

La primera semana no adelgacé nada, el cinturón seguía prieto en el mismo eslabón y parecía que no había nada que hacer, que mi metabolismo estaba enquilosado. Amara, sabiamente y con la frialdad profesional que le caracteriza, me dijo que era la edad, que los años también pesaban y mi organismo respondía tarde y mal. No sé si fue su dictamen o la casualidad, pero al día siguiente, solo levantarme, había perdido cuatrocientos gramos. Han pasado cinco semanas de cuando comencé y ya llevo cuatro kilos. No está mal, me digo, para un hombre hipotecado por la edad. Mi intención era conseguir perder medio kilo por semana al principio para ir disminuyendo paulatinamente esta cantidad. Es lo que suele suceder, al principio bajas rápido pero luego tienes menos por perder y lo que hay está más enquistado.
Cuatro kilos y sigo imparable. Lo noto en mi cuerpo: ando más ligero, respiro mejor, duermo de un tirón y me canso menos.
Tampoco estaba tan gordo, no sé que me dio, pero mira... no está nada mal.
¡Ah! Sí, ya recuerdo... el camino de Santiago. Pensé que con la tripa que llevaba no podría hacerlo.
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En el amor, como en casi todo, hay quien parece tenga mucho que ganar y poco que perder, y también quien todo lo contrario, todo depende del bagaje del enamorado. Y digo parece porque no lo es.
Soy un hombre afortunado. Tengo mucho que ganar y nada que perder, en cambio mi bagaje es abundante.
En el amor, como en casi todo, la realidad es que siempre hay mucho que ganar y una sola cosa que perder: la duda.
La primera vez fue hace mil años, y el amor hizo que siguiera a Ángela al fin del mundo, hasta Cachemira; la segunda fue con Mónica, y por vez primera una mujer me hizo sentir hombre en todo. Lo mismo que sentí aquella tarde con Amara...
- Pau, la primera vez, durante aquella cena, pensé que estaba frente un estúpido prepotente; llevabas una máscara de dureza y frialdad que asustaba. Después me llamaste... Y me pregunté: ¿qué quiere este hombre de mí? No me gusta ni siento nada por él. Pero como no tenía nada que hacer ni perder acepté la invitación. Y en el café de la Opera te abriste, tu voz temblaba y me contaste tu vida, te sentí fuerte pero vulnerable, humano... y me enamoré-
Recuerdo aquella preciosa tarde cuando le conté una parte de mi historia, suculentamente endulzada y convenientemente aguada para hacerla más digerible. Y recuerdo su mirada de asombro e incredulidad ante aquel hombre que desnudaba sus sentimientos, que se deshacía de su escudo sin pudor, que se mostraba tal cual, con sus debilidades y sus fortalezas.
El amor no tiene reglas ni fronteras, se describe con el sentimiento; y cuando éste utiliza palabras, pueden ser bellas o feas, dulces o ásperas... da lo mismo.
El amor no entiende de convenciones, no puede ceñirse a protocolos ni correctores; tampoco entiende de estilos de escritura porque ésta no es suficiente para describirlo, sólo puede intentarlo con más o menos fortuna. No existen palabras que describan lo que el hombre siente cuando sueña que está con su amada.
Yo tampoco deseo lo convencional, lo cómodo, lo suave y lo bonito por encima de lo verdadero; pero no debemos olvidar que, a veces, pocas... lo verdadero puede coincidir con lo convencional, lo cómodo, lo suave...
Mas enséñame un camino largo, rocoso y empinado en el que pueda caer y matarme; que seguro será el que tome antes que el corto y fácil.
Autor: Luna
Fecha: 24/04/2008 09:30.
Autor: pau
Fecha: 24/04/2008 09:40.
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Autor: carlos martinez
Fecha: 25/04/2008 00:47.
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Autor: giovanni
Fecha: 25/04/2008 11:19.
Autor: Luna
Fecha: 25/04/2008 12:06.
Autor: pau
Fecha: 25/04/2008 14:31.
Autor: Trini
Fecha: 26/04/2008 12:36.
Autor: pau
Fecha: 27/04/2008 00:53.