi pequeña empresa en una semana que aquella en un mes.

    - ¿No quieres volver?-

    No, no quería, pero el orgullo, la rabia y el amor propio me dominaron.

    Vendí el barco e invertí lo que me quedaba, mas no había nada que hacer. Todo había cambiado. Faltaba el espíritu, la ilusión, las ganas de luchar. Mi socio seguía bebiendo.

    Lo perdí todo y me fui, busqué trabajo en una empresa y volví a empezar sin nada de lo viejo, sin recuerdos e historia, sin lastre.

    En el fondo de mi corazón me alegré, estaba contento; me sentía un hombre nuevo, sin nada, ni tristeza. Y ya con Amara como compañera.

 

 

30/05/2009 01:46 Autor: pau. #. Hay 5 comentarios.

LA CREACIÓN DE UNA EMPRESA (Parte primera)

 

 

    No recuerdo el año, aunque pienso que fue por el 77 o el 78, cuando, junto a un tipo bastante profesional, monté lo que sería mi primera empresa tal como creo que debe ser.

 

    Al principio, y con mis viejos amigos, fabricaba artesanía, pequeñas piezas de adorno, brazaletes, collares, anillos... básicamente para mantenernos o cubrir nuestros gastos. Tenía dieciséis años y aún vivía con la familia, pero económicamente era absolutamente independiente. Montábamos paradas en las ferias, en las de belenes, donde también vendíamos piezas artesanales de barro cocido producidas por nosotros mismos y otros artesanos.

    A los dieciocho, la entrada en una comuna con grandes problemas económicos y un espíritu de solidaridad difícil de encontrar, hizo que creara una pequeña empresa dedicada a producir y vender objetos de barro cocido, multitud de adornos, brazaletes... Lo que no impidió que mantuviera nuestra pequeña y antigua sociedad hasta bastante después de conocer a Amara. Era un hobbie, un pasatiempo que nos costaba tiempo y dinero, pero que ni Mónica ni yo deseábamos perder. Demasiados recuerdos, pasiones, deseos y aventuras; demasiado amor.

    Lo que en principio debía servir para mantener la comuna, sus gastos y la manutención de todos los que allí vivían, pronto se convirtió en una empresa de la que entraban y salían de manera constante tanta gente como ideas.

    El mundo hippie, el creador y artista era así. Los contratos no existían, nadie fichaba. Hoy ibas a trabajar, mañana podías pintar, escribir o cuidar el jardín. Otro día conocías a un tipo que tenía dos, tres tiendas o una parada en varias ferias; lo comunicabas, cogías un muestrario y le vendías. Luego los responsables de la entrega hacían el resto.

    Mis mentores decían que era una locura, que aquella gente no era de confianza y desaparecería con el dinero, las piezas... pero salvo pequeño material sin importancia, nunca fue así.

    La gente respondía, había descubierto una pequeña estabilidad para mantener su frágil mundo de libertad y anarquía, y la defendía por encima de lo que fuera.

    Por vez primera en casa había alimento para todos, se pagaban las facturas con regularidad y pudo instalarse un teléfono; las estufas y el calentador tenían butano...

    La libertad era absoluta. Todos comíamos gracias al trabajo de todos. Y hubieron abusos, pequeños; sin importancia porque se atajaban al momento, de raíz, sin dudas. Era demasiado importante lo que había en juego, demasiadas bocas, los niños...

 

    Es la descripción de un mundo feliz y perfecto. Y no, no era así, pero tampoco peor que cualquier otro. Los celos estaban a la orden del día, y las tensiones que producían creaban una crispación difícil de controlar y en la que nadie pensaba entremeterse. Los márgenes eran elevados, pero también las pérdidas, la cantidad de material inservible por su mala calidad. Demasiadas manos, gente novata que cogía el cincel, el ácido; que hoy repujaba y mañana no. Y los enfados producidos por el producto estropeado.

 

 

 

    Combinabas esta vida con las demás, el trabajo que te daba de comer y con el que financiabas tu porción de la gran revuelta. El 2CV repleto de prendas confeccionadas por tu amiga H, que conociste al coincidir en un cliente.

    Ganabas mucho dinero y vivías a caballo entre Anna en su casa y María y Paz en la comuna.


    Por dos veces recibisteis la visita de la policía. Denuncias de los vecinos. Erais jóvenes y vuestra estética no entraba dentro de sus cánones. Provocabais su temor y admiración en sus hijos. Erais un peligro y se os debía reprimir, encauzar y, de ser necesario, propinar una buena paliza. ¿Para qué servían sino los temibles grises?

    Buscaban droga e información de la gente que allí vivía.

    El que los recibía les enseñaba toda la casa, la gente que estaba en aquel momento. Nunca olvidaba a nadie, era el trato. Si preguntaban quien faltaba se respondía con la verdad. Se les mostraban las habitaciones que hacían de taller donde siempre había alguien trabajando.

