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Amara aprovecha el tiempo que estamos solos, que paseamos por senderos de montaña; igual que hace años, cuando costeábamos por el Cap de Creus, para repasar su vida, sus aventuras y experiencias. Y hace las paces consigo misma, con su pasado; y analiza y desmenuza cualquier pequeña anécdota.
La observo, con asombro, saltar las olas del Cantábrico; parece no cansarse. La vigilo preocupado, cargado de todos los trastos: gafas, cartera, camiseta, cámara... Temo que bajo el influjo de su excitación y de su gran vitalidad, aparte de la botella del Rueda Verdejo que se ha bebido en el chiringuito, olvide que eso no es la Mediterránea.
Su médico y amigo le inyectó un cóctel de calmantes, vitaminas y vete a saber qué más para soportar estos quince días. En Septiembre, me temo, lo pagará, lo pagaremos... o no, con Amara nunca se sabe; aunque esta vez pienso que está mucho más controlada.
La veo con noventa kilos, eso dice, aunque creo que olvida el pico, y con una vitalidad que perturba más que asombra.
No hay día que no andemos entre diez y doce kilómetros sin apenas queja ni descanso, y hoy lleva más de una hora en el agua atlántica, que no por ser verano deja de ser fría.
Parece una chiquilla, y eso hace que recuerde hace diez años, cuando apenas llegaba a los sesenta kilos... La misma vitalidad, el doble de fortaleza y el cuerpo y fisonomía de una chavala; extrovertida, simpática e inteligente. Cualquier excusa es buena para entablar conversación y relación hasta el extremo de conseguir que su interlocutor olvide que la conoce de hace solo un momento. Hombres o mujeres, da lo mismo su condición. Posee una facilidad innata para detectar el sano, inteligente, con fuerte personalidad...
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Cabrales, un pueblo turístico de montaña cercano al Naranjo de Bulnes.
Una pareja de madrileños, podría ser de cualquier parte, la estupidez no tiene fronteras ni idioma, hablan con la regenta de la casa rural. Están algo molestos...
- Hemos dormido bien, pero encontramos eso un poco aislado-
- Pues estamos rodeados de casas-
- Sí, pero está lejos de Oviedo, de Gijón... no hay ningún "Corte Inglés" cerca- (textual)
Estoy al lado, desayunando... La regenta me mira, no sabe que cara poner, que decir... Hago como que miro las noticias por la tele, que está justo a un lado, no fuera que vean mi cara, que se note lo que pienso, mi sonrisa de burla...
- Podrían haberse informado, la página web explica muy claro donde se encuentra Cabrales. Tienen cinco días contratados...-
- Pues vaya contratiempo nos plantea (textual). Y ahora qué hacemos, no tenemos hotel en Oviedo-
Me vuelvo, no puedo aguantar la risa, esos tipos sobrepasan lo imaginable.
- ¿Así que, en pleno mes de Agosto, quieren irse de una casa rural en el centro de los Picos de Europa, porque no hay un Corte Inglés cerca?-
Y lo digo con la mejor y más irónica de las sonrisas. En otro momento saltarían, pero mi barba blanca, la cara de burla y la mirada fija los debe haber frenado o avergonzado.
Escribo en el porche de la casa, bajo un nido de golondrinas, a dos metros y medio del suelo y con cuatro crías. Los padres están sobre sendos clavos que sobresalen de dos vigas de madera, uno a cada lado, vigilantes... Antes volaban a la lejanía para alimentarlos, y hasta hace unos minutos solo se lanzaban si veían una mosca volar a contraluz de la bombilla que me ilumina, entre los cinco escasos metros que los separan del nido. Ahora, ya de noche, ninguna mosca se aventura. De vez en cuando levanto los ojos y los miro. Limpian sus plumas de parásitos, uno de ellos ha sacudido un ala y de ella se ha desprendido algo parecido a un mosquito.
La noche es oscura, llovizna...
Amara, sentada frente a mí, se ríe del asunto de la pareja de madrileños. A nosotros nos ha ido bien, pues nos quedaremos un día más y la regenta está encantada. Y mira embelesada la pareja de golondrinas, se maravilla de su instinto protector.
- Hazles una foto-
- No quiero asustarlas con el flash-
Y le señalo los huevos rotos que hay justo bajo el nido...
- ¡Qué pena! Los han perdido- dice
- Eran de otra pareja a la que le han robado la casa- respondo.
La naturaleza es así, tan encantadora y bella, como cruel y horrenda. Hay que conocerla, ser consciente que somos partícipes de ella, de no ser así sería imposible nuestra supervivencia.
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Y recuerdas...
¿Pero, por qué siempre debes recordar aquellas terribles historias?
Sobreviviste porque te habías adaptado mejor que la mayoría a la naturaleza, a sus cambios y a los de la vida.
La selva es una explosión de colores. Las flores compiten entre si para atraer a los insectos, a los colibríes. Las mariposas se reclaman a través de vivos colores y copulan en pleno día, aun a riesgo de ser devoradas por sus depredadores; las cotorras, los papagayos, los guacamayos se visten de distintos colores para reconocerse...
La selva es el lugar donde más difícil es la supervivencia, pero donde más fácil es reproducirse. El hombre también tiene sus selvas, para sobrevivir en ellas debe pasar desapercibido y para reproducirse todo lo contrario. Para sobrevivir a su selva el hombre debe ser como ella, adaptarse a sus repentinos y traumáticos cambios, a la crueldad que significa, que para que unos crezcan otros deben menguar.
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A veces te preguntas, qué hacías en aquellos mundos que no eran tuyos.
No fuiste turista, que es algo para lo que no estás preparado; pero tampoco te conformaste en ser viajero y tuviste que inmiscuirte en un mundo que no era el tuyo; aún hoy lo haces, incluso sin moverte de tu tierra.
Y a veces te preguntas qué cambios produjo tu presencia, cuántos hombres estarían vivos y cuántos muertos, hasta qué punto llegó tu influencia y con qué derecho la impusiste...
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Y hoy no te extrañas del inmenso atractivo que irradiaba, del por qué tantos hombres y mujeres cayeron bajo su embrujo.
Y recuerdas aquella hembra infinita, bellísima...
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Y me explica, mientras nos refrescamos en el agua del río Cares, sus historias de amor y de desamor. Las aventuras que disfrutó en compañía de Mónica en Menorca, durante los quince días de vacaciones que no coincidimos, al año siguiente de conocernos. Historias que ninguna de las dos me habían contado...
Salieron de Barcelona en barco con el viejo "Mini" de Mónica. Y me río al recordar la anécdota: la vida de aquel precioso coche terminó a los dos días, ya que su motor se paró definitivamente. Alquilaron, después de ser convencidas por un simpático y joven mecánico al que Mónica cautivó, de la inutilidad de la reparación, dos bicicletas para ir de cala en cala. En la isla las esperaba un médico amigo de mi compañera, con el que había tenido una relación antes de conocerme.
- Lo abandonamos a los dos días, Pau; duró lo mismo que el "Mini". Un mal rollo, no supo estar en su sitio-
Y es que el tipo, después de haberse divertido con las dos, consideró que tenía derechos de posesión sobre ella. Parece ser que a su vuelta no cejaba de pedirle perdón, avergonzado por su estupidez o vete a saber si con la pretensión de volver a disfrutarla.
Alquilaron, después, un pequeño apartamento en Cala en Porter...
- No pasamos ni una noche solas, Pau. Cada día, fuera en aquella cala, en otra, por la noche, mientras íbamos en bici... ligábamos con alguno-
Y me cuenta cuando conocieron a tres alemanes y un danés. Hombres maduros, grandes y fuertes, tal como a ella le gustan. Pasaron tres días con ellos. Habían alquilado un apartamento en su misma cala y parecía que estaban de escapada de sus familias. Los conocieron en uno de los restaurantes del pequeño paseo. Mónica no quería, eran demasiado maduros para su gusto; pero se acercaron... No entendían otro idioma que el inglés o el suyo, ellas ninguno de los dos.
- Tres días sin apenas salir de su apartamento. Eran fantásticos... su máximo disfrute era vernos enloquecer, retorcernos y provocarnos placer; entonces se excitaban mucho. Eran muy delicados, respetuosos...-
A los tres días se fueron. Supusieron, porque entenderse era difícil, que sus familias les esperaban. Con el danés, que estaba en tratos para montar una pequeña empresa, para alemanes y gente de su país, y debía quedarse hasta pasado el verano, continuaron una relación de amistad sin compromiso, de alguna esporádica comida cuando coincidían en la cala, que aún hoy se mantiene cuando visitamos la isla.
Más adelante entablaron relación con tres hombres y una chica de su misma edad. Coincidieron desayunando en un bar de Ferrerías. Y fue la chica, una tía muy simpática y desinhibida, que se acercó con la excusa que no había sitio en las mesas de la terraza. Hacía pareja con uno de ellos, los otros dos hacía tiempo que se habían fijado en ellas, estaban locos por enrollarse, pero siempre las veían acompañadas, demasiado acompañadas... Dormían en el camping de la isla, ellos en una tienda y la pareja en otra. Aquel día lo pasaron juntos, ellas los llevaron a preciosas calas donde se podía hacer nudismo. Ya no se movieron del camping lo que quedó de las vacaciones.
- Fueron los mejores días, los más divertidos- me cuenta.
Los volvieron locos... no les dieron oportunidad de entablar suficiente relación personal, de esta manera nadie puede intimar en exceso, enamorarse... Los compartían desordenadamente, con una liberalidad que los excitó y divirtió tanto como los desconcertó.
La última noche, la chavala, que ya había entablado una relación de amistad y compañerismo con ellas, preguntó a Amara si le gustaba su compañero; le propuso pasar la noche con los dos. Era algo que él deseaba profundamente, una fantasía que ella estaba dispuesta a satisfacer. Lo habían hablado, los dos sentían una fuerte atracción por ella, su sensualidad embriagaba a su compañero y a ella no le molestaba el contacto...
Amara me cuenta que fue una noche preciosa, que el sexo se entremezclaba con el amor de una manera tan plena que olvidó con quien estaba.
Y me cuenta alguna de sus historias difíciles, aquellas que algunas veces siento que recuerda y no comparte.
Hoy, sentados bajo un viejo castaño, me ha contado una historia tan triste como cruel; la de un viejo amante que conoció antes de vivir conmigo, su forzada desaparición por un desastre familiar y también el de su reencuentro. El conflicto sentimental que padeció durante un tiempo al ser consciente que debía olvidarlo, que su amistad no era compatible con la vida que compartía conmigo.
Y recuerdo a Konsta cuando sufrió el mismo conflicto y tuvo que escoger entre la libertad y la posesión.
A Konsta le era insoportable no sentirse ligada a una relación, que nadie le pidiera explicaciones sobre su vida y costumbres, que las discutiera, que negociara un equilibrio y unas normas de convivencia.
Amara me pregunta, se pregunta una vez más, cuál es la diferencia, lo que la decidió a quedarse. Y yo, por fin conociendo el por qué de su eterna pregunta, respondo con las mismas palabras de siempre.
- Para mi la libertad y el amor son innegociables, y sin uno no puede existir el otro; y tu piensas igual. No es algo que hayas aprendido con el tiempo, ni siquiera a partir de haberme conocido sino que lo llevas dentro de tu mente y de tus sentidos-
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Las pequeñeces son las que forman una vida, por eso son tan importantes para entender una historia; sin ellas las grandes acciones no existirían, pues son producto de ellas.
La mejoría de Amara es patente, lenta y costosa, pero imparable.
Cualquier retroceso lo utilizo como lanzadera a una nueva conquista. Las derrotas las convierto en victorias a través de la palabra y el disgusto.
Nunca me enfado ni denoto irritación, solo simulo estar dolido conmigo mismo.
- Es una derrota- le digo. Y ella se siente culpable, pasa un mal día y, con cuidado, la controlo y calmo.
- No eres tú, es tu enfermedad y mi dejadez. Estoy cansado Amara-
Y cede, soporta con estoicidad un nuevo control o extremar la vigilancia del que ha fallado.
¿Fallado?
Nunca. Son fugas esperadas o provocadas por mí para conseguir el objetivo marcado.
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-Me acaban de llamar de la tele. Requieren tu presencia-
Eso dice, con deje de sorna, mi socio.
- No puedo. Ves tu. Suficientes problemas tengo como para perder el tiempo-
- No puede ser. Es un coloquio sobre diseño, y ya sabes... yo ni flores del asunto-
Y me río... -No jodas... Ya les has dicho que puedo estropearles el programa?-
- Si y no. Les he dicho que eras un tipo algo peculiar y monoliguista-
- ¡AH! Eso me tranquiliza. Celebrarán que no me inmiscuya-
- Ya. Bueno... Yo te lo he dicho. He cumplido-
Y cada uno sigue con lo suyo.
Hace ya mucho que me obligaron a subir en una pasarela pasado el desfile. Allí, aguantando los aplausos, mientras una de las chicas, muy simpática por cierto, me pellizcaba por detrás para cachondearse.
- ¿Qué querías. He hecho algo mal?-
- No... ¡qué va! Pasa que bromeaba. Siempre lo hacemos a los novatos que nos caen bien. Así creen que deben decir unas palabras-
Y, claro, había caído en la trampa; aunque nunca sabré si se maldijeron mil veces por haberlo provocado.
