

Han comenzado las fiestas de L'Hospitalet. Ayer asistí al cambio de alcalde, ahora tenemos alcaldesa, evidentemente, y, para no ser menos, hija de inmigrantes.
Una alcaldesa que, todo hace presagiar, será tan buena como el anterior alcalde, antiguo compañero de copas de Amara, hija, claro está, de inmigrantes.
Nit de foc i dracs... en eso se ha convertido mi calle, en fuego, demonios, tambores, dragones y arte. No hay santones disfrazados con sotanas, querubines y mojigatas con mantilla, solo gente que baila disfrazada de demonio, con fuego sobre su cabeza y bajo sus pies, al compás del redoble de tambores y flautas, acompañada por dragones que escupen fuego de sus bocas. ¿Qué más quiero? Es belleza, lo puedo asegurar, tanto para la vista como para el oído; belleza y algarabía, baile medieval, pagano y de rito solar.
Nit de foc i dracs. Noche de fuego y dragones. El catalán es casi tan rico como el francés, pero mucho más seco y adusto. Sus palabras y expresiones son más cortas que las del resto de las lenguas romances. Una frase castellana siempre es más larga que su traducción catalana.
El viernes tuve poco trabajo, mis representantes apenas venden y cobran aun menos. La crisis arrecia y será profunda, demasiado, mucho más de lo que el ministro confiesa.
Los bancos andan cortos de capital, las empresas venden menos y algunas cierran, el Estado ingresará menos dinero y la seguridad social devolverá parte de lo que alegremente a ingresado. La vulnerabilidad de la economía familiar ya se nota, pero el desastre llegará a partir del próximo año, cuando multitud de trabajadores busquen una solución a los subsidios agotados; entonces saldrá el ministro de turno diciendo que la crisis no existe, que es antipatriota estar sin trabajo, pasar penalidades por la carestía de los alimentos. No explicará que ha dedicado el ahorro del Estado en financiar a bancos y cajas el aplazamiento de las hipotecas, tampoco en repartir los 400€.
Han elegido bien. El nuevo ministro será el que devuelva los inmigrantes a su tierra, es el más capaz y preparado. No tiene estudios, pero da igual; para dirigir, organizar y administrar no son necesarios; lo ha demostrado con creces en mi ciudad. No he conocido alcalde más capaz y eficiente que Corbacho, y, encima, es honesto; ni mucho ni poco, eso no tiene grados.
Desde 1974 hasta finales de la década los países ricos de Europa se dedicaron a devolver todos los inmigrantes que pudieron. España recibió casi un millón, lo que engrosó las listas de un paro ya de por sí muy abultado. Abril Martorell, uno de los mejores ministros de hacienda que ha tenido este puto país, toreó con bancos y grandes empresas hasta el punto que Ramón Areces salió de su despacho gritando. Ahora le toca el turno a España, y, el marrón, aparte del nuevo ministro de trabajo, se lo van a llevar los magrebís, y no por serlo sino porque son los que se han dedicado a la construcción. España pagará para que se vayan, y ellos volverán a su tierra con nuevas ideas, costumbres y ambiciones. Revolucionarán su mundo como hicieron los que volvieron aquí, invertirán con las indemnizaciones, gastarán su dinero creando riqueza; y si su gobierno es inteligente, cosa harto dudosa, su país cambiará y podrá subirse al tren europeo aunque sea en la cola.
No hay mal que por bien no venga. Eso dicen aunque yo no lo crea. Mejor que a un bien le siga otro y otro sin parar, y dejemos los males para los tontos.
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El viernes tuve poco trabajo y me dediqué a limpiar viejos cajones y hacer inventario de mis antigüedades. Las guardo y muestro en la entrada como algo importante. Y es que lo antiguo da prestigio y solera, confianza al visitante y orgullo al que lo posee. Y por aquellas cosas encuentro una ruedecilla dentada con puntas tan finas como alfileres. No recordaba haberla conservado, pensaba que la había perdido; la que utilicé hace mil años para aprender el arte del patronaje está expuesta en la gran mesa de cristal, regalada por Joan, acompañada por lanzaderas y planchas. Acaricio sus puntas y no solo la piel se me estremece sino también la memoria.
Y recuerdo a Lourdes...
Les gusta volver de Cadaqués al atardecer por pequeñas carreteras comarcales buscando nuevos lugares para hacer un alto y comer. Ven una gran rueda de carro abandonada al borde de un terreno baldío. Ella lo obliga a parar...
- Es lo que siempre he soñado- La levanta y con cuidado acuesta su espalda sobre la suela de acero. –Imagínate que estoy atada, desnuda y me azotan y violan-
Lo imagina y la idea no le seduce. Ella sabe que no es su estilo, pero también que él se excita con el disfrute de la hembra, con los quejidos y suspiros que anteceden al orgasmo, con los suaves alaridos de dolor que emite cuando enloquece de gusto al ser torturada.
-Lo haces tan bien...- le dice a menudo -Ni poco ni mucho, lo justo y con morbosidad- Y él se la queda mirando, satisfecho, embobado y perplejo.
Lleva siempre la vaca en el maletero. Un 127 con una rueda de carro por sombrero es algo que asombra, en caso de que los pare la guardia civil de tráfico no sabe que excusa puede darles, tampoco va a servirle si no es para hacer unas risas; y lo que es seguro es que alguno van a encontrar.
Ha sido imposible atar la rueda verticalmente, sería más alta que el coche y su bamboleo haría imposible la conducción; y plana ocupa el lugar de dos coches como el suyo. Ha optado por poner un cajón encontrado en el mismo lugar a un lado de la vaca, la rueda descansa fuertemente atada al otro sobresaliendo por el lateral, y su eje se apoya oblicuamente sobre el canto del cajón. Una obra de ingeniería que no sabe como se le ha ocurrido, pero eficaz y segura. Media rueda y el cajón forman un triángulo, el resto vuela. Pasan por poblaciones y la gente se los queda mirando, los señalan y ríe divertida. Para a menudo y repasa los pulpos y correas, nunca se sabe, igual los dedos que los señalan tienen más trasfondo de alarma que de burla.
Aquella misma noche, ella, nerviosa y excitada, le obliga a instalarla. La ata fuertemente, irritado y con rabia; su atlético cuerpo se arquea, gime de gozo; ata sus pies y manos en los radios de la rueda, forzando su torax y realzando aún más el espectacular cuerpo. Y recuerda lo que compró para estudiar unos patrones: la rueda de afilados dientes. La deja burlándose de ella, de su desesperación y va a buscar la herramienta al coche. Y acaricia su piel con ella, haciendo rodar los afilados dientes sobre las piernas, el pubis, el vientre, los pechos, las axilas... cada vez con más presión. Y ella chilla, ruge, respira agitadamente, convulsiona con inusitada violencia... Y se deshace... Y la toma con agresividad y fiereza hasta que la siente extenuada e hipersensibilizada, en la frontera del placer y la revulsión.
Autor: pau
Fecha: 22/04/2008 09:55.
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Autor: Coblenza
Fecha: 22/04/2008 17:18.
Autor: pau
Fecha: 22/04/2008 21:24.
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Autor: giovanni
Fecha: 23/04/2008 15:35.
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Autor: yolijolie
Fecha: 23/04/2008 19:04.
Autor: pau
Fecha: 23/04/2008 22:11.