    Lo pasabais mal, sobre todo por vuestras compañeras: la marroquí y la andaluza; la primera por estar con su hijo e indocumentada, la segunda por lo mismo y ser menor escapada de su casa. Entonces desaparecían las rencillas, la competitividad y los celos, y salían la solidaridad, la sinceridad.

    -  Ustedes toman droga-

    - Aquí se intenta que no. El que fuma la lleva encima. No permitimos otra cosa-

    - Su consumo está prohibido-

    - Lo sé-

    Y te encogías de hombros

    - ¿Y esta señorita de dónde la han sacado?-

    - La llamamos Jésica, el real se le parece, ya lo ha comprobado en su pasaporte, pero es impronunciable -

    - ¿Qué hace aquí?-

    - La conocimos en la estación de Francia, no tenía donde ir. Nos contó que fue despreciada por su familia al ser madre soltera, producto de un mal encuentro según ella. Huyó de su país. Allí solo tenía una salida: la prostitución barata en una gran ciudad-

    Y no ven droga, tampoco tienen interés en registrar toda la gran casa y su jardín, ni complicarse la vida con una marroquí que no lo parece, pero sí que la historia sea real. Han revisado el resto de las documentaciones, y excepto la menor y su hijo, no encuentran nada extraño.

    - ¿Ya saben que esta chica es menor?-

    - Y huída de su casa. Querían enviarla a Londres, ya sabe, y se negó. Parece ser que su familia es un infierno...-

    No tienen constancia de denuncia y lo sabes, tampoco interés en hacer un drama de algo sin importancia. No es su cometido ni los pagan para eso.

    No hay panfletos ni nada sospechoso, aunque ahora intuyes que de haberlos mirarían para otro lado.

    Y turbados por lo que perciben hacen la vista gorda, prefieren desaparecer con su peculiar y estudiada forma.

    - Tengan cuidado. Miren que no tengamos que volver...-

    Y te comentan, como de pasada, con la boca demasiado pequeña, que por la mierda que cobran tienen que aguantar y hacer perrerías. Y respondes que todo es lo mismo, abarcando con tu mirada y gesto el taller, los niños, las dos chavalas... Y sabes que tanto puede ser un exabrupto sincero como una trampa provocada, y no estás para aventuras, no aquí. Ya has tomado nota mental de quienes son y como se nombran entre ellos, que no deberían, así como de sus facciones, su graduación y la comisaría en la que están inscritos. Y entregarás la información a quien corresponda con la impresión recibida. Serán otros, mucho más especializados y expertos, de su mismo cuerpo, quienes sabrán que hacer con ella. Y descubres que también eres un profesional.


    Aquello terminó. No era tu mundo y lo dejaste sin abandonarlo. Un mundo en plena disolución, en el que cada uno abría su pequeño y propio mundo, otra manera de vivir y ganarse el sustento. El que encuentra trabajo en el impresor, en el nuevo hotel de la costa; el que monta su propio negocio de artesanía con otro compañero, el que termina la carrera, el que une su vida con Jésica, la que consigue unirla con aquel simpático tipo que tanto jugaba con su hijo, y Paz, tu amiga y amante, que por fin ha entrado en una buena compañía de teatro.

 

 

 

    María se va, ha aprobado el curso y tanto ella como tú habéis cumplido vuestro cometido. La revuelta está en marcha, en Septiembre todo empezará a ser distinto, en Noviembre los que pretendían manejarla sufrirán vuestra presencia, en Enero Mónica entrará en vuestro mundo y aquel mismo frío invierno y en Febrero, se asombrará de vuestro poder. Y es que los perros correrán sin saber dónde, cómo y contra quien, porque por vez primera lo harán en una vergonzosa y costosa huída.

    Antes de entrar en el ejército te introdujiste en el taller de un buen tornero, y durante un año aprendiste sus secretos trabajando a media jornada. Por las tardes seguías con tu trabajo. No quedaban horas para nada, ni siquiera para perfeccionar el francés o leer, que tanto te gustaba.

    Al salir volviste a vender, pero tus mentores exigían más dedicación. Y te infiltraste en el mundo de vuestro enemigo para aprender de él, conocerlo, utilizarlo, manipularlo, deshacerlo si fuera preciso.

 

________________________________________________

 

 

    Barcelona es una fiesta que abarca todo el área metropolitana. Se dice que hay más de un millón de personas en la calle.

    Ayer dos o trescientos alborotadores rompieron la convivencia. Y hoy pienso que quizá fuera el ensayo de algo más grande. Dudo que sean seguidores.

    Me gustaría saber quién está detrás, por quién son dirigidos consciente o inconscientemente. Lo que está claro es que detuvieron a muchos, más de cien, y los ficharán; será como una marca para saber a quién deberán buscar más adelante.

    No fueron lo suficiente discretos, no trabajaron en pequeños grupos ni de forma inteligente. Los pudieron aislar con relativa facilidad a costa de muchos de los perros infiltrados malheridos.

    Y nunca mejor dicho... fue una batalla entre perros que comprobaban su arsenal: los unos su capacidad de revuelta violenta, los otros nuevos métodos de represión.