Dos gin-tónics dan euforia al más pintado y si encima lo aplauden, aún más.
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Acabo de leer una de las mejores novelas de mi vida... "La parcela de Dios" de Cadwell. Han pasado setenta y siete años de su publicación y sigue tan actual como el primer día.
Es una pequeña obra de arte, la novela que probablemente todos llevemos dentro, que se escribe con el alma, las vísceras y la cabeza a un mismo tiempo.
Con solo las noticias se podría abrir un nuevo tema cada día.
Italia es un gallinero gobernado por un payaso al que nombran "Cavallieri" Pero Italia siempre ha sido así, un gallinero gobernado por payasos y golfos sin sentido del ridículo ni respeto por la democracia.
Sigo pensando en la novela...
¿Qué son, después de todo, setenta y siete años?
Una minucia para la civilización, algo inapreciable y que no se debe tener en cuenta.
Los hombres de hace ocho decenios no son distintos a los de ahora, ni su manera de ser ni de pensar.
Un nuevo Hitler es posible, igual que otro payaso con saludo fascista a modo de ritual y gobernante indiscutible por la gracia de Dios. Porque en el fondo, qué es el Papa sino eso.
¿Se imaginan el mundo dentro de cuatro años, después de una crisis asesina?
Pues piénsenlo e imaginen que Obama nos saca de ella, del desmoronamiento económico. Ya sé que parece imposible, y que, en todo caso, no sería él sino un conjunto y un cambio de política hoy difícil de ver; pero imagínenselo...
Mañana Obama podría arrastrar la multitud que quisiera, la más armada y organizada del planeta. Nadie habría dispuesto tanto poder en tan poco tiempo, cientos, miles de millones de seres de todo el planeta lo seguirían hasta el final.
Y me dirán que soy exagerado, que para llegar a eso las cosas deberían ir peor. Y les respondo que esperen cuatro o cinco años, solo eso. El tiempo justo para que la inyección de liquidez haya surtido efecto y se haya disipado en un mar de inflación, para que tener un billete de cien dólares no sirva ni para una comida.
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Somos iguales, quizá por eso somos amigos-hermanos y chocamos tanto. Amamos con la misma fuerza, el mismo ardor, la misma pasión; él con desespero, como si le fuera la vida en ello; yo con meticulosa tranquilidad. Él se lanza desbocado y yo sin vacilar.
Mónica es como Amara, dos mujeres sin prejuicios, que aman de la misma manera como son amadas por los dos hombres por igual. Ellas disfrutan, viven sin freno, sin dudas, sin recelos, sin pensar en el porvenir...
- Si hay problemas ya los solucionaremos. La amistad lo puede todo y donde no llegue lo hará el amor- Eso dice Amara cuando siente algún reparo externo.
Hoy, con todos los integrantes de aquel magnífico grupo de amigos separados y enemistados, solo ella mantiene la amistad. No hay semana que uno de ellos le llame y quiera, a través de ella, saber de los demás.
Joan es el más lanzado y desinhibido, el que se aviene más a tu compañera; y con ella sabe utilizar su inteligencia y personalidad en vuestro provecho.
Tu eres el más creador, el que a partir de una pequeña historia montas algo grande y divertido, nunca experimentado, y arrastras a los demás a una vorágine de disfrute y exotismo sin límite.
Hoy soñabas con ella, y al despertar aún persistían algunas imágenes en tu cerebro. Y no te ha sido difícil percatarte que no era tal sueño sino recuerdos entremezclados...
Mónica sonríe satisfecha, está entre sus dos mejores amigos o con los que se siente más identificada y cómoda. Estáis desnudos y respira agitada después de la sesión de cosquillas que, acompañado por las risas de Amara, le has inflingido. Y recuerdas ver vestirse a tu compañera...
- Voy a buscar desayuno, tardaré un rato-
Y sabes que desea vuestra felicidad y placer. Hace tiempo que no estáis juntos y solos, lo contrario que ella, que disfruta de tu constante compañía y de la fogosidad de José casi todos los mediodías que libra.
En el sueño aparece él, ya mucho después, en la cama con ella. No sabes si es la tarde o justo la hora de comer. Ahora dirías que lo último.
Recuerdas llevar una pastilla y un vaso de agua a ella, supones que la que precisa para calcificar sus huesos, sentarte a un lado de la cama y hablar mientras oís el trasiego de Amara por la casa.
- ¿Qué habéis estado haciendo?- Pregunta tranquilo.
- Hemos reído, jugado... y nos hemos partido la caja haciéndonos cosquillas con Amara sobre la cama-
Y ves la expresión de su mirada. No pregunta, tampoco responderías. Él nunca te cuenta lo que hace en soledad con tu compañera, sus aventuras, los detalles, las fantasías... sin embargo, tú sí lo haces a menudo; lo pregunta y sabes que le excita.
El sueño se emborrona con las horas, no así el recuerdo, que ahora es vívido.
Recuerdas reírte con ella, mirarlo y reír.
Y la agarras por la cara, acaricias su nariz, le remueves el largo y enjoyado cabello. Y coge con sus manos una de las tuyas y se introduce uno de tus dedos en su boca...
lo chupa mirándote a los ojos, invitadora, retadora... y le subes la cara y la besas; y la arrastras fuera de su cama ayudándote de tu otra mano que tira de uno de sus pezones...
Lo miras... Hablas con poder, seguridad, dureza...
- Me la llevo. No puedo más. Me la voy a follar como la primera vez, la dejaré hecha añicos, reventada... algo que dudo. A esta tía no la revientan ni tres tíos seguidos, de eso puedes estar seguro, doy fe de ello-
Lo sigues mirando. El golpe recibido es muy fuerte. Parece ido, excitado... Se templa, sonríe ya más tranquilo. Sabes que estallará con Amara, que mañana ella tendrá el cuerpo cubierto de moratones y marcas de suaves mordiscos. La pasión de tu amigo-hermano es irrefrenable, inmediata; pero la satisfacción de la hembra con su cuerpo castigado, machacado, de haber sido poseída hasta tal punto y con tanta fuerza, supera lo imaginable.
Joan es frío y duro, cede poco y exige mucho, lo que considera que le pertenece, su disfrute; y lo toma como mejor sabe: tratando que la hembra se deshaga de placer. La usa a su antojo, y consigue de ella y sin aparente dificultad lo que otros persiguen con ahínco. Tu amigo es el más atractivo y el que con especial sexto sentido, mejor sabe tratarlas.
A Joan, igual que a ti, le encanta la belleza de la hembra satisfecha y rendida, aquella que surge después de mucho placer. Os atrae su imagen usada pero victoriosa y suficiente, las marcas, el tizne que ha dejado el sexo en su cuerpo; y la cachondez de su mirada, conocedora de lo que le espera de caer en vuestras manos, lo atractiva e irresistible que es en aquel momento.
Y jugáis con ella y dejáis que lo haga con vosotros, y os abandonáis a su poder para recuperarlo y trocear lo que queda entero de su afrodisíaco cuerpo y reconstruir el resto, y, así, poder deshacerlo a vuestro gusto, destrozarla, agotarla y rendirla con vuestros caprichos. Y en caso de no estar presente su amigo-amante, hacer que Vicki participe en el festín de magnífica hembra para saciar vuestro morboso voyerismo.
Y juegas con su cuerpo mientras escuchas el sonido de la puerta, el del espía encendido.
No esperas llegar a tu dormitorio. El comedor y su mesa, el sofá o hasta el mismo suelo. Eres fuego y exiges la inmediatez, ella es incendio y demanda su urgente extinción. Y la violentas, simulas fuerza cuando tus manos, boca, brazos, son suave algodón; y tus dedos parecen garfios que atenazan la tierna carne, cuando sus yemas son las que rozan con sensibilidad la delicada piel, que sienten el estremecimiento de la frágil hembra.
Amara, atraída por el sonido del amor, deja su quehacer y se acerca a disfrutar del precioso espectáculo. La ves sonreír y mirar, mientras tu amante se retuerce con sus ojos cerrados, la entreabierta puerta, acercarse a ella por instinto, por el jadeo, el sonido que emite la fuerte respiración de su amigo-amante.
Miras el mar y piensas en lo frío que debe estar, deberías bañarte... El sol aún no está cerca de su cenit, el día es precioso y con José has preparado un buen desayuno.
Veis como sale de la cabina, espléndida... os sonríe satisfecha, plena de vida y orgullo. Se acerca a la borda y antes de saltar vuelve la cabeza y agita la mano; a oído, probablemente, el ruido que hace el francés al subir por la escalerilla. Se zambulle sin importarle la frialdad del agua. El francés ha podido, por última vez, ver la espléndida hembra pletórica de fuerza; su desnudo y magnífico cuerpo, su simpatía y coqueteo al despedirse, su mirada...
Y veis como se os despide, levanta el ancla. Y percibes su mirada de sana envidia. Le habrá contado quienes sois y lo que representáis para ella, hablado de Mónica, de Joan y Vicki...
Y respondéis al saludo mientras, una vez más, miras el lugar donde tu compañera emerge risueña con el cabello para atrás. Se ha sumergido repetidamente para vosotros, para que en su cuerpo no queden restos de la noche de sexo. Sabe que a ti no te importa, pero que a José le repugna, y os va a exigir todo lo que como machos podáis entregarle.
La esperáis con una toalla y os reís por la comicidad de su aterida cara, sus exclamaciones y su buen humor mientras sube por la escala.
El francés, ya navegando con el motor, lanza su última mirada, la del recuerdo, que debe ayudar a que todo lo vivido quede impreso en su memoria; el sueño de cualquier hombre, que, aun improbable, se ha demostrado posible.
El tren nos deja a pocos metros de la clínica de desintoxicación, y antes de entrar debo recordarle que allí y a partir de ahora será conocida por otro nombre.
No sé que voy a contarle al médico. Hace tiempo, cuando pacté la visita y el posible ingreso, estaba preocupado; no sabía si podría seguir, aguantar la presión u otra recaída; no me sentía capaz de avanzar en su curación y, a la vez, su desintoxicación.
Hace diez días noté un cambio, más tranquilidad y control; no pedía ningún suministro adicional. Aún así preferí esperar, no sería la primera vez que cayera en el autoengaño. Ahora, desde hace cuatro, se inyecta menos de lo que le suministro. Por la noche encuentro ampollas o jeringas sin utilizar. Ayer me exigió tener a mano la droga, verla, poder tocarla... Cedí, pensé que valía la pena el riesgo, la cesión de un territorio siempre recuperable. Encontré las dosis revueltas e introducidas en los inyectables. No podía creerlo... La vigilé y vi como abría el cajón y los miraba, tocaba, acariciaba... y lo volvía a cerrar.
El psicólogo quiere ingresarla, dice, con razón, que la ansiedad es muy fuerte y, que, en todo caso, soy yo quien lo necesita. Me quiere quitar la responsabilidad. El coste, según él, es demasiado grande y, de continuar, irrecuperable.
No sé que hacer. Por primera vez en mi vida me siento desorientado, impotente para decidir.
Ella dice que se ha deshabituado gracias a mí, que nunca había creído que pudiera conseguirlo.
La mezcla de frialdad, tacto, política, inteligencia, creatividad, amor... eso dice la médica y enfermera. Y yo sé que ha sido ella. Su enorme fortaleza, la seguridad en sí misma, en superar los obstáculos, la convicción que podía hacerlo.
Y no entiendo el procedimiento: acariciar la droga, hablarle en silencio... Me despido de ella- me dijo.
Y ni siquiera sé si debo contarle esta historia al terapeuta y, de hacerlo, con qué palabras; porque ella no lo hará, se siente incapaz.
Y hoy, al escribir estas historias y recordar otras mil, a Mónica, Tomás, Anna... no puedes más que volver a preguntarte en lo que sois y fuísteis, lo grandes y poderosos que os sentísteis y creísteis.
Escuchas a Leonard Cohen por los pequeños altavoces del equipo de música, podría ser él, ¿pero qué más da que ahora no esté seguro?
El mar de la Camargue está tranquilo. Fuera del recodo en el que estáis amarrados, el viento riza suavemente la mar. El ruido del agua al chocar contra los cascos de los dos barcos pone el contrapunto mágico, acentuado por el tintineo de los reflectores de radar. Al Oeste se vislumbra el parpadeo del faro del Espiguette, al Este el destello de uno que no reconoces.
Una noche de magia tan absoluta como ella, la mujer que gime, ríe y, de vez en cuando, lanza un suave aullido de placer en el barco contiguo. Es Amara que disfruta del sexo con el famoso arquitecto francés.
Tomáis una copa de Calvados en la cubierta del barco y habláis, crees recordar, de política y urbanismo; de la naturaleza, el mar y la filosofía.
Y te preguntas como habéis llegado tan lejos, quiénes sois para creeros hombres tan completos, poderosos, suficientes...
Y das gracias que tu amigo no hable de sexo, no sienta la visceral necesidad y no te exija. Lo agradeces porque, si antes sentías diversión y morbosidad, ahora prefieres olvidar. Y es que te asquea la homosexualidad, pero sabes que serías incapaz de decepcionar a tu amigo-hermano.
El barco se mece tranquilo, amarrado en el gran espigón con forma de T, al lado de la desembocadura de le petit Rhône, en Saintes Maries de la Mer.
Los dirigentes políticos deberían tener cuidado. No se puede prometer lo imposible, el final de los paraísos fiscales. ¿Qué harían los traficantes de armas, los narcotraficantes y los comisionistas urbanísticos de ser así?
Es probable que todo quede en agua de borrajas, en un canto al aire. Las ideas pueden ir parejas con la voluntad, pero para hacerlas efectivas también deben ir acompañadas por la realidad.
Obama, Zapatero, Sarkozi... a menos que sean estúpidos deben saber hasta que punto sus sistemas están corrompidos. Y de no ser así, en cuanto vuelvan a casa sus consejeros los pondrán al día.
¡AH! El francés... cada día me cae mejor. Este tío tiene un par... Primero se lía con la actriz y ahora eso... ¡Qué tío!
Los franceses siempre han ido por libre y han conseguido revolver la mierda a su antojo.
Los amenazó.
- Si no se establece un sistema de mejor control, me levanto y me voy- Eso dijo.
¿Cómo iban a aceptar algo así? Y con la Merkel obediente afirmando tras suyo. Nadie sabe como consiguió engatusarla.
Lo cierto es que Francia es grande, muy grande e influyente. Sin ella es difícil dirigir el mundo, pero con Alemania haciéndole la cama es imposible.
Habrá que hacer un apaño, algo parecido a lo del italiano, que por ley no puede robar, pero sí tener inmunidad para hacerlo. Se deberá despenalizar el robo, el narcotráfico, la venta de armas... no legalizar, pero sí despenalizar a razón del interés nacional.
Los próximos atentados ya no serán con fusil de mira telescópica o coche bomba al paso de la caravana. Carrero marcó la diferencia con la mina anticarro. A partir de ahora lo serán con mísiles y nano-bombas guiadas por GPS. Después de todo, tanto la Casa Blanca como el Eliseo pueden ser reconstruidos tantas veces como sea necesario. Nada es sagrado. La primera ya fue destruida por los ingleses en 1812.
Y en la noche resuena el lamento que el macho emite al caer. Hacía rato que lo intentaba, pero ella no lo permitía. Lo controla y reduce, lo aplasta sin necesidad de fuerza, lo sorprende con una nueva fantasía, un cambio de ritmo, de gesto, de voz, de mirada; lo sabes y sonríes. Y escuchas sus profundos y suaves jadeos, y el asombroso aullido antes de cada orgasmo.
Y tu amigo-hermano estalla. Si lo tocaras sentirías su temblor, la vibración de su cuerpo, su demoledora excitación. Mejor no hacerlo, no comprometer lo que no puedes entregar.
- Es tierna, madre, amiga, compañera, hermana, amante... se entrega en cuerpo y alma, es capaz de morir por lo que ama, por lo que cree, y luchar por lo que desea, y es puta, la mejor de todas-
Y te ríes de la ocurrencia. Es la primera vez que se expresa así, con tanta vehemencia.
- No se lo digas. Ya sabes que ni en un momento como este se les puede llamar así, ni siquiera con el diminutivo-
- Es brutal, la mejor en todo-
José no tiene palabras para definir su sentimiento, tú tampoco, sólo puedes tratarla como absoluta.
Acabo de salir de la consulta del cardiólogo. Está convencido que mis síntomas obedecen a un rebrote de ansiedad; no obstante sufro pequeñas disfunciones, ligeras según el argot médico.
Amara revisa el informe y los parámetros, algo que se me antoja fractal, lleno de números, letras y expresiones incomprensibles para un humano normal.
Me mira...
- ¡Qué envidia! Tú tan sano y yo tan jodida-
Y sí, estoy fresco como una lechuga antes de ser arrancada del huerto. Lo malo es que estoy repleto de pequeñas tonterías y el día que una deje de serlo, el resto despertará. Solo espero que me pille en medio del mar y con una tempestad, o en lo alto del Pirineo nevado.
Siempre hay quien no sirve para vivir con condicionantes físicos.
Mi hijo se ha mudado, somos vecinos... por fin conozco a la madre de Bel, una de mis dos consuegras por parte de hijo.
Y hablamos de su pueblo. Es aragonesa y muy comprometida con la inmigración. Trabaja en la educación de menores magrebís llegados en patera.
- ¡Qué casualidad! Conocerás a María, es de tu mismo pueblo, de apellido Tal-
- ¡AH! Los Tal...-
Y me río por dentro, percibo su sorpresa. Un antiguo hippie y exrevolucionario, amigo y ex compañero de María Tal, hija, nieta, bisnieta, hermana... de militares.
Nada es lo que a simple vista parece, por eso es bueno conocer, introducirse en el alma de las cosas y de las personas. ¿Por qué tantos prejuicios?
Ha sido una grata sorpresa, me gusta esta mujer, tanto como la hija; aun así no le hablaré de María, no le contaré quien fue ni lo que representó en mi vida.
El barco no es tuyo aunque hoy seas su patrón. Tu primo, con un compromiso difícil de soslayar, te pidió que le hicieras el favor. Transportar un velero desde Cartagena hasta Barcelona a cambio de un dinero que te venía de perlas.
- Tienes toda la semana- Te dijo. -De paso lo pruebas y me das tu opinión. Puedes hacer lo que te plazca, equilibrarlo a tu gusto. Unas vacaciones de Semana Santa en velero y pagadas-
Mónica no podía, José sí. Amara se había guardado los días en el Hospital y negoció con otros compañeros la compensación por su ausencia.
Salisteis en el tren nocturno, en un coche cama de cuatro literas.
Habías preparado minuciosamente el viaje. Un botiquín de emergencia y comida muy específica para el caso, no fuera que en Cartagena no la encontraseis o no os diera tiempo de comprarla.
Preferiste esperar hasta el último momento para estudiar las singladuras. El tiempo era bueno pero en Primavera todo es posible, desde la calma más absoluta hasta la peor de las tempestades; lo primero era el deseo de Amara, lo segundo el de José. Y tú, conque soplara un buen viento tenías suficiente. Querías estudiar el barco unas horas antes de salir, graduar la tensión de los estays, revisar la línea de los costados, comprobar si el antiguo patrón había cuidado el barco, la tensión de los obenques, repasar el velamen, los cabos... y probarlo todo, incluso el repuesto, las herramientas, el motor, los fusibles, las dos baterías... Después de todo cobrabas un buen dinero.
Os recibió su antiguo patrón, un simpático comandante de la marina española.
- Se lo he vendido a un buen amigo- os dijo - y quiero estar seguro que lo dejo en buenas manos y que todo está a punto-
Y te tranquilizó. Aquel hombre te daba veinte vueltas en el arte de la navegación. El barco había sido tratado con esmero y asombrosa delicadeza. Con él se podía navegar con toda la confianza.
Esperabais viajar solos. Amara os había prometido un trato especial, la fantasía de una noche erótica en un coche cama. No ha sido posible. Unos momentos antes de salir ha entrado el revisor acompañado por una joven de edad parecida a la de ella.
- Supongo que no les sabrá mal. Viaja sola y este es el mejor compartimiento que he encontrado-
Es la segunda vez, la anterior fue en un viaje hasta Alicante con Amara. La misma situación: una estudiante que viajaba sola y el revisor que la introdujo en vuestro compartimiento.
Y vuestra compañera transforma las bromas más inocentes en picantes, excita el ambiente, lo caldea con gracia, sin que la chica se sienta incómoda; y cuenta anécdotas divertidas, líos de cama del hospital en los que se vio involucrada, aventuras... Lo justo para poneros nerviosos y excitaros ante las risas, entre inocentes y femeninamente cómplices, de la sorprendida pasajera.
Mi compañera está pasando una crisis sin apenas queja. Lo sé y le inyecto un poco más de droga. Lo agradece en silencio. Y no obstante es menos de la mitad que hace un mes y medio.
Los cambios de tiempo y de presión son infernales para su dolor. Hace un par de días visitó a José, el terapeuta, y después de la visita éste me llamó...
- ¿Cómo lo has hecho? Hasta ahora nadie lo había conseguido sin ayuda externa- Me pregunta el psicólogo.
- Utilizando todo lo que la vida y la experiencia me ha enseñado- Respondo.
- Te felicito-
Y me emborracho de orgullo, vanidad...
Y recuerdo cuando tuvimos que desintoxicar a mi amigo-hermano Albert, en un tiempo que no existían esos centros, que ser drogodependiente era más delito que enfermedad y que lo trataban con electrochoques al confundir una crisis de dependencia con un ataque de esquizofrenia.
-Eres muy fuerte- Me dice Amara.
Es duro ver a tu compañera y amada morir de dolor, saberla a punto del desastre y levantarla sin suministrarle ningún calmante, sabiendo que hay uno cerca de ti; y darle el justo para sobrevivir y buscar en su gran fortaleza y serenidad la necesaria complicidad.
No soy tan fuerte como aparento, solo tengo la suerte de tenerle a ella y haber aprendido a sobrevivir sin rendirme.
Pocos avances, demasiado pequeños, junto algunos retrocesos demasiado grandes.
- Por favor, no tires la toalla- me dice. Y simulo desesperación y derrota sabiendo que solo ha sido una batalla y que la guerra vamos a ganarla.
Antes me pego un tiro, me gustaría responderle, pero no puedo.
Es la estrategia a seguir. Hacerle creer que depende de sus avances el que no deba ser ingresada.
Y pese a todo soy feliz. Amara es feliz.
Os propongo un juego que bien podría ser nuestro regalo de boda. Vosotros decidís hasta donde vais a llegar. En el momento que uno de los dos diga basta, paramos.
Y aceptaron entre divertidos y excitados.
Los conocisteis en el bar de la estación. Él murciano, ella cartagenera. Se habían casado el día anterior y al siguiente debían salir de Luna de Miel. Simpáticos, sin complejos, graciosos y muy jóvenes; ella un poco más que Amara. Buscaban alojamiento para aquella noche, no querían pasarla en casa de los padres... Os cayeron bien, hicisteis buenas migas. Era pronto, estaban cansados y aún no habían dormido.
- Seguro que encontrareis una habitación de hotel- les dijiste.
- Ya... es lo que terminaremos haciendo, pero nos conocen en casi todos y no nos gustaría-
Y entonces se te ocurrió la idea...
El barco es grande, por esta noche os podemos dejar el camarote de popa. Si de aquí a la noche no encontráis nada, pasaros por el puerto. Nosotros saldremos mañana a primera hora después de preparar el barco.
Y no pensaste en la ansiedad de Amara por estar a solas con los dos. No diste importancia a sus palabras al despedirse de Mónica.
- Pienso dejarlos hechos polvo- Y sacando su vena cordobesa... - Más secos que la alpargata de un yesero-
Y Mónica se rió con ganas. Conociendo a su amiga-hermana sabía que iba en serio. Nunca había podido estar con los dos más de un día entero y querría aprovechar cada minuto de la semana.
Y aquella noche, para desesperación de José, comenzó un brindis al erotismo como nunca habíais visto.
Juegas al Chapó, una curiosa modalidad de billar que ya te gustaba de muy joven. Te divierte y te es más fácil que las demás.
A través de los grandes ventanales ves como llueve, también la luz de posición de los dos barcos en medio de la bahía de Cadaqués. Son los únicos veleros. El tiempo no acompaña para una buena travesía y el Invierno se acerca con frío y viento.
Amara toma, en una mesa cercana, un café en compañía de Albert, tu amigo-hermano, y Joan y Vicki.
Haces pareja con el escritor y famoso arquitecto, alto, maduro y de fuerte complexión, que vive en una preciosa y restaurada casa del interior de la población.
Hoy, ya en terreno imparcial, sin mediar la calidez de su tierra de origen y de su precioso mar, entiendes la atracción que provocó en tu compañera. Hombre de pocas palabras, siempre relajado pero concentrado en la conversación y en el juego.
Como contrincantes tenéis al Nóbel de economía y también escritor, de estatura media, grueso y simpático, aunque algo tímido; y al famoso pintor, algo más alto, moreno, de profusa cabellera y soberanamente estúpido. Te cae mal, pero a José le encanta su pintura, más parecida a la de un escolar de párvulos que otra cosa. Lo conocías por tu primo, el guitarrista, y le compraste una pintura como regalo de aniversario a tu amigo-hermano. A tu compañera le gustó, es de suponer, por la cantidad de colorido empleado. Y te sorprendió su manera de vender...
- Si no le gusta, que la traiga y se la cambiaré por otra-
Como si de un cromo repetido se tratase.
Y hablas con el Nóbel sobre lo que tanto te fascina: la economía y el desarrollo.
- El sistema precisa mucha disciplina, leyes fuertes para encauzarlo dentro de unos márgenes, para evitar el desorden financiero, presupuestario...-
Y hablando de la problemática de una economía demasiado afianzada en el turismo, frente la previsible competencia que llegará del Este una vez termine la guerra...
- Es necesario proteger este paisaje, la agricultura tradicional, las viñas y los olivares... pero esa protección debería ir acompañada con la construcción en proporción al área cultivada. Aquí, el territorio está excesivamente regulado y protegido y eso no se contempla-
Y sonríes... Le preguntarías qué coeficiente es el adecuado y, de tenerlo, en qué estudio se basa, pero no lo haces. Este tipo te cae bien y no deseas ponerlo en un brete, aunque sabes que, como buen profesor, tendrá respuesta para todo; para demostrar lo imposible, incluso la contradicción.
Y hoy recuerdas aquella conversación, mucho más larga e interesante, que sin querer preconizaba lo que ocurriría veintiún años más tarde. Y entiendes el desastre, puesto que si los sabios que estaban en contra de la banca y del crédito fácil, también abogaban por la recalificación y un mayor liberalismo con la tierra, ¿qué podía esperarse?
La economía hoy es una ciencia exacta engarzada a la filosofía. La economía debe servir a la comunidad. En el momento que prima el beneficio sobre el bienestar, deja de ser economía.
Te hubiese gustado invitar al economista norteamericano a dar una vuelta en tu barco, para que viera de primera mano el desastre turístico y urbanístico, y el previsible descalabro económico que eso conllevaría. Las urbanizaciones y hoteles a pié de acantilado, de playa... cortando el paso a caminos y paseos para beneficio del solaz de unos pocos propietarios, que nunca cubrirían las expectativas económicas de toda la población.
- Imítame. No te cortes- Le dijo a la asombrada chica, después de haber caldeado el ambiente con divertidas y tórridas historias, anécdotas de sus aventuras con Mónica y otros hombres.
Y os regaló con un espectáculo de sensibilidad y erotismo desenfrenado, dirigido a vuestro invitado.
- Provócalos. Haz como yo y no temas. No te tocarán a menos que lo insinúes-
Una noche desquiciante, ardiente... la pareja aguantó hasta el final. Después, la extenuación. Con José la devoraste viva, no dejasteis ningún rincón de su cuerpo por explorar, besar, lamer... Sus lamentos y gemidos terminaron por volver loca a la pareja de enamorados, a desinhibirla por completo desahogándose ruidosamente en su rincón.
Jugáis con ella y con la ayuda de su vibrador. En vuestro cuerpo poco queda ya.
El barco navega maravillosamente. Tienes la sensación de estar sobre un gran lápiz que apenas se mueve, y, no obstante, ves pasar la costa, los pueblos, algún barco que prefiere la hélice...
De vez en cuando recogéis el velamen y ponéis en marcha el motor... Sí, de vez en cuando os vienen ganas de jugar con la soberana hembra.
Simula estar atada al mástil, colgando de unas imaginarias ligaduras que no son más que las drizas en reposo. Y retuerce y arquea su portentoso cuerpo, y llena el aire de sugestivos lamentos. Y le palmeáis, le abofeteáis el cuerpo con simulada violencia.
De algún barco se oyen gritos. La miras... no se inmuta, los oye pero hace caso omiso, no siente atracción. Se os acerca un pequeño yate con dos jóvenes parejas...
- Podríamos participar- Dicen ellos con burlesco descaro. Ellas se hacen las cohibidas, pero en su rincón sonríen excitadas.
No. A vuestra compañera no le apetece, ni siquiera los mira. Ahora su cuerpo cuelga, simula estar rendido y torturado, el viento revuelve su desmoronada cabellera... En tu mano está el pequeño vibrador, regalo de su amigo-hermano-amante. Lo acercas a su vagina, rozas su clítoris, lo presionas. José se acerca por detrás y le pellizca los pezones, la abraza, sube su mano hasta la boca y hace que le chupe los dedos, y ella arquea una vez más su cuerpo y emite un suave aullido de placer.
Miras a vuestros vecinos, que pasmados, turbados... se alejan, supones, para desahogarse entre ellos.
Su cuerpo se tensa, sientes la fuerza de su musculatura, de sus manos al escañar los cabos. Y tu cuerpo se enerva una vez más, no sabes cómo, de donde saca la fuerza, la energía... Y la penetras con violencia, agresividad, rabia... Y sientes a tu amigo como la abraza y muerde con la misma pasión. Y aúlla, se desboca... sus dos apasionados machos la emparedan y se deshacen en su interior, en su piel, en su carne...
La aplastáis, la desmembráis con la seguridad que quedará agotada; mas al poco se revuelve, gime, besa, chupa, lame y susurra invitaciones imposibles de desatender.
Y sientes su debilidad, derrumbe... Ahora hay que abrazarla con suavidad, ternura... acompañar su placentero desmayo hasta el piso de la cubierta y allí acariciar el magnífico cuerpo, besarlo, recostar su cabeza en tus piernas, acariciar sus mejillas, su boca... Y hablarle con palabras tiernas. Y después debe sentir vuestra mirada de admiración, vuestra sonrisa de satisfacción.
Es el juego más bello del mundo, el de la seducción.
Y ves erizarse su piel a causa de un punto de frío y otro de satisfacción, orgullo de hembra absoluta, superior... que aparenta haber sido domada.
Y vuelves a sentir la caricia de sus dedos en tu pecho, pezones, vientre...
Las noches son de puerto, de ensenada tranquila, anclados o, como en Ibiza, amarrados por la popa y anclados de proa en una preciosa cala. Entonces es en el doble camastro, donde uno a uno, los dos a la una o a plazos.
Y otra vez el mismo juego, pero ahora de la incansable y amorosa hembra, la mejor que hayas conocido, la mujer absoluta.
¿Por qué no se pudo prever esta paralización económica? ¿Por qué nosotros sí y ellos, que para eso cobran, no? ¿Y por qué no le ponen remedio?
Es sencillo. Aún no conocen su origen.
Para solucionar un problema hay que saber lo que lo ha provocado, y una vez sabido se le pone el remedio adecuado: la cura o, en caso de gran gravedad, la amputación.
Debería ser fácil. Ahora bien, ya me contarán quién se amputa a si mismo.
Te agachas, estudias la posición, el rebote en el canto... quizá hayáis ganado la partida. Y por el rabillo del ojo ves acercarse a tu compañera...
- ¡Hola! ¿Cómo va el juego?-
Sabe escoger las palabras para que su interlocutor pueda comprenderlas. El sexto sentido políglota de una enfermera-médico que ha tratado a gente de todo el mundo.
Está cerca, a su lado... lo mira a los ojos con aquella sonrisa que embriaga y desarma.
Y ves el gracioso y peculiar movimiento de su nariz al hablar, la expresividad de su boca, de su mirada... Tiene interés que termine la partida. Ha hablado a Vicki y Joan del famoso y atractivo arquitecto francés, de cómo lo conocisteis y lo interesante que es. Quiere presentárselo.
- ¿Tienes algún compromiso? Nosotros habíamos pensado cenar en el restaurante de nuestro amigo Albert, pero si tienes una idea mejor...-
Y sonríes para ti... Das un golpe seco y bajo a tu bola, rebota contra la de vuestros contrincantes que entra en uno de los cuatro agujeros, y retrocede derribando cuatro de los cinco palillos de marfil.
Apenas le has dado tiempo de pensar su respuesta. El Nóbel sonríe, esperaba esta jugada que da la partida por terminada.
Albert preparará unos aguacates con su famosa vinagreta y unos sargos recién pescados a la parrilla.
Lo sigue mirando a los ojos. El francés, por edad e inteligencia, no debería sentirse intimidado por la bella y joven mujer, pero Amara es más, mucho más y lo sabe.
- Me gustaría presentarte a mis amigos. Mi amiga tiene mucho interés en conocerte-
La vanidad del maduro e interesante arquitecto escala posiciones en su cerebro. Dos bellas y jóvenes mujeres que, aun estando bien acompañadas, su recuerdo indica la promesa de una inigualable aventura. Vicki, más voluptuosa y simpática, más morbosa, alegre y despreocupada; Amara más profunda y consciente, más fuerte y bella.
Y ya de camino a la Felipa, como los lugareños llaman el lugar donde se ubica el restaurante, ves como lo coge del brazo y se arrima a él sin timidez ni perjuicio.
- Después, si te apetece, tomamos una copa en "La Habana". Nosotros ya no volveremos al barco. Tenemos habitación en casa de Albert, aunque estoy segura que también puedes quedarte. Me gustaría...-
Y ves a Joan sonreír. Las dos mujeres desean la aventura, el desafío, el erotismo de lo desconocido en una casa idílica, con el fuego encendido en la gran sala, las mejores vistas sobre la bahía, los sofás hundidos en el suelo de fina pizarra y tres interesantes hombres cortejándolas con arte y sin inhibiciones.
Raíces y viejos troncos de olivo ardiendo en el centro de la estancia. Y las dos mujeres bailando cerca de ellos, acariciándose, besándose mientras vosotros, recostados en los grandes sofás, charláis con un vaso de vino en la mano.
Es tarde y Albert ya duerme. Mañana debe levantarse antes que el sol. El restaurante necesita cuidados y suministro. Vosotros habláis de política, medicina y, siguiendo la conversación de la cena, de Francia y Port-Vendres, donde tiene su residencia el famoso arquitecto francés.
Y vuestras compañeras, con Amara por delante, se acercan y lo invitan a bailar.
No hay hombre que se resista, pese a ello él lo hace, se siente violento...
Y con Joan te ríes, le quitáis importancia...
- ¡Allé! Ve con ellas y diviértete, un día es un día y aquí nadie va a recriminarte nada-
Y al escuchar la susurrante provocación de tu compañera... - quiero ver como destrozas a mi amiga, como la haces jirones y la violentas- recuerdas lo que os contó sobre sus apetencias y fantasías; y, divertido, te das cuenta que ellas ya se habían preparado.
Y ves al culto y maduro arquitecto, ya con más de cincuenta, ser rodeado, abrazado, acariciado por las dos espléndidas, medio desnudas y aún veinteañeras mujeres.
Y con un gesto de complicidad, Joan y tu os levantáis. Dudas que el famoso arquitecto disponga de otra oportunidad parecida. Mujeres como estas no abundan, tan libres como liberales, tan fuertes como seguras de si mismas. Lo sabes, así como que vosotros sois muy afortunados.
Y al despediros percibes el gesto de agradecimiento, de complicidad y de felicidad de Vicki. El francés es, igual que a su amiga-amante, el tipo de hombre que más le gusta; y va a compartirlo con la mujer que más desea.
Te gustaría ser él, y al imaginarlo sientes un estremecimiento, aunque sabes que, tal como ahora abandonáis dos mujeres, mañana despertareis con dos magníficas y fogosas hembras.
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Han pasado veintidós años y hoy, viernes, mientras cenas en compañía de Amara, llama José...
- ¿Sabías? La semana pasada murió mi famoso colega en su casa de Port Vendres. ¿Lo recuerdas? Tengo entendido que se negó ir al Hospital. Díselo a Amara, sé que le tuvo mucha estima-
Y es que José también es arquitecto, y no menos famoso que el francés.
Hubo el día que me hastié de ver sufrir a los peces que pescaba. Nunca me gustó, no creo que exista nadie decente al que le guste algo parecido, no obstante lo asumía como una necesidad. Comemos animales y plantas, seres que momentos antes de ser devorados estaban vivos, por tanto, no deberíamos horrorizarnos.
Fue durante un día de pesca con Joan y José, al sentir el ansia de este último por ver los cubos llenos de pescado. A Joan no le importaba. Veía a nuestro amigo, que no pasaba por un buen momento, feliz y ya le estaba bien. Quizá aquel fuera el momento en que José más me decepcionó. Supongo que después de aquella tarde fue cuando cambió mi manera de ver y tratar a mi amigo-hermano. Les pregunté lo que sentían, si eran capaces de comer todo aquello. Al no obtener respuesta sobre lo primero y una negativa en lo segundo, harto de ver tanto pez retorcerse asfixiado y con las entrañas reventadas por el anzuelo, forcé la vuelta al puerto. A partir de aquel día abandoné la pesca. Nunca más volví a coger la caña, o pescar atunes con el curricán.
De aquello nunca he hablado con Amara. Mi compañera no puede soportar ver sufrir a un animal, sin embargo, fueron muchas las veces que había pescado conmigo, pero solo lo justo que precisábamos para alimentarnos en aquel momento.
Amara siente demasiado amor por José y no querría que tuviese un motivo para odiarlo, aunque cuando los veo juntos, da la impresión de que es él quien más le ama.
Y recuerdo aquella escena de “El cazador”, cuando, ya con el ciervo en el punto de mira, dispara al aire.
Te sientes solo y te preguntas si amas la soledad.
Te crees afable. Es difícil verte sin alguien a tu alrededor. Cualquier relación te considera amigo y sabes que son muchos los que se jactan de compartir tu amistad; no obstante te sientes solo y tienes miedo sin sufrir por ello.
Te gusta echarte sobre la hierba y mirar las estrellas del cielo, andar por el bosque y poder ensimismarte frente una flor, unos pájaros... incluso dejar que se pose una abeja en tu mano. Amas la soledad del mar sin ruido que no sea el propio, dejar el barco a merced de las corrientes y el viento, y echarte desnudo sobre la cubierta y soñar despierto. Te gusta escalar acantilados y descansar en lugares salvajes, desolados, que difícilmente otro haya llegado. Y, sin embargo, temes la soledad.
“Tinc por de la solitud; l’estimo però m’esgarrifa saber que poc sentir-la.”
Unos dicen que ha sido la fiesta más grande, otros que la más perfecta, los más que nunca se había visto nada igual.
Yo sólo soy feliz por haberla visto sonreír y disfrutar.
La verdad es que no recuerdo ninguna de parecida, ni siquiera Pili, que se dedica a organizarlas.
- Tenía miedo, Pau. Tanta gente, tantos vuelos, coches... tanta comida, tantas habitaciones de hotel; y tanta juventud y tan variopinta, tantas ideas y culturas, tanta gente distinta. Temía que saliera mal, y nunca había visto tanta organización y orden sin que se notara-
Una vez más el arte de la simulación. Hacer que todo funcione gracias a la iniciativa de los demás, siempre cada uno en su lugar dejando unos márgenes lo suficientemente amplios primero, para ir estrechándolos a medida que todo funciona.
- ¿Y cómo lo has conseguido?-
- Sin miedo y sin reparar en nada. En cuanto dejas que te domine la timidez, todo se paraliza-
- ¡Qué suerte has tenido con el tiempo!-
Y respondo que no es suerte. No creo en ella, en todo caso en el infortunio.
Estudié, antes de escoger los días de la celebración, el clima de la isla durante los últimos veinte años; y nunca, en ninguno de ellos, llovió el 20, 21 y 22 de Marzo. Hubiese sido mala suerte que lo hiciera este año.
El tiempo es previsible aun aceptando que tiene muchos componentes de variabilidad. Por ejemplo: tenía muchas posibilidades que luciera el sol. Así lo hizo todos los años de frío invierno, en los que el cambio estacional, y esos días lo era, fue muy acentuado.
Y recuerdas como se derrumbó la alta grúa sobre los furgones de los perros. Nunca supiste si se abrió una investigación sobre el suceso, aunque pensaste que así debía ser y tomaste las justas precauciones.
Y sentiste reparo al escuchar el ir y venir de las ambulancias. ¿Heridos, muertos? Nunca lo supiste, tampoco te importaba. Esas cosas no trascendían en los medios. Lo seguro es el caos y desorden que provocaron. Y sonreíste al escuchar a uno de tus asombrados compañeros decir que parecía hecho a propósito.
Hoy vemos a otros perros, esta vez su disfraz ya no es gris sino azul marino con adornos rojos. Y piensas que quizá sea una estrategia, radicalizar un movimiento pacífico pero letal para el sistema. Y sabes lo sencillo que sería organizar actuaciones para desprestigiarlos, romper su disciplina y arruinar su política; también como tratarlos y acorralarlos, como perseguirlos en su entorno; arruinarles la vida... ¡Y es que es tan fácil saber quienes son! Y encima no pueden abandonar el territorio.
¡Menorca!
Aún recuerdo nuestras aventuras, las travesías en el barco, pescar y asar las capturas en cualquier recóndita playa, hacer el amor hasta el límite; y disfrutar de la vida, del mar y de la naturaleza; desbordarnos de amistad y sexo...
Hasta hoy todo parecía haber cambiado, ahora ya no. Nuestra historia sigue igual, con más años y los achaques de mi compañera, pero igual. Los amigos han cambiado de nombre y caras, pero en el fondo son los mismos. Del sexo solo queda el recuerdo, pero tan intenso que se hace real. La pesca se ha convertido en calçots, el fuego en una gran barbacoa y la recóndita playa en una mansión del interior de la isla.
Menorca siempre fue nuestra preferida, por encima de Mallorca y mucho más de Ibiza.
Aún dura la borrachera. Mis amigos me llaman y me felicitan, los chavales también; nunca podían haber imaginado algo tan grande, libre y con una anarquía tan agradable y divertida. Y no saben que hasta el desorden estaba calculado.
Música emitida por un equipo alquilado y ordenada por uno de los jóvenes, juegos de manos, música en vivo, baile enloquecedor sin hora de entrada ni de salida, barbacoa al mediodía y fiambres y queso por la noche, excursiones por la isla, poesía al calor de la chimenea, charlas sobre filosofía , abrirse a nuevas amistades.
Y con Amara salgo de la discoteca que he montado en el granero, y hago que levante la vista para que disfrute del estrellado firmamento. Nada más bello que el cielo de la isla en una noche oscura y rodeados de bosque. O quizá sí... una noche navegando por la Mediterránea. Mónica y Amara abrazadas mirando el cielo, mientras yo, azorado, buscaba la señal lumínica de algún barco para evitar su abordaje. Y todavía tengo grabada en mi retina la extraordinaria belleza de aquellos maravillosos cuerpos al contraluz de la Luna, y que poco más tarde, en una playa de la isla, saciarían mi hambre de macho y enamorado.

La pena y la desesperación me convierten en fuego.
Ante mí simula tranquilidad, confianza y lucha; a mis espaldas siento su resignación y dolor.
No hay día que deje de llamarla. Me encandila su voz optimista, suave y tierna; la dadivosa respuesta, el envite de amorosa lujuria que emite su boca.
Hace frío, lo siento en el cuerpo, pero sé que lo llevo en el alma.
He soportado fríos más intensos y ni mi cuerpo ni mi alma se han arrugado por ello.
Ya no puedo controlar mis sentimientos. Soy frágil, me siento muy frágil; tal vez siempre lo fui y nunca me di cuenta.
Una vez más tuve que encerrar mi corazón en el recuerdo, al sentir como se rompía, resquebrajaba, desgajaba... para descubrir por enésima vez que los recuerdos son como estiletes. Unos se clavan en el cerebro, otros en el corazón y el resto en el alma.
Y me río... Punset dice que todo es uno: cerebro, corazón y alma. Y no son lo mismo, aunque estén en el mismo sitio.
Qué derecho tenemos a desafiar la voluntad del compañero, amigo, prójimo. Cómo podemos forzar, obligar, influir, mediatizar a un ser querido.
Es imposible a no ser que nos queramos por encima de él y su libertad. El límite del egoísmo.
"La búsqueda de placer, de la libertad y de la realización de la individualidad, son los únicos motivos de la raza humana, susceptibles de adquirir en nuestra sociedad a través de la obra creativa" (Ferrer i Guardia)
Yo preferiría decir: a través de aprender, de la sabiduría y, por último, de enseñar a saber.
El fuego es bello hasta cuando abrasa el alma y duele.

Salimos hacia el Pirineo, solos, es su deseo. En una bolsa lleva su medicación con morfina incluida por lo que pudiera pasar y un bronco dilatador por si fuera necesario.
Un refugio en la alta montaña rodeados de viejos y buenos amigos, mil setecientos metros y nieve, mucha nieve.
Jugabais con ellas tratándolas como muñecas, les encantaba, disfrutaban, se abandonaban en vuestras manos. Todavía recuerdas la frase preferida de Mónica cuando José, por sus viajes y trabajo, no estaba presente.
- Haced lo que queráis conmigo-
Y eso os excitaba más que cualquier cosa, y os cebabais con ella, con su cuerpo y su mente hasta el infinito.
Mónica, que siempre la consideraste la subversiva perfecta, era en el sexo igual que en la revuelta. Celosa de su intimidad con los suyos, nadie sabía ni podía imaginar lo que hacía, su doble vida. Le inquietaba que José la viera divertirse con extraños o morbosamente con vosotros. No podía soportar que su compañero la viera actuar con aquella brutalidad.
Tú eras especial, su otro yo, el compañero con el que escapaba, hablaba, reía y compartía sus inquietudes.
Vicki, más recelosa con los extraños, un día hasta reconoció haber pasado miedo. Había salido con las dos, divertida porque le habían prometido sexo y la excitación de la cacería. Y fue satisfecha, pero con unos tipos con los que no contaba; fríos, duros y de poca confianza. Aunque después, al hablar del asunto con tu compañera, descubriste que todo el problema vino porque eran más que ellas.
- Lo que pasa es que vinieron con unos amigos. Seguro que con la promesa de un buen polvo. Estaban buenísimos-
- Y cómo fue...-
- Nada... lo de siempre. Hay que llevarlos, enseñarles a jugar. Tíos que parecen una cosa y luego son como niños-
Eran jóvenes, mucho. Y entonces pensaste que con Amara no habías creado nada, solo le ayudaste a descubrirse a sí misma y a creer en su libertad.
Me levanto pronto. Es el último día del año y aún debo aclarar algunos diseños y patrones en mi taller. No me gusta dejar asuntos a medio hacer y hoy puedo trabajar tranquilo, nadie va a molestarme.
Al recoger mi chaqueta del colgador veo que Al está con Bel, su amiga, y sonrío. Debieron llegar muy tarde, puesto que no me enteré de nada.
Vuelvo pronto, a las once. Amara me espera con las maletas, está preparando café. También está Isabel, la mujer que semanalmente viene a ayudarla; está planchando perpleja.
- ¿Y Al?-
- Se ha despertado, ahora les entro café-
De reojo miro a la buena mujer, sonrío... su cara es un poema.
Oigo el timbre y a Al decir...
-Es Laia. Abre por favor-
Lo hago y entra la compañera de mi hijo. Le doy un beso...
- Buenos días. Los vagos aún están en la cama-
Me hace gracia esa naturalidad. Imagino y comprendo el desconcierto de Isabel, una mujer de más de sesenta y maltratada por su marido, al ver la compañera entrar en el dormitorio, oír su risa limpia y sincera. Me encanta la risa de Laia, es maravillosa.
La puerta está entornada. Los imagino desnudos en el interior del nórdico y Laia conversando sentada en el orillo de la cama.
Me gustan estas mujeres, la vieja amiga y la compañera. Me recuerdan a Mónica y Amara. Al se parece mucho a mí, cada día más.
Amara es Bel y Mónica Laia. Al revés que nosotros. La novia es el retrato de mi amiga-hermana-amante: delicada y bonita como una muñeca, delgada, tímida y de voz suave; tiene también una personalidad de acero y doy fe que un valor y fidelidad extremos. Bel es como Amara, la mujer abierta, desinhibida, lanzada e inteligente.
Me llaman, desean hablar de la fiesta y saber como llevo su organización. Quiero que mi hijo mire si hay ofertas en el barco. A veces por cada cuatro pasajeros regalan el transporte de un automóvil. De ser así pagaría la diferencia y solucionaría muchos problemas de logística.
Y sí, están como imaginaba. Y salgo de la habitación con la risa de Laia acariciando mi oído, muy parecida a la de Mónica. Y ya no vigilo a Isabel, prefiero hablar del tiempo, la nieve que vamos a encontrar y reírme de las muchas maletas que Amara ha preparado para solo dos días.
Jugabais a las cartas, a los dados... y trampeabais a propósito. Ellas se quejaban, se hacían las mártires. Y con el juego las desnudabais poco a poco, y a una de ellas la atabais de la gran viga central del techo de la casa y vendabais sus ojos, y uno a uno, de dos en dos... os divertíais mientras se quejaba, gemía y retorcía su cuerpo fingiendo resistencia y para dar más énfasis a su belleza; y le hacíais de todo, a veces con la ayuda de aparatos, hasta extenuarla, reventarla a orgasmos y de placer. Después cenabais, reíais, charlabais de ciencia, política... y seguíais jugando con la calefacción al rojo. Les gustaba sentirse desnudas frente a vosotros, disfrutaban con el roce de vuestra tela al bailar. Luego os duchabais e ibais a la cama, cada uno con la que le había tocado como pareja.
Era el juego, uno de los muchos. A veces, para celebrar un aniversario o el éxito o fracaso de uno de vosotros, fuera mujer u hombre, el protagonista escogía su morbosidad, lo que más deseaba en aquel momento... y lo cumplíais.
Con invitados variabais los juegos, sobre todo si eran extraños para algunos, amigos recientes o buscados para el momento. Era normal la pregunta, tanto si eran hombres, mujeres o parejas.
- ¿Os gustan?-
Y de ser así hacíais lo posible para que la fiesta se volviera brutalmente morbosa, salvaje.
Los márgenes de la carretera están llenos de nieve, debo ir con cuidado, es blanda pero engaña; a veces un pedazo de ella separada del resto esconde la piedra de un desprendimiento.
El refugio es grande y somos muchos los que participamos. Encuentro un viejo amigo, otro, y otro, y otro... Me preguntan por el resto: José, Vicki, Joan, Anna... No sé como explicar que aquella increíble amistad de grupo ha desaparecido, que ahora solo quedamos unos cuantos y desunidos.
La fiesta es preciosa y Amara está mucho mejor de lo que cabía esperar. Debo inyectarle muchas menos dosis que en Barcelona. La excitación, los amigos, los recuerdos...
Y recuerda aquella famosa fiesta de fin de año en el mismo lugar, tan divertida como morbosa.
- Diez bajo cero, Pau... y salí sin sentir frío. ¡Qué bolinga debía llevar!-
Y te ríes porque jamás la has visto bebida. Su fuerza venía por algo más que el alcohol.
Con José conseguiste que se pusiera un vestido largo, negro y de tirantes, precioso y sugestivo; también que fuera sin ropa interior. Tu compañera se excita al ser acariciada bailando en público sintiéndose desnuda, y lo sabíais. Y, también excitados, la provocasteis hasta conseguir que os esperara en los lavabos del refugio. Mónica y Vicki, al darse cuenta reían divertidas.
Os hartasteis de hembra tanto como ella de macho. La dejasteis allí, a propósito, tirada en aquel frío lavabo. La morbosidad y excitación que sintió en aquel momento debió ser indescriptible, porque al volver y sentarse a tu lado lo sentiste, y más al oír su comentario...
- Creía que vendría Joan a buscarme-
Nos levantamos muy pronto por ser el primer día del año. Amara desea ver la nieve en todo su esplendor y el día es precioso. Desayunamos con las sobras del embutido y el pan tostado.
Apenas hay coches en la carretera, algún esquiador y poco más. Las pistas están casi vacías y la nieve invade los márgenes de la carretera de tanta que hay. El paisaje es maravilloso. Y al pasar por el camino de vuestra antigua casa no puedes evitar un respingo, sentir una punzada de dolor al recordar lo que fuisteis, lo que sois y lo que pudierais haber sido.
Ayer, a media tarde, encontraste un viejo amigo...
- Vuestra casa está en venta. Demasiado cara... pero creo que la vecina se puede comprar muy barata y con toda su hectárea, y más si eres tú el interesado. Ya sabes como es la gente de esta tierra-
Amara no está por la labor. Dice que es tiempo superado.
- Si mejoro podríamos comprar el barco-
Soy feliz, qué duda cabe, aunque sea soñando.

Los jóvenes, universitarios en su mayoría, dormirán en la casa; allí cabemos más de treinta, diecisiete en dormitorios y el resto en colchones preparados para el momento.
He reservado cincuenta habitaciones dobles repartidas entre dos hoteles y contactado con dos empresas de alquiler de automóviles.
He creado un fondo para los pocos que no puedan permitirse el viaje, y estoy en tratos con una compañía de vuelos baratos.
He planteado dos opciones: si vamos en grupo fletaré un avión, microbuses para desplazarnos y cinco automóviles fijos en el aparcamiento de la casa para cubrir las necesidades del momento; si lo hacemos en pequeños grupos, por la imposibilidad de que todos nos podamos poner de acuerdo, contrataré los mismos grupos de plazas en varios vuelos y facilitaré un automóvil a un precio especial para todo aquel que lo precise.
Treinta y cinco en la casa, doce en dos apartamentos y cien entre los dos hoteles. Hay margen.
Faltan seis meses y ya son setenta los que han confirmado su participación. Todavía falta avisar a treinta o cuarenta, mientras seis parejas aún no saben si podrán.
Todo está organizado para los que no se soporten puedan esquivarse sin esfuerzo.
He dispuesto seis frigoríficos ampliables, leña y grandes cantidades de salchichón, queso, butifarras, legumbre precocinada, pasteles de carne, quiches, ensaladas de legumbre, hortalizas, huevos, leche... Desde aquí y por transportista se enviará cava en cantidad, elaborado y etiquetado especialmente para la ocasión, junto con cientos de calçots -no olvidemos que la calçotada va a ser la excusa y uno es muy serio-
He alquilado sillas, mesas y un equipo de música con luces incluidas; (dos de los participantes son disjokeys) y también un órgano para mi amigo pianista.
Amara y yo, acompañados de Joan y Vicki, llegaremos en un vuelo aparte después de comer, de manera que mi compañera se encuentre con la gran sorpresa.
Los ingleses de Bristol y Edimburgo, los amigos sevillanos, la familia de allí, amigos de Chequia, Pamplona, Zaragoza, Nueva York... Sin embargo, seis ya han avisado que no vendrán, dos parejas por estar, ellas, en tratamiento de fertilidad y no pueden arriesgar; y también José, que ayer me llamó para darme la excusa más estúpida. Y es que no le apetece enfrentarse con los viejos amigos, prefiere fallar a su amiga-amante antes que ver ciertas caras o arriesgarse a dar explicaciones. Lo presioné, poco pero demasiado para mi gusto; no debería haberlo hecho, la verdad. Me dijo que lo consultaría con Mónica. Si lo hace seguro que viene, si no ella vendrá sola. Estoy harto de tanta pseudodepresión y tontería, tanta autocomida de coco e infantilismo.
Me sabe mal por Amara porque no se lo merece, pero quizá sea mejor que no venga; con tantos amigos, juerga y alegría, nadie lo echará en falta y nos ahorraremos un pequeño mal rollo.
Son muchos los que me dicen que estoy loco, que no sé dónde me he metido... pero lo cierto es que esos mismos son los que me ayudan, tanto que apenas me dejan un resquicio de trabajo.
Tuve una idea, la elaboré con toda la precisión posible y, mis amigos, los más impresentables, la han hecho suya. Me dicen que cuide de Amara, que vigile que no se entere, que ellos se cuidarán de todos los detalles.
Un día es un día, me dije.

Me llaman y felicitan, la colección tiene más éxito del que esperaba; aburrida o no es comercial y cubre las expectativas de nuestra clientela. Debería estar satisfecho y no es así, me preocupa la autocomplacencia de nuestros vendedores, sus estadísticas y números, algo que prefiero obviar. Estoy haciendo nuevos modelos por si acaso. La colección no me gusta.
Hace bastante que no pierdo peso, incluso parece que haya recuperado algo de él. Amara dice que es normal, que transformo grasa en masa muscular. Me miro y no aprecio cambio, tal vez algo menos de estómago y mi cara se haya perfilado.
A las siete salgo del fisioterapeuta y a la media llego a casa. Un accidente laboral me provocó un fuerte tirón cervical. Tracciones, ultrasonidos y paciencia.
Amara y Mónica me esperan con las mochilas preparadas para el gimnasio. Unos kilómetros de bicicleta y dos de carrera, después, flexiones para la rodilla, piscina y a casa.
Mónica se trasladó el lunes a casa. Mañana por la noche vuelve José de su viaje por Oriente y lo iremos a buscar al aeropuerto.
Cada noche, después de cenar, leo y comento un poco, mucho menos que antes.
Desde el despacho, la antigua habitación de Al, las oigo como hablan mientras leen o miran el televisor echadas en la cama. Sé que me esperan.
Incluso a mí me sorprende y turba encontrar dos mujeres desnudas en mi cama. Sobrecoge, pero también emociona y excita. Las dos conservan la belleza. Amara pese a los kilos, y a Mónica, morena de piel, sin marcas y depilada, apenas se le notan los años.
Es la norma, me ducho una vez más y entro en el dormitorio. Amara se levanta y va a la cocina, calienta leche y se toma la ristra de medicación nocturna, enciende el televisor del comedor y nos deja un rato solos. Más tarde, cuando tiene ganas, entra y se introduce en la fiesta.
Mi compañera, desde que se medica, es mucho más activa por la mañana, Mónica todo el día.
Por la mañana, mientras remoloneo en la cama y Mónica se ducha, Amara prepara café para los tres.
Mañana Sábado pasaremos el día en el campo con los amigos del club. Celebraremos con una comida el final de la temporada y hablaremos de lo poco que nos queda pendiente de solución para la próxima. Reiremos, pasearemos por la montaña y nos bañaremos. En la comida, como siempre, las mujeres estarán en un extremo y los hombres en otro. No es sexismo sino la costumbre; somos nosotros los amigos y siempre vamos juntos.
No sé lo que hará Mónica, está acostumbrada a estar a mi lado o enfrente, le gusta mirarme a los ojos y reír de mis ocurrencias.
Una semana tranquila pero plena en la vida de un hombre sencillo y normal, como cualquiera de los que leen este blog; solo que no puedo contarla si no es aquí, entre los que me conocen por mis letras y lo que emite mi sentimiento al escribirlas. Ni siquiera mis viejos amigos podrían compartir semejante historia sin escándalo y horror. Tan solo Joan, Vicki y Anna, y eso con la convicción que es un error que con el tiempo saldrá caro. Sin embargo, han pasado ya treinta y seis años, y la única amistad que se ha mantenido férrea e impertérrita a través de ellos, las circunstancias y el cansancio ha sido la nuestra.
Siempre escribo como si fuese la última vez. Probablemente ésta sea la idea, en cambio, aún sin haber pasado un día, encuentro que tengo otras mil cosas que contar; y mi mente enloquece igual que la pluma corre por el papel. Y me cuento... Sí, me cuento una historia sin terminar de creérmela, en el autobús, en el Metro... Pero al llegar a casa despierto de mi incertidumbre, porque, invariablemente, las dos me esperan con la bolsa preparada. Y nos contamos mil historias, y reímos de mil anécdotas, y nos preocupamos porque el tal y el cual no son todo lo felices que deberían, y...
Y hoy, viernes, cenaremos jamón y chorizo ibéricos con cava -Amara nunca perdona los viernes-; y brindaremos por el amor y el sexo o lo que se tercie en aquel momento, por mucho que el tumor le haya crecido otros dos milímetros. Y después nos amaremos con sexo o sin él, da lo mismo, o leyendo un buen libro; con la cabeza de Mónica sobre mi vientre y su mano acariciando mi sexo como de costumbre; y con la cabeza de Amara en mi hombro y su mano haciendo rizos con el vello de mi pecho como tanto le gusta.
Y es seguro que, aunque todo nuestro entorno se derrumbe, nuestra amistad, la mejor del mundo, perdurará.

Me entero que aún hay quien piensa que la pulsión erótica del hombre es distinta que la de la mujer. Pienso que con los tiempos que corren, pensar eso es estar en la inopia o, peor aun, sufrir una amputación erótica.
Con lo bien que se lo pasa uno dilatando el placer, pausando el orgasmo femenino y dejando que la mujer se recree no solo en la piel del hombre.
¡AH! El sexo... ¡Cuántos placeres escondidos!
El ser humano, por mucho que viva, nunca conocerá todos los misterios que encierra su cuerpo; y cuando descubre uno nuevo, lo disecciona y estudia todas sus posibilidades para sacarle el mejor provecho.
De vez en cuando abro el enlace de un comentarista en otro blog. Hoy he descubierto a Xiren, de la Ruta de la Medusa en el blog del Impresentable. Y... ¡Joder! Vaya blog... Me ha sorprendido. Y es que Southmac siempre da sorpresas.
Ciertamente, en la red la edad deja de tener importancia, aunque no es que le dé demasiada fuera de ella.
Y no es que sea cínico. En esos casos siempre debo recordar a C y mirarme al espejo, que maldita gracia me hace; entonces rectifico, y no solo mis palabras sino también mi pensamiento.
Cuando escribo debo olvidarme de la edad y dar más valor a las circunstancias; y para ello, aunque ustedes no lo crean, debe hacerse un considerable esfuerzo.
Busco fotos del club. La próxima temporada será la última para nosotros; traspasaremos la responsabilidad a otra junta y nos retiraremos. Serán diez años y, antes, siete más dependiendo de una escuela a la que el deporte era un estorbo.
Aún recuerdo cuando, en una reunión de padres, la profesora se quejó de la gran agresividad que existía en el aula. Y nuestros hijos tenían ocho años... Organizamos un par de equipos de baloncesto mixtos, y en el tejado del colegio montamos la cancha. Después de aquello nunca más se nos volvió a hablar de agresividad.
Hoy tenemos un club con ciento veinte chavales y una escuela de baloncesto para los más pequeños. Del colegio donde todo empezó ni se sabe. Aquellos chavales de ocho años ya tienen veinticuatro, no juegan pero son los nuevos entrenadores.
Diez años son muchos. Ya es hora que entre sangre nueva y fresca, con nuevos desafíos y ambiciones, fronteras más lejanas.
Necesitamos las fotos para montar una película conmemorando la efemérides. Y encuentro las de cuando nuestros hijos eran pequeños y mi cabello absolutamente negro, pero también fotografías que no recordaba haber hecho, álbumes escondidos tras montones de discos de vinilo, cajas de zapatos llenas de ellas y fotografías de Amara con José, Vicki, Mónica, Joan, Susana... En el barco, en Cadaqués... desnudos y vestidos... bellísima y atractiva. No sé si esconderlas, si en el estado que se encuentra es bueno que las vea; aunque pienso que es una cobardía, que lo lógico y decente es que pueda recrearse con ellas, y reírse del cambio que todos hemos sufrido.
Una vez leí, no sé donde, que el desconocimiento del pasado absolvía el presente. La frase es muy acertada, la transición española y el crecimiento del fascismo en Italia y Austria son buenos ejemplos; pero no solo en política, también en el día a día de nuestras vidas.
Lo peor de un hombre es la negación de lo que ha sido. Cerrar los ojos a sus fracasos y éxitos de antaño, a sus vergüenzas, es una cobardía que siempre pasa factura.
Ahora bien, como todas las frases bellas y altisonantes, a esa se le puede dar la vuelta: también el presente puede absolver el desconocimiento del pasado.
Escribo hecho polvo. No sabía que físicamente estuviera tan blando.
Acabo de llegar con Amara del gimnasio. Dos horas machacando mi cuerpo constante y agresivamente. Es la primera vez que piso uno, nunca me había hecho falta. Amara está acostumbrada; desde su último embarazo no ha parado de frecuentarlos, nadar, hacer pesas, sauna... Cuando la veo tan hinchada y con sobrepeso, y a la vez tan ágil y fuerte me animo; pienso que una mujer como esta nunca se rinde y terminará recuperándose.
Casi al terminar se ha presentado un monitor...
- Usted todavía no ha pasado la revisión médica-
- Pues no, pero tengo hora-
Mira el aparato. Antes había ojeado los anteriormente utilizados.
- ¿Ya sabe que está forzando mucho? ¿Cuánto tiempo hace que no entra en un gimnasio?-
Miro a mi compañera. Su cara es un poema, solo falta que se le parta la caja.
- Medio año-
- ¡Ah! Entonces no pasa nada, pero vaya con cuidado; a veces medio año es demasiado para tanto esfuerzo-
Y cuando se va, Amara se desternilla.
- Te dije que debías empezar de diez en diez kilos, pero no a partir de cincuenta. Esta noche dormirás plano pero mañana estarás molido-
No sé como dormiré, la verdad, ya estoy molido; mañana ya veremos. Por lo que pueda pasar, hoy escribo, mañana igual ni puedo.
¿Me estaré haciendo viejo?

A veces pienso que confundo deseo con recuerdo, sin embargo, cuando en un esfuerzo de memoria traspaso el tiempo y me sumerjo en el recuerdo de los sentidos, descubro con asombro que no es confusión lo que tengo sino que tan solo sufro el deseo del recuerdo.
Y C., lo primero que me dice como saludo es...
- ¡Has adelgazado! Estás mucho mejor-
- ¿Mejor?- Y me río con ganas. -Solo llevo perdidos seis kilos-
- Pues estarían todos en la tripa-
- No sigas que me engordo-
El seis de este mes cumpliré cincuenta y siete. No está mal.
Quería llegar a los ochenta y cinco kilos, no ha sido posible, falta uno para eso, pero tampoco ha estado mal. He perdido seis en tres tranquilos meses, sin ansiedad ni preocupación por mi parte.
Durante el aniversario me será imposible seguir la dieta, en la empresa tienen preparado un festín y por la noche la familia otro
¡Qué más da! Un día es un día.
Un metro ochenta, cincuenta y siete años y ochenta y seis kilos... no, no está mal después de todo.
A partir de ahora haré un esfuerzo, lo necesito si no quiero quedarme estancado.
Hacía tiempo que no comía tan poco. Mi alimentación ha ido adecuándose a las necesidades del cuerpo.
- ¿Y al día siguiente?-
Me desperezo. Estoy mal acostumbrado y la luz me molesta. Ya no soy aquel hombre que, fuera de día o de noche, dormía tanto sobre una roca como atado a una rama en lo alto de un árbol.
Tengo treinta años y, para mí, los ocho que han pasado desde mi entrenamiento parecen una vida. Mis músculos, antes fuertes y elásticos, parecen entumecidos, y mi vientre ya no es todo lo plano y musculoso que había sido.
Me incorporo con cuidado. Miro embelesado a mis dos compañeras, una a cada lado, tranquilas, con su desnudez cubierta por la ligera manta que hemos compartido. Las acaricio con ternura, pero también con morbosa admiración y la excitante satisfacción de saber que he disfrutado de sus cuerpos hasta caer agotado.
Duermen profundamente. El sueño hace que aún parezcan más jóvenes de lo que son.
Me levanto, busco los útiles de pesca y me acerco a un pequeño promontorio, unas rocas que entran en el mar formando, a su izquierda, un pequeño golfo de suave arena y una ensenada con apenas dos o tres palmos de agua, donde ayer por la tarde, solo llegar, utilizamos como húmedo y suave colchón para retozar y jugar como adolescentes.
Sé que encontraré pescado suficiente para pasar el día, consiguiendo así que del pequeño frigorífico del barco solo mengüe la verdura fresca.
Mónica puede alimentarse con cualquier cosa, siempre y cuando sea yo quien la recolecte; desde un ratón de campo, una culebra, saltamontes, verduras o tubérculos... da lo mismo; en cambio, Amara, nada entrenada en esas lides, no solo es incapaz de comer semejantes manjares sino tampoco algunos de los más comunes.
Veo a lo lejos como se levantan y estiran sus gráciles y elásticos cuerpos; como hablan entre ellas mirándome con gracia e interés; como se acercan desnudas y se lavan con cuidado en la pequeña ensenada. Y, asombrado, veo como, con alegre y despreocupado divertimento, se ayudan mutuamente en tales menesteres.
Mónica, en su desnudez no puede soportar el contacto de una mujer; sin embargo, con su nueva amiga siente tal afinidad que no solo no le molesta sino que también lo considera natural.
Amara se lanza al agua. Quiere llegar a nado hasta el barco, necesita una meta para obligarse y sentirse bien; su médico le ha prescrito mucha natación para corregir su dañada espalda, la deformación lumbar que tanto atractivo le da a su trasero. Una vez en su interior encenderá el pequeño motor a fin de cargar las dos baterías, también conectará la radio en los canales nueve, trece y dieciséis correlativamente para conocer la última previsión meteorológica o por si alguien tiene problemas.
Pocas veces, estando solos, tendidos en la arena de la playa, con un café en cualquier bar de Barcelona o cenando en un restaurante como viejos amigos Mónica y yo hablamos de política o del pasado, próximo físicamente, pero muy alejado para nosotros.
Es Junio de 1981. Tan solo hace cuatro meses de la intentona golpista que desordenó y cambió toda la vida política del país. La esperábamos, sabíamos que sucedería y fracasaría, e intuíamos como se resolvería. Y ahora reímos al recordar los nervios de José al amontonar todos sus papeles y llamar a la sede del partido por si se debía quemar algo. Y de cómo Amara, con una intuición y sabiduría extraordinarias, se mofó de todo lo que pasaba y nos preguntó, entre perpleja por José y aviesa por nosotros, lo que pensábamos de todo ello. Aquella noche la pasamos juntos los cuatro, Amara y él ya eran amantes, sin embargo, parece ser que la cosa no llegó demasiado lejos.
Un doble golpe de Estado, el de los involucionistas por una parte y el de los que, vigilantes, dejaron que sucediera y casi provocaron por su inacción y presunta debilidad por otra; el de los promotores de la vigilada democracia que nos ha tocado vivir. Sabíamos que los últimos aflojarían el pulso a propósito para provocar el último y definitivo enfrentamiento, el que desarmaría y descubriría los últimos reductos de un franquismo trasnochado. Una obra de arte de maquiavelismo cruel e inseguro, muy a la altura del valor y de la osadía de la gente que, creíamos, estaba detrás de todo aquello.
¿Y por qué?
Porque nosotros, fieles alumnos y disciplinados soldados, hubiésemos hecho lo mismo, hacía tiempo que nos mordíamos las uñas esperándolo; pero también despreocupados y seguros, conscientes que si algo salía mal debíamos volver a la lucha bajo la misma batuta, por muy hundida que estuviera o cansados que nos sintiéramos.
- Pau, confiesa que has vivido-
- Espero que menos de lo que tu vivirás, amiga mía-
Y ahora ríe, su simpática sonrisa se convierte en franca risa. Y sabe que puede ser cierto, que ya hoy vive con una intensidad extraña para su entorno.
- Pero no creo que sea lo mismo. Me hubiese gustado haber vivido igual que tú, con la misma pasión-
- Y a mí con la tuya. Somos las mismas personas en los mismos tiempos, pero con vidas distintas. Somos contemporáneos, no lo dudes, amiga mía-
Y apoya las mejillas en sus manos, abrazando su cara mientras me mira a los ojos, con fijeza; ya sin aquella peligrosa pasión que tanto temí en su día. No sé lo que piensa pero lo intuyo... y me gusta, me gusta la risa de su mirada mientras estudia mis facciones, arrugas, ojos; es una mirada suficiente, segura y poderosa. Y me doy cuenta que es feliz, y me siento bien por ello.
- Me gusta como me dices: amiga mía. Sigue con tu historia. Háblame de Amara, de cómo es ella-

Talmente parece que recite en prosa una estudiada, poética y acaramelada frase de amor y no es así; la fantasía de un recalcitrante inmaduro que insistentemente roba tiempo a la intolerable madurez y no es así...
Si algo me conmueve, amiga mía, es ver en el recuerdo sus siluetas sinuosamente cimbreantes o espectacularmente esplendorosas, mientras se desnudaban para mí a la contraluz de la luna; oír en el recuerdo sus melodiosas y susurrantes risas en la clara noche antes de arrebujarse a mi lado; sentir su suave e invitadora respiración, calor, ternura y amor en el vello de mi cuerpo.
Lo hace a propósito para enloquecerme, con la justa desgana para que no lo parezca y el aire de despiste que le caracteriza. Mientras, Amara, abrazada acaricia mi pecho, hombros, vientre con las yemas de sus dedos; y con su boca mi cuello y el lóbulo de mi oreja.
Y una vez desnuda se acerca. Su frondosa y ondulada media melena cae desordenada sobre su cara, ni un cabello más de la cuenta, todos en su lugar de manera que a la tenue luz pueda apreciar la belleza medio cubierta de su cara, de sus ojos, de su boca... sus cabellos se mueven al compás del movimiento, enseñando siempre la justa porción de su fina belleza.
Y se acuesta a mi otro lado, pegada, tierna, cálida... tomando el relevo.
Amara se levanta y despereza. La suave y vaporosa tela insinúa el salvajismo de su belleza. Y se desnuda con estudiada indiferencia, levantando los brazos y estirando su poderoso cuerpo, y lo arquea simulando un inexistente dolor de espalda, de perfil a la exuberante luna llena...
Sus redondos grandes y perfectos pechos, su vientre plano, su respingón y lujurioso trasero...
Y sus manos encuentran una de las ramas del pino bajo el que nos guarecemos, y se cuelga de ella con los brazos y piernas abiertos emitiendo un gemido de satisfacción que, estoy seguro, estremece a los espíritus. Suelta la rama y, con las manos tras la nuca y el pecho mirando la luna, gira su cabeza con un gracioso gesto. Nos mira, sonríe, habla... Y no recuerdo sus palabras, la conversación...
¿Tan importante era?
Ni siquiera sé si escuchaba mientras, embobado, miraba la atractiva gesticulación de su boca, el sexo en su estado más puro, salvaje, brutal y bello.
Y la memoria se nubla. Huye como aquella noche hicieran mi retina, mi sentido y mi conciencia.
Y sólo recuerdo las caricias de Mónica, su boca mordisqueando mi pecho, su cálido y tierno abrazo.
Y Amara se acerca, felina, hambrienta...
El recuerdo de la felicidad absoluta, del placer del hombre y del macho en un grado imposible de expresar con palabras.
- Pero esto no es un cuento, parece real- dice riendo.
La miro y sonrío. Veintitrés espléndidos años, inteligente, combativa, madura en su juventud; toda una mujer adulta y de perfecta belleza, su imagen irradia sexo y seguridad. La mayoría de los treintañeros del planeta morirían por estar hoy en mis huesos.
Almorzamos cerca de mi trabajo, acaba de llegar de los Estados Unidos y ha querido darme noticias del viaje. Mis amigos norteamericanos la han acompañado en su visita a Nueva York.
G. me escribe satisfecha e impresionada por la mujer que, como favor especial, le había encomendado. Por sus letras denoto desconcierto... –Por la edad creí que era amiga de tu hijo, y lo confirmó, pero aclarando que lo era más tuya. Me comentó que eran antiguos compañeros de clase desde párvulos, sin embargo, que la intimidad era contigo...-
Pienso que en nuestro próximo encuentro deberé aclarar nuestra historia. No me gusta que la gente que quiero suponga o intuya.
Hemos hablado de literatura, de política, de economía, de los principios y como defenderlos sin sacrificar nuestro futuro...
¿Futuro?
Tengo cincuenta y seis y C., como antes dije, veintitrés. Quien debe cuidar su futuro es ella. A mí ya solo me queda mantener el mío y luchar por el de los jóvenes como ella.
Estamos confusos. Hace tiempo C. creía que no sería posible mantener nuestra amistad a causa de lo vivido, y yo que tardaría mucho más en darse cuenta que sí lo era.
Hace más de un año perdí una joven y bella amante, la mejor que hombre alguno puede aspirar, y hoy he ganado una joven y completa amiga.
C. tiene sed de aprendizaje. Me sedujo por ello. Sin embargo, ahora se ha dado cuenta de mi razón cuando intentaba convencerla que tanto aprendía ella de mí como yo de ella. Ya no se siente deudora como buena caníbal de conocimiento sino segura, fuerte e igual. Habla sin vacilar mirándome a los ojos, con sonrisa alegre, percatándose de mi turbación al mirar el generoso escote de su camiseta, sus redondos y poderosos pechos...
Y ahora que podríamos volver a tener un idilio, sé que ya no será posible, no nos apetece. Y de ser así ya no correríamos el riesgo del amor, somos demasiado amigos para ello.
Cenaremos juntos, quiere invitarme al restaurante de un amigo, después tomaremos unas caipirinhas en Berimbau, donde comenzó nuestra fuerte amistad.
Hoy C. ha abandonado la cama para seducir al maduro macho. Ha aprendido que lo puede hacer mejor y más tranquilamente, de mil maravillosas maneras, sorprendiéndolo y extenuándolo sin necesidad de follarlo. Y una vez más me avezo que debo ir con cuidado. No deseo enseñarle lo antiguo y caduco sino lo nuevo y actual, a verlo con un prisma distinto, sabiendo apreciar las mismas cosas desde la justa lejanía para que las vísceras no puedan desbaratar la independencia de la mente.
- ¿Tu crees?-
Y mirándome fijamente...
- Es cierta... ahora estoy segura-
- No sé contar cuentos, lo hago mal, prefiero recordar una historia y llenar los vacíos de la memoria con realidades ficticias y posibles-
Mientras pedíamos café había retado a mi imaginación pidiéndome que relatara un cuento, a ser posible un punto picante. -Algo que me enseñe, pueda aprender de él- me había dicho con su ya continua y pícara sonrisa.
- Sigue. Me gusta esa historia-
Imagina, amiga mía, una noche de ensueño, de sexo y amor infinitos bajo la copa de un pino y sobre una arenosa duna en la playa de las salinas de Formentera.
El barco, con sus luces de posición, balanceándose anclado frente a nosotros, tras una roca que aflora sobre el mar.
Ya no quedan palabras que puedan describir la belleza del entorno, el encanto del momento y el placer del hombre amado y follado por sus dos amadas y fantásticas mujeres, devorado meticulosamente por dos expertas en el arte del sexo.
La miro en silencio. Realmente no quedan palabras.
He aceptado el desafío por una razón: hacía tiempo que quería escribir sobre esta historia en “El Blues de Amara”, la posterior a nuestra luna de miel. La tenía impresa en el cerebro.
- Da lo mismo. Sigue por favor. ¿Y al día siguiente?-
Todos los dibujos del tema "El Blues de Amara" han sido extraídos de Druuna (Eleuteri Saltieri)

En un día como hoy, hace veintisiete años, Amara y yo ya habíamos atravesado España con nuestro 127 y su marcha de atrás rota, a causa de la poca pericia que nuestros amigos tuvieron al levantar el coche.
Primero visitamos a sus abuelos en Rute, el pueblo del aguardiente.
El abuelo, un hombre gigantesco y entrañable, de cabello rubio ceniciento, ojos de color azul claro, casi trasparente, frente ancha y cabeza grande siempre embutida en su boina; de raza claramente germánica, descendiente de los antiguos combatientes heridos que llegaron de la guerra franco-prusiana; y de apellido híbrido y ambiguo que cambió gracias a las influencias de un amigo señorito. La abuela, una mujer delgada y menuda, vivaracha, trabajadora y gran cocinera, que solo con ver a su nieta la abraza y llora de alegría.
Nos dejan su gran dormitorio con una gigantesca y mullida cama en el piso superior de la pequeña y vieja casa, bajo ella hay un orinal, puesto que el cuartucho donde están el lavabo, la ducha y el retrete, se encuentra en el patio con las gallinas, los conejos y el asno. En la pared frente a la cama hay un precioso mueble de época con una jofaina llena de agua. A su lado, colgada de la pared, una foto del hermano del abuelo, fusilado por las tropas de Franco. Él también estuvo preso esperando su día, pero el señorito para el que trabajaba lo salvó en el último momento.
Me levanto pronto. Amara, después de una noche de ensueño, me dice que probablemente su abuelo espera en el comedor. Lo encuentro frente un par de vasos llenos, con su boina calada, mirándome fijamente... no es hombre de bar, cosa rara en este pueblo.
- Bebe. Eso repone las fuerzas-
Pienso que en una casa tan llena de grietas, los gritos y suspiros de los orgasmos de su nieta forzosamente habrán llegado a su oído.
Lo primero que me viene a la cabeza es que aquellos vasos de sencillo duralex contienen agua. No comprendo la invitación ni el comentario... Acerco el vaso y, en el último momento, al llegar su perfume a mi nariz, me contengo, es aguardiente en su estado más puro; miro de reojo, se ha bebido el suyo de un trago... doy un sorbo, luego otro...
- Abuelo, soy de ciudad, en ayunas no estoy acostumbrado-
Paseamos por el pueblo. Amara, con un pantalón de suave y vaporoso lino que parece querer deslizarse a través de la cadera y una camisa de bambula, medio abierta y atada en la cintura descubriendo su perfecto vientre, turba la vista al más pintado. Una sutil manera de causar desasosiego, de atraer las miradas, de soliviantar un mundo de intolerancia; una premeditada manera de vestir y andar con un suave toque de calculada indecencia, dejadez.
Oigo como se mueven algunas persianas... las mujeres del pueblo, chismosas y de estrecha moralina miran tras ellas...
Amara me abraza, introduce su mano a través de mi abierta camisa, muerde mi cuello, oreja... con una suavidad que enerva...
- Vete a saber lo que mañana dirán las viejas del pueblo-
No es un reproche sino un aviso. Me sabe mal por ella, su familia, sus conocidos...
- A mis abuelos les trae sin cuidado, pero cuando mis padres vengan oirán cuchicheos- y lo dice entre divertida y desafiante -viejas y no tan viejas dirán: la hija del Lérida se comporta como una puta-
Y se para y me abraza por el interior de la camisa y acaricia mi pecho y araña suavemente mi vientre... estamos en medio de la calle... besa mi boca con apasionamiento...
- ¿Pero a que follo más y mejor que ellas?-
En un día como hoy volamos de Rute a Córdoba en nuestro trucado 127. Nos esperan sus tíos, jóvenes, con ganas de juerga y muchos amigos a los que presentarme. La tía de Amara, hermana de su madre, es joven y moderna y le hace las veces de hermana y confidente; su esposo es divertido y culto, muy extrovertido, y pronto nos hacemos buenos amigos.
Es la feria de Córdoba, maravillosa y alegre. Nos invitan a una caseta, bailamos y bebemos hasta hartarnos. Soy una regocijante atracción intentando bailar sevillanas, sobre todo por los nuevos amigos que, maravillados, ven como intento seguir el ritmo con manos, pies... todo el cuerpo; para ello una nueva amiga, maestra de baile, me enseña entre uvita y uvita de fino el complejo principio de las sevillanas. Amara, mientras, mira divertida entre una nube de alcohol mi pobre aprendizaje.
Unos días de amor y pasión, de locura y desenfreno, de placer...
Sevilla, Cádiz, Tarifa... pero eso será otra historia.

Son las ocho y media de la mañana, dentro de hora y media hará veintisiete años que Amara y yo entramos en los juzgados de Barcelona para casarnos. Esta noche lo celebraremos con un plato de pasta fresca al pesto y una botella de cava, después editaré este relato.
Habíamos pensado celebrarlo en un buen restaurante. No será posible, tenemos demasiados gastos. Los masajes intensivos, el osteópata, los estudios de nuestro hijo... y mil cosas más; casi todas ellas relativas a la salud de Amara.
Ahora, hace algo más de tres años, empecé a escribir este blog. Recuerdo que cumplíamos veinticinco de casados y mi compañera estaba pasando por los peores momentos de su enfermedad, eso sin contar el resto de males que arrastraba.
Amara está recuperando su forma física paulatina pero imparablemente: masajes especializados, gimnasio, dieta y una férrea voluntad...
Cada quince días es visitada por sus médicos, que, por fin, parece que han conseguido mantener su enfermedad bajo control. Poco a poco, casi imperceptiblemente van disminuyendo la dosis de medicación que diariamente toma. Hace menos de un año eran veintinueve pastillas, hoy son veintiuna y todo parece indicar que antes que pase el año no pasarán de quince. Cualquiera que me lea pensará que es una barbaridad, pero lo cierto es que hace tres años aún tomaba más y no parecían surtir efecto.
Hace veintisiete años un juez, después de llegar una hora tarde con la peregrina excusa que se había reunido con un diputado, nos casó en menos de quince minutos. Mucho después me enteré que había sido un antiguo militante de la Liga comunista, y el diputado un viejo y común amigo que lo convenció de llegar tarde.
Lo celebramos con un banquete en uno de los mejores restaurantes de Barcelona. Lo organizamos con sumo cuidado. Instalamos la familia en pequeñas mesas y a todos nuestros amigos, cerca de cien, en una larga y ancha con nosotros en el centro. Amara iba vestida con un conjunto comprado por mí para la ocasión, y yo con unos sencillos pantalones y un polo regalo de un amigo proveedor, que, cuando aquel mismo día se enteró que en una hora me casaba, no cejó hasta conseguir que me lo quedara.
En el comedor, y como es costumbre entre nosotros, los amigos le sacaron los sostenes a Amara y las amigas a mí los calzoncillos, colgándolo todo de una lámpara. La familia, escandalizada, no entendía el significado de tal ritual.
A la salida nos encontramos el coche apoyado sobre un montón de adoquines, supongo para que no escapáramos.
Por la noche llegamos a casa en un estado lamentable. La puerta estaba tapiada con ladrillos y cemento y alguien me había puesto “Evacuol” en la bebida. Me cagaba patas abajo y Amara se desternillaba de risa sentada en el suelo del rellano. Con un hierro que encontré en la escalera y retorciéndome a causa de los inaguantables retortijones, conseguí abrir un boquete por el que pasó mi cabeza y lo que de mi cuerpo quedaba.
En la calle, agazapados tras unos cuantos coches, estaban mis amigos: Mónica, José, Joan... partiéndose la caja.
Y la fiesta continuó hasta bien entrada la mañana.
Nuestra Luna de miel duró quince días que conseguimos enlazar con las vacaciones.
Quince días corriendo por Andalucía, algunos de ellos visitando la familia de Amara, sus abuelos, tíos y primos para que me conocieran.
Quince días de sexo salvaje y morbosidad extrema en los que Amara se satisfizo plenamente, haciendo una sólida amistad con dos surfistas sevillanos en Tarifa, con los cuales aún hoy, y gracias a un grave accidente de moto de uno de ellos, mantenemos una buena relación. Y un mes navegando por el Mediterráneo en compañía de mis dos compañeras, amores y pasiones... Amara y Mónica. Todo lo que un hombre puede vivir pensando que es un sueño o soñando que es una realidad.
Pero de este mes y medio hablaré en el próximo tema.

Si la mar pudiese hablar, tendría muchas historias que contar.
¡Oh! Que bonito me ha quedado.
Pero no sólo es bonito sino que también es cierto.
No sé quien dijo que la mar era el mensajero, no lo pienso así. La mar es el camino, las ideas el mensaje y el hombre el mensajero.
La mar nunca ha sido un obstáculo para el hombre exceptuando durante la edad media.
Cierto, si la mar hablase se disiparían muchas incógnitas.
En la mar es donde como viajero se descubrió más a sí mismo.
Ni Cachemira o Perú, ni las altas y nevadas cumbres pirenaicas, cuando las atravesó jugándose la vida intentando salvar la de los demás. Nada hay comparable al continuo suceder de las olas y sus crestas, en lo que el hombre piensa cuando las siente con todos sus sentidos, los siete y algunos más; cuando con la mirada fija respira su salitroso aire, ve el vuelo de las gaviotas, oye sus chillidos al picar en enjambres el bullente banco de sardinas o boquerones. Cuando la siente en la noche oscura en la que parece que el oído conecte con la vista. Cuando el hombre está más cerca de lo divino, tanto que hasta lo comprende; como creían los antiguos alquimistas: conocer el engranaje de la cerradura que limita la sabiduría sabiendo que su llave nunca terminará en manos del hombre.
En esta mar, la Mediterránea, es donde se integró más a su amada, la mujer absoluta; donde la conoció mejor, desmenuzó más su mente y espíritu; donde la disfrutó como hembra y persona con intensidad inigualable.
Tiene miedo, no celos. La mujer que se convirtió en su compañera, igual que el resto de sus amigos, no sabe de celos, tanto sentimentales como sexuales. Mónica, su amiga-hermana-amante si los padece; pocos, fuertemente controlados, pero celos a fin de cuentas. Si participa, está allí y ve a su compañero pasarlo bien con otra mujer no pasa nada, no los siente, en todo caso le divierte y satisface; pero de no participar, al enterarse siente un sórdido resquemor interno que la atormenta, un intenso dolor inexplicable para el resto. Cuando José se acuesta con Amara, ésta la llama de inmediato, sabe que su amiga necesita seguridad, el conocimiento; así consigue que duerma tranquila.
Mónica no soporta el desconocimiento. Y con él igual. De vez en cuando necesita pasear, recorrer las callejuelas de la Barcelona gótica, cenar en cualquier bar... Y él le cuenta sin más lo poco de su historia, con quien ha estado, a quien ha conocido. Y ella se remilga, hace como que no le interesa, que no es su problema, pero él sabe por su compañera que sí lo necesita. No acepta de los demás lo que quiere para sí misma.
Amara, tal como José, Joan, Bel, Vicki, Anna, etc. nunca han sentido la necesidad de saber, pero, aunque no la entiendan, todos la respetan.
Deben ser celos, dice preocupada su amiga. Dice deben porque no está segura, no sabe lo que son ni como se distinguen. Al ser una sensación y no poder compararla con nada de lo que ella siente, le es imposible estar segura de lo que se trata. Lo intuye, eso sí. Se ha hablado tanto de ellos... de como son...
Ahora tan solo siente miedo. Está enferma, impotente, no concibe pasar el resto de su vida sin su compañero, teme que la abandone, que se enamore de otra mujer, libre, joven. Sabe que es posible, que él se mantiene vivo, sano y fuerte, con multitud de inquietudes.
Y así y todo, cuando sabe que sale con una buena amiga, la conozca o no, que intimará con ella; lo cuida, viste, arregla. Y lo hace divertida, animada, con interés pero con temor.
- Conocerás una mejor que yo y me dejarás-
- Imposible-
- De eso nada-
Y él la abraza, acