
Es vergonzoso que Israel utilice el día de su aniversario para homenajear a las víctimas del holocausto. Todos los países del mundo padecieron sus particulares holocaustos y no por ello los celebran. Pero lo que sorprende es el cinismo de una sociedad que no tiene escrúpulos en asesinar, perseguir y torturar mientras llora a los que sufrieron la misma suerte hace más de medio siglo. Como también es vergonzoso que otra sociedad tenga la desfachatez de perseguir a los culpables serbios del genocidio en los Balcanes, mientras ve con buenos ojos que se cometa la misma barbarie en Palestina.
Leo que la Universidad Pompeu Fabra prohíbe la presencia de los miembros de la corona española en sus instalaciones. Parece ser que los usuarios de dicha Universidad privada, clasista y financiada en parte por la Generalitat, y que presume de ser democrática, se sienten legitimados para decidir la ideología y estirpe de sus posibles visitantes o estudiantes. Menos mal que en España existe algo parecido a una ley que hace que todos seamos iguales y tengamos los mismos derechos.
Esos mismos estudiantes se tiran de los cabellos cuando se enteran que en una discoteca se prohíbe la entrada a un inmigrante o a un negro. Eso sí, ellos entran en unas en las que por su precio no les está permitida la entrada a cierta clase social, como tampoco si el visitante calza zapatillas.
Leo el blog de Hannah, en él se habla de las rejas y la libertad...
A veces pienso en mis amigos de juventud, el grupo que de muy pequeños nos conocimos en verano, como crecimos y nos formamos. Unos se alistaron en la sociedad del momento, la aceptaron y medraron en ella; otros también lo hicieron, pero sin parar de quejarse, renegar y pregonar que el país era una mierda fascista; y unos pocos se alistaron en la revuelta... Recuerdo que uno de ellos cantaba, actuaba en teatro y se hizo famoso; otro se fue a Madrid y, mucho después, me enteré que había sido preso y torturado por el régimen; no dije nada de él, conocía muy bien a su compañera, había sido del grupito de amigas de nuestra adolescencia, cuando un chaval deja de serlo. José se alistó en el socialismo y luchó contra la dictadura, pero sin sacrificar nada de su cómodo mundo, navegando entre dos aguas; y yo me desvié radicalmente de todos ellos.
Nuestro famoso amigo, el mayor de todos nosotros, murió en un accidente de moto. Su hermana Rita trabajaba de solista en un célebre conjunto musical y nos hicimos muy amigos. La vida y la casualidad se hicieron cómplices. En el grupo, aparte de tocar un gran amigo de mi infancia escolar; había un gran hombre, August, que mucho después se convertiría en compañero de Rita, sólido y fuerte como pocos, al que, con la ayuda de mis compañeros, convencí que se nos uniera en la gran revuelta. A este nuevo amigo, mayor que yo, lo había conocido en el ejército; y su equilibrio, estudios e inteligencia y su gran nobleza nos decidieron a confiar en él; y también por un sentimiento común: ser libres.
Una curiosa unión de extrañas y coincidentes circunstancias hicieron que todo se entremezclase. La gran disciplina que manteníamos nos ayudó a mantener las distancias y evitar el peligro. Con los años August ganó éxito y fama en su profesión, la misma de José departiendo a menudo con él. Aún hoy mantenemos el secreto, como si de un gran juego se tratase.
Mónica, August y yo por un lado; Rita, José, mi amigo trompetista, el ejército, el secretismo de nuestra peculiar lucha y... me olvidaba, el siempre omnipresente Albert, conocido del grupo musical y, casualmente y sin enterarse, catalizador de nuestra complicidad (todo se fraguó en una reunión de amigos en su casa).
Y recuerdo aquella cena en casa de Tomás donde nos reunimos, hablando con August y Mónica...
- Hay algo que me sorprende y preocupa. Entonces, aun viviendo en una dictadura fascista, me sentía más libre. ¿Será la edad?-
Y después de unos segundos en silencio, él reconoce lo mismo, como también que no cree que sea la edad...
- Debíamos ser más libres, el sentido no suele engañar, pero no se me ocurre una buena explicación-
- Es la lucha lo que nos hace sentir libres. Luchad por algo... por la libertad de otros... entonces volveréis a sentiros libres-
Ella lo sabe bien, todavía pelea dentro de sus posibilidades. Hace poco, en este blog escribí sobre el piso que mis amigas Mónica y Anna habían montado, mantenían y vigilaban para mujeres maltratadas y amenazadas. El pasado domingo me contó que la Generalitat se había hecho cargo de ellas y que habían dejado el piso, pero eso no significa que haya abandonado la lucha, en este momento su ambición vuela mucho más lejos y alto.
![]()
Autor: fiorella
Fecha: 05/05/2008 12:27.