 

 

 

28/05/2009 22:17 Autor: pau. #. No hay comentarios. Comentar.

LOS GENIOS NUNCA MUEREN

 

    Domingo noche...

    Por vez primera he sentido el terror a la muerte.

    Despierto después de haber sufrido una serie de extraños sueños, de los que solo recuerdo el último y el final del anterior. La familia, lo que ya no queda de ella, tan grande e imponente.

    El que me conoce sabe de mi estatura, metro ochenta. No está mal, soy alto para mi edad. Ahora todos son altos como yo o algo más, antes no era así. Lo curioso es que soy el más bajo de mi familia, el resto sobrepasa el metro noventa; mi padre, mis tíos, los primos de mi padre... algunos con más de dos metros. Es impresionante, era, más bien, porque apenas quedan testigos. Un tipo como yo está acostumbrado a mirar de frente, quizá un poco para abajo; pero en las reuniones familiares la cosa cambiaba radicalmente y permanentemente debía mirar para arriba.

    Sueño con la familia; imágenes, situaciones complejas, comprometidas...

    Serán los corticoides, esa medicación que hincha y desequilibra, pero que desinflama los haces de nervios y que tan bien me ha ido. Doce dosis inyectables. Ahora toca hacer dieta y serenarse.

    Despierto pensando en lo único inevitable y seguro que existe en la vida; y siento un vacío terrible, espantoso, una revuelta interior, inútil, como una descarga de adrenalina. Es la primera vez y lo controlo. El cerebro vuelve a funcionar, entra en el mundo de la reflexión y la lógica. El terror dura poco, segundos quizás, los suficientes para que ahora esté disgustado conmigo mismo.

 

 

 

    Benedetti ha muerto, ochenta y ocho años, estaba muy enfermo...

    No nos gusta, no aceptamos que un genio pueda morir, pero la realidad demuestra que no hay sitio para todos, ni siquiera para los genios. La muerte es parte de la vida y el día que el hombre crea haberla dominado dejará de ser. Y es que sin la una no puede existir la otra.

    Benedetti ha muerto y es una mierda, sí, tal como exclama Meryone; pero solo por nuestra reacción, la revuelta interior que demanda la inmortalidad de la belleza.

    Pero no, Benedetti no ha muerto. Su legado es tan intenso que nunca morirá.

    ¿Han muerto Garcilaso, Sócrates, Dalí?

    No. Es evidente que no.

 

 

 

    Y una vez más intento superarme, crear la mejor colección, la más grande y de mejor desarrollo, la más inteligente. Y no dudo que vaya a conseguirlo. Es fácil, lo más sencillo... tal vez sea la edad, la experiencia o la ansiedad de mantenerme despierto. Tampoco es tan difícil. Dispongo del tiempo y de la tecnología ¿Qué más necesito? No hacerlo sería un insulto a la inteligencia, demostrarme a mí mismo que ya no sirvo o que estoy en decadencia. Y, sin embargo, ya no siento el mismo interés; solo pienso en retirarme, dejar la moda y dibujar, escribir... y volver a la lucha y el compromiso.

 

 

 

    Vicki lloró al saber que no podría asistir a la gran fiesta, y fue de pena e impotencia por no poder estar junto a su amiga-hermana. Mónica tampoco estuvo, quizá por algo menos trascendental, y no se lamentó; aceptó su falta de entereza y de interés en luchar contra José. Vicki no fue porque no pudo, de hacerlo se hubiese enfrentado a mucha gente. Es demasiado vehemente y sincera. Mónica es más fuerte, tranquila y sabe valorar la situación con más templanza.

    Templanza... solemos confundir frialdad con templanza. A Mónica le sobra lo segundo y no conoce lo primero. Y es que ardo con solo pensar en ella, y si me acerco me convierto en una tea.

    Mónica es puro fuego, abrasa... pero no deja dolorosas quemaduras ni señal de ellas; en cambio Vicki quema y sus marcas quedan para toda la vida. Lo sabe y ama demasiado a su amiga.

    Me tranquiliza saber que Amara conoce a sus amigas-hermanas, que sabe hasta donde son capaces de llegar por ella.

 

 

 

    Hubo un tiempo en que creímos luchar por un mundo mejor, hoy nos sabemos engañados, traicionados...

    Nadie puede imaginarse la rabia e impotencia que devienen cuando el hombre descubre que sacrificó tanto por una mentira. Sería capaz de destruir sin cansarse.

 

    El mundo es como el matrimonio, que en caso de desavenencia y divorcio ninguno de los dos lleva la razón, por mucho que el juez diga lo contrario o la fortuna de uno de ellos marque la diferencia.

    Cuando hablamos de la maldad del mundo solemos recordar el horror nazi y todo lo que se asemeja a él. Así hemos descubierto el horror sionista que hoy dirige el Estado hebreo, sus asesinatos, persecuciones y crueldad; y también la invasión japonesa de Manchuria y sus grandes matanzas. Sin embargo olvidamos la crueldad de los vencedores, que por serlo sobre unos regímenes dictatoriales e invasores, las obviamos o excusamos. Los inútiles bombardeos de las ciudades alemanas, el de Dresde con bombas incendiarias por el capricho de ingleses y norteamericanos, solo por eso, y que nadie sabe cuánta muerte produjo; o el de las ciudades japonesas -Tokio perdió la mitad de su población- en que en pocos días los norteamericanos quemaron vivas a más de un millón de personas con bombas incendiarias, y no mataron a más porque les faltó tiempo; el día no tenía suficientes horas ni ellos suficientes aviones y bombas.

    Hiroshima fue sacrificada para eliminar de un golpe la cantidad más elevada de gente posible y terminar así la guerra, pero Nagasaki sólo lo fue para demostrar al aliado ruso que tenían más bombas en el almacén. No la tiraron en el norte donde no había gente, tampoco en uno de los muchos islotes frente a la costa. Tenían que fingir y no se les ocurrió otra cosa que matar a todos los habitantes de una ciudad. El avión se desvió y por ello solo murieron ciento cuarenta mil de sus doscientos cincuenta mil habitantes.

    Después vinieron Corea, Vietnam, Congo, Nicaragua, Irán, Angola, Chile, Grecia... allí por donde han pasado por activa o pasiva han dejado un reguero de dictaduras o directamente muerte, todo por una geoestrategia fuera de contexto y razón en un planeta tan pequeño.

    No nos engañemos, no existe ningún adalid de la libertad y la democracia; y la potencia predominante siempre es su verdugo.

 

 

 

    ¿Qué hace el poder controlarnos?

    Utiliza la rentabilidad.

    La injusticia nos subleva, pero hasta cierto punto.

    El poder completo, aquel que consigue el éxito, es el que mejor consigue controlar la opinión de su clientela, la encauza y sabe disipar su rechazo y rebeldía en pequeños brotes, que por separado apenas tienen valor, pero juntos ocasionarían una revolución.

    El ciudadano se sabe manipulado, agredido, incluso estafado; pero nunca lo suficiente para arriesgarse y perder algo que está convencido que ha ganado. Cree que la libertad, el mejor reparto de la riqueza, la seguridad... han sido producto de una dura lucha y que gracias a ella el objetivo ha sido cumplido...

    Un engaño, y el mejor es con el que se consigue explotar más a su ciudadanía sin necesidad de falsear la realidad.

    Hoy vemos, por ejemplo, a la ciudadanía del Reino Unido convencida de ser el ejemplo de la libertad y la democracia, ser una de las más empobrecidas y explotadas, con la libertad más menguada, los derechos sociales más rebajados, los sindicatos más alineados...

 

    Las leyes están diseñadas para el poder, cubrirlo en caso de apuro o beneficiarlo si hay duda.

    Los dirigentes gozan de inmunidad, los parlamentarios también, pero solo de ser importantes o que no hayan actuado exclusivamente en beneficio propio, en caso contrario serán desposeídos de ella para dar ejemplo.

    El sistema siempre mantiene la prerrogativa que le permite guardar las espaldas de sus mejores servidores. La Ley no es independiente, por tanto nunca perseguirá a sus dirigentes y acosará o separará de sus funciones a cualquier funcionario que ose investigarlos.

    En España se vio con Felipe, con Alfonso Guerra... también en Montejurra y en Vitoria; se ha visto en Levante con la corrupción y la pérdida de libertad... la matanza de Atocha...

 

    La ley está diseñada para que la banca, el bastión económico del sistema, siempre cobre, haya o no beneficios, y solo pague cuando esos existen. Sus juicios son rápidos y siempre la benefician con copiosos intereses. Sus documentos, recibos sin firma, contratos... bastan sin necesidad de ser comprobados. Los jueces nunca dudan de su palabra, incluso con intereses de usura por medio; en cambio, sí cuando es el ciudadano quien pleita contra ella.

    Las leyes que inciden sobre la economía son diseñadas para beneficio de las grandes corporaciones. Las ayudas para el empleo, la investigación o el desarrollo están proyectadas consciente o inconscientemente para su beneficio o su mejor aprovechamiento. Los planes industriales y financieros, los de infraestructuras, las recalificaciones del territorio... siempre procuran su beneficio en contra del ciudadano de a pie: pequeño propietario, empresario o asalariado.

 

    El territorio es recalificado para conseguir una plusvalía. El valor del suelo sube e incide directamente en el precio de la vivienda, en el de la gran superficie o grupo de servicios. La gran corporación utiliza su parte de plusvalía para generar un aumento de su activo y conseguir crédito para construir las instalación. El resto de dicha plusvalía, la parte más pequeña, se la queda el propietario expropiado, y una parte de esta el Estado en forma de impuestos.

    El Estado construye las infraestructuras, ofrece ayudas para el empleo y financia las comunicaciones y los servicios. Es el pequeño propietario el que termina pagando la instalación con la parte de la plusvalía que le ha sido arrebatada, y el contribuyente el que financia su puesta en marcha. Después, esos mismos contribuyentes, pequeños empresarios o trabajadores, verán menguar sus negocios por la competencia de la corporación, sus salarios y la calidad de sus contratos.

    Fábricas de automoción, de electrodomésticos, grandes laboratorios, empresas de telefonía... El sistema es el mismo: se instalan gracias al contribuyente que después explota y al que reduce sus libertades y calidad de vida; y amordaza al apoderarse de sus agentes sociales, policiales, judiciales...

 

 

 

    Y hoy S me pide que adapte algún diseño de la próxima temporada para la actual, que le saque las mangas o se las corte. Y no es tan fácil, la corrección debe ser mayor si se quiere hacer bien.

    En el fondo la idea me satisface. Es una forma de saber si los modelos serán exitosos. Y es que, aun adelantándolos, pienso seguir manteniéndolos para el invierno.

 

 

 

    Me pregunta un amigo francés que, cómo es posible que en un país como España, tan antiguo y bien estructurado geográficamente, existan tantas nacionalidades y que muchos ciudadanos se sientan tan poco españoles. Y como respuesta le pregunto si el ejército de su país bombardeaba periódicamente en el siglo IXX a Lyón, por poner un ejemplo.

    ¡AH! Con eso no contaba. Para un francés algo así es impensable, atenta contra la idea misma de nación o patria. Eso sólo se pudo ver en los estados europeos de reciente fundación: Alemania, Italia... y sólo durante su construcción.

    Y le digo que España es punto aparte, ya que siempre está de reconstrucción.

    Y es que los españoles somos unos perfeccionistas y nunca estamos conformes con lo que tenemos. Pariódicamente nos sentimos en la necesidad de desmontar el tinglado para analizarlo y volverlo a montar, no fuera que en su interior hubiera algo que desentonara. El problema es que somos tan chapuzas que con el trasiego siempre olvidamos alguna pieza, un tornillo mal apretado o una herramienta dentro. Y... hala, a desmontar y montar otra vez.

 

 

22/05/2009 01:42 Autor: pau. #. Hay 2 comentarios.

TE DOLERÁ EL ALMA

 

    Disiento, luego existo...

 

    ... Has odiado, qué duda cabe, a gente de tu entorno, con la que habías hecho unas risas, que se jactaban de haber visto como torturaban, que se reían de la desgracia de los tuyos...

    Era parte del trato.

    Y aun recuerdas las inútiles recomendaciones...


    Te dolerá el alma. Deberías sentir odio, tan atroz como irrefrenable... y no debe ser así. La rabia trasluce y descubre los sentimientos. Sólo debes demostrar tu pena, el dolor que invade tu corazón. Deben saber de tu debilidad, nunca de tu fortaleza.

    Serás de ellos, como ellos... pero no tan fuerte, duro... Sentirás dolor cuando hablen de sus métodos, se vanaglorien de sus proezas. Y se reirán... te miraran y se reirán...

    Eres un débil, te dirán- Y seguirán burlándose... ¿Seguro que no eres un poco rojillo?- Te preguntarán con sorna para pincharte, para provocarte... Te vistes como ellos. A ver si serás de esas mosquitas muertas que luego se destapan- Y te reirás forzado, pero también te soliviantarás y mostrarás disgusto... Visto como me da la gana y si no os gusta mirad para otro lado- Y volverán a reírse, pero esta vez avergonzados.


    Te debe importar poco que hagan torturar, matar... que se mofen de ello...

    Lo habrá merecido, ha caído y sufre las consecuencias. No haberse metido en líos. No lo conozco. Es estúpido...

    Debes convencerte, ser pusilánime, tanto para ellos como para ti.

    Eres un bobo, joven, inofensivo; útil porque eres amigo de muchos; el que oye y calla, que escucha y entiende, que ampara y consuela, que comprende... El que termina sabiendo de todos sin que nadie lo tenga en cuenta, hasta el secreto más íntimo de cada uno, que ni su hermano conoce. Eres el confidente de sus mujeres, que las acompaña, que las ayuda y que en alguna ocasión deja que seduzcan; que te presentan a sus amigas, las chicas buenas que creen que mereces...


    El odio debe quedar entre las sábanas, en la soledad de tu cama, en tus pensamientos antes de caer rendido por el sueño.

    Debes olvidarnos. No existimos, no nos conoces. Somos diablos, el infierno, el comunismo, el anarquismo asesino, el desorden, los que queremos lo tuyo, robarte el producto de tu trabajo, de tu esfuerzo... Somos los soviéticos, Hungría, Cuba, el terror, el maoísmo, el estalinismo que avanza... Somos lo peor que hay en este mundo, los que queremos destruir las conquistas de un régimen paradisíaco, libre y bondadoso; de la patria de todos...

     Olvídanos. Allí debes odiar, sí, pero lo que representamos, por lo que luchamos... Y aquí olvídate de ellos, porque, aunque los odies por su crueldad, por lo que hacen a los que luchan, nunca les echarás la mano; para ti serán intocables mientras sea necesario. Son tu herramienta, la mejor fuente de información que disponemos, y que llega hasta el mismo corazón del sistema.


   Has odiado pese haber intentado no hacerlo. Era la parte del trato que no pudiste cumplir.

    Poco a poco desapareciste, abandonaste tu cometido, no pudiste seguir. Y tanto unos como otros comprendieron.

    Sí, para unos eras demasiado pusilánime; no pudiste soportar y te alejaste de ellos. Para los otros, los tuyos, ya habías cumplido, llegado más allá de lo soportable, y seguir hubiera sido un suicidio.

 

 

 

 

 

    El intento de cura a través del centro de desintoxicación ha sido un fracaso. Amara ha estado a punto de perder la vida con ello. Una fuerte subida de presión a causa de la medicación, junto con un bajísimo coeficiente de coagulación sanguínea, la pusieron en un estado de riesgo inminente.

    Solo duró dos días con seguimiento externo. Sin embargo, hemos podido reducir aun más el número de dosis y abandonar definitivamente la dependencia.

    Amara mantiene la droga en su poder, la coge y me la da para que se la inyecte. Ella misma se la prescribe, calcula el horario y lo mantiene bajo un estricto control. Ahora solo cabe esperar que sus amigos consigan encontrar el medicamento adecuado.

    Una batalla increíble que no deseo a nadie, pero ganada pese a todo y contra el vaticinio de nuestros hijos.

    Por una vez se consideraron más preparados, experimentados en el tema...

    -Papa. No sabes lo que es eso. Necesitáis ayuda externa. No puedes hacerlo tu solo... Hay que ingresarla-

    Han visto mucho, pero vivido poco.

    ¿Quién les explica la terrible experiencia con Albert, mi amigo-hermano?

    Todo lo conocen de oídas, de la amiga de un amigo, del hermano de una amiga... de su experiencia y las charlas sobre el tema.

    Durante mucho tiempo abandoné mi casa, mis amigos, la comuna... y me fui a vivir con él y con su compañera. Salía del trabajo y la ayudaba. Ella lo había abandonado todo.

    Ataques de rabia, de inusitada violencia y de un hombre fortísimo.

    No podía abandonarlos. La chica se comportó heroicamente. En cuanto hubo sanado lo dejó, se fue lejos, allí donde ni él ni yo pudiéramos encontrarla. No hubiese hecho falta. La entendí y le hubiera ayudado, aunque a veces pienso que temió que nos enamorásemos. Y me gustaba mucho, la quería y admiraba. Una mujer preciosa y muy valiente.

    Lo de Amara no tiene ni punto de comparación, no ha sido lo mismo. La droga es parte de la terapia y por ahora no puede abandonarla. Por un lado ha sido más costoso, pero por otro siempre ha sido consciente que debía luchar contra ella y que pasara lo que pasara estaría a su lado.

 

 

 

 

 

    Estamos viviendo la crisis más grande de la historia moderna, mayor incluso que la del 29, aunque no afectará tanto la calidad de vida de la ciudadanía.

    Pasaremos por cortos periodos de estabilidad que solo servirán para que unos políticos y unos economistas, que han confundido la aritmética con la milagrería se engañen a sí mismos.

    La solución no vendrá a través de una política concreta, no hay en el mundo nadie preparado, en todo caso lo único que pueden hacer los políticos es agravar la situación con golpes de ciego o estrategias mal coordinadas. Solo el trabajo, el ahorro, la inventiva de la libre empresa, podrán generar soluciones y esperanza. Los estados solo pueden facilitar el camino, ayudar a que pueda conseguirse más rápido.

    Se buscarán nuevos métodos, tecnologías, materias... y la libertad de comunicación hará el resto.

    Ya nada será igual. Después de esta crisis los estados deberían tomar medidas y crear organismos supranacionales que poco o mucho deberían servir para regular la economía, que en parte ya existen pero no sirven de nada por ser mecanismos de unos pocos.

    Para evitar situaciones similares se deberá legislar y crear nuevos delitos, igual como encontrar mecanismos para evitar los movimientos especulativos.

    La actual crisis es producto de la estupidez de los políticos y de los flagrantes errores de un conjunto de economistas que creyeron que se puede consumir sin producir, y que se puede gastar sin tener con que pagar.

    Para que eso no vuelva a suceder sería conveniente profesionalizar la política y crear un gobierno judicial paralelo que investigue, persiga y exija responsabilidad civil a los políticos por los perjuicios ocasionados ante un supuesto mal gobierno.

 

    Y hoy una vez más te preguntas como pudisteis llegar tan lejos, quiénes fuisteis para creeros hombres tan completos, poderosos, suficientes...

 

 

16/05/2009 23:07 Autor: pau. #. Hay 6 comentarios.

PORQUE

 

    Un día no muy lejano, ya con años en la mochila y mucha vida guardada a buen recaudo, descubrí que había vivido aventuras difíciles, más de creer que de explicar, y que las contaba con la misma tranquilidad con que las había vivido.

    He sido un aventurero inconsciente de ello, porque mi vida, la más normal y corriente, la cotidiana, ya fue una aventura; y el hombre, si se habitúa, no se extraña.

    Trabajar en lo que sientes, buscar comida para lo que amas, sobrevivir, luchar por una creencia con toda la vehemencia necesaria, con la suficiente fuerza, puede llegar a ser una gran aventura y producir desasosiego y satisfacción; peligro, riesgo, pasión... y seguridad en lo que se cree e inseguridad en el porvenir y la vida.

    Hoy, a años luz de mil aventuras, sigo igual, lanzándome en tromba y convirtiendo lo más simple y, en apariencia apacible, en salvaje, brutal y en un desafío.

 

    Con el tiempo, la persona llega a un punto de cansancio, a creer que ya no debe luchar hasta el final, a que ya es tiempo de descanso; y entonces muere, en vida, pero muere.

    La persona debe crear y luchar hasta el final, a mil, y, de ser necesario, debe dejar todo a un lado, abandonar sus conquistas, las metas que tanto soñó y tan costosamente consiguió, para tomar un nuevo reto, el desafío de una nueva meta, y ser capaz de salir derrotada sin perder la sonrisa por haber sido capaz de haberlo intentado.

 

    Empecé a escribir por un sinfín de razones. Porque la persona que nunca ha escrito, para lanzarse a tal empresa, necesita muchas, una sola no bastaría, aunque insignificantes, sin apenas importancia; que no lo eran y la tenían.

 

    Una persona nunca se casa o divorcia por un amor, por muy intenso que sea, o un desamor, por muy grande que fuera, sino por muchos pequeños amores, que crean uno de solo, y la buena convivencia; o mil incidentes que le degradan y destruyen.

    A aquella amistad que se divorció, bien le avisé que es más lesivo para el buen amor olvidarse constantemente de cerrar la tapa del inodoro, que un desliz de sexo.

 

    Escribí como desahogo de la enfermedad de Amara, para darme fuerza y valor, para encontrar un lugar de recogimiento íntimo. Escribí porque caí en la tentación de relatar mis experiencias, anécdotas, vivencias como ejemplos al comentar en mil blogs. Escribí para defender a Mónica, la mujer más valiente, noble y sincera que haya conocido, la que sin condiciones puso su vida en mis manos, la que miraba lo inminente de frente y sin pestañear aun temiendo por su futuro. La defendí de la traición y el rencor, de la envidia y el odio, porque era mía, uno de los míos, y por ellos soy capaz de matar y morir.

 

 

    Hoy escribo esta carta a un amigo que no sabe de mi blog, pero sí que escribo sobre mi vida, amores y aventuras.

 

 

09/05/2009 02:12 Autor: pau. #. Hay 7 comentarios.

VEINTISEIS (LA MUJER ABSOLUTA)

 

    La mejoría de Amara es patente, lenta y costosa, pero imparable.

    Cualquier retroceso lo utilizo como lanzadera a una nueva conquista. Las derrotas las convierto en victorias a través de la palabra y el disgusto.

    Nunca me enfado ni denoto irritación, solo simulo estar dolido conmigo mismo.

    - Es una derrota- le digo. Y ella se siente culpable, pasa un mal día y, con cuidado, la controlo y calmo.

    - No eres tú, es tu enfermedad y mi dejadez. Estoy cansado Amara-

    Y cede, soporta con estoicidad un nuevo control o extremar la vigilancia del que ha fallado.

    ¿Fallado?

    Nunca. Son fugas esperadas o provocadas por mí para conseguir el objetivo marcado.

 

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    -Me acaban de llamar de la tele. Requieren tu presencia-

    Eso dice, con deje de sorna, mi socio.

    - No puedo. Ves tu. Suficientes problemas tengo como para perder el tiempo-

    - No puede ser. Es un coloquio sobre diseño, y ya sabes... yo ni flores del asunto-

    Y me río... -No jodas... Ya les has dicho que puedo estropearles el programa?-

    - Si y no. Les he dicho que eras un tipo algo peculiar y monoliguista-

    - ¡AH! Eso me tranquiliza. Celebrarán que no me inmiscuya-

    - Ya. Bueno... Yo te lo he dicho. He cumplido-

    Y cada uno sigue con lo suyo.

 

    Hace ya mucho que me obligaron a subir en una pasarela pasado el desfile. Allí, aguantando los aplausos, mientras una de las chicas, muy simpática por cierto, me pellizcaba por detrás para cachondearse.

    - ¿Qué querías. He hecho algo mal?-

    - No... ¡qué va! Pasa que bromeaba. Siempre lo hacemos a los novatos que nos caen bien. Así creen que deben decir unas palabras-

    Y, claro, había caído en la trampa; aunque nunca sabré si se maldijeron mil veces por haberlo provocado.

    Dos gin-tónics dan euforia al más pintado y si encima lo aplauden, aún más.

 

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    Acabo de leer una de las mejores novelas de mi vida... "La parcela de Dios" de Cadwell. Han pasado setenta y siete años de su publicación y sigue tan actual como el primer día.

    Es una pequeña obra de arte, la novela que probablemente todos llevemos dentro, que se escribe con el alma, las vísceras y la cabeza a un mismo tiempo.

 

 

    Con solo las noticias se podría abrir un nuevo tema cada día.

    Italia es un gallinero gobernado por un payaso al que nombran "Cavallieri" Pero Italia siempre ha sido así, un gallinero gobernado por payasos y golfos sin sentido del ridículo ni respeto por la democracia.

 

 

    Sigo pensando en la novela...

    ¿Qué son, después de todo, setenta y siete años?

    Una minucia para la civilización, algo inapreciable y que no se debe tener en cuenta.

    Los hombres de hace ocho decenios no son distintos a los de ahora, ni su manera de ser ni de pensar.

    Un nuevo Hitler es posible, igual que otro payaso con saludo fascista a modo de ritual y gobernante indiscutible por la gracia de Dios. Porque en el fondo, qué es el Papa sino eso.

    ¿Se imaginan el mundo dentro de cuatro años, después de una crisis asesina?

    Pues piénsenlo e imaginen que Obama nos saca de ella, del desmoronamiento económico. Ya sé que parece imposible, y que, en todo caso, no sería él sino un conjunto y un cambio de política hoy difícil de ver; pero imagínenselo...

    Mañana Obama podría arrastrar la multitud que quisiera, la más armada y organizada del planeta. Nadie habría dispuesto tanto poder en tan poco tiempo, cientos, miles de millones de seres de todo el planeta lo seguirían hasta el final.

    Y me dirán que soy exagerado, que para llegar a eso las cosas deberían ir peor. Y les respondo que esperen cuatro o cinco años, solo eso. El tiempo justo para que la inyección de liquidez haya surtido efecto y se haya disipado en un mar de inflación, para que tener un billete de cien dólares no sirva ni para una comida.

 

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    Somos iguales, quizá por eso somos amigos-hermanos y chocamos tanto. Amamos con la misma fuerza, el mismo ardor, la misma pasión; él con desespero, como si le fuera la vida en ello; yo con meticulosa tranquilidad. Él se lanza desbocado y yo sin vacilar.

    Mónica es como Amara, dos mujeres sin prejuicios, que aman de la misma manera como son amadas por los dos hombres por igual. Ellas disfrutan, viven sin freno, sin dudas, sin recelos, sin pensar en el porvenir...

    - Si hay problemas ya los solucionaremos. La amistad lo puede todo y donde no llegue lo hará el amor- Eso dice Amara cuando siente algún reparo externo.

    Hoy, con todos los integrantes de aquel magnífico grupo de amigos separados y enemistados, solo ella mantiene la amistad. No hay semana que uno de ellos le llame y quiera, a través de ella, saber de los demás.

 

 

    Joan es el más lanzado y desinhibido, el que se aviene más a tu compañera; y con ella sabe utilizar su inteligencia y personalidad en vuestro provecho.

    Tu eres el más creador, el que a partir de una pequeña historia montas algo grande y divertido, nunca experimentado, y arrastras a los demás a una vorágine de disfrute y exotismo sin límite.

 

 

    Hoy soñabas con ella, y al despertar aún persistían algunas imágenes en tu cerebro. Y no te ha sido difícil percatarte que no era tal sueño sino recuerdos entremezclados...

    Mónica sonríe satisfecha, está entre sus dos mejores amigos o con los que se siente más identificada y cómoda. Estáis desnudos y respira agitada después de la sesión de cosquillas que, acompañado por las risas de Amara, le has inflingido. Y recuerdas ver vestirse a tu compañera...

    - Voy a buscar desayuno, tardaré un rato-

    Y sabes que desea vuestra felicidad y placer. Hace tiempo que no estáis juntos y solos, lo contrario que ella, que disfruta de tu constante compañía y de la fogosidad de José casi todos los mediodías que libra.

    En el sueño aparece él, ya mucho después, en la cama con ella. No sabes si es la tarde o justo la hora de comer. Ahora dirías que lo último.

    Recuerdas llevar una pastilla y un vaso de agua a ella, supones que la que precisa para calcificar sus huesos, sentarte a un lado de la cama y hablar mientras oís el trasiego de Amara por la casa.

    - ¿Qué habéis estado haciendo?- Pregunta tranquilo.

    - Hemos reído, jugado... y nos hemos partido la caja haciéndonos cosquillas con Amara sobre la cama-

    Y ves la expresión de su mirada. No pregunta, tampoco responderías. Él nunca te cuenta lo que hace en soledad con tu compañera, sus aventuras, los detalles, las fantasías... sin embargo, tú sí lo haces a menudo; lo pregunta y sabes que le excita.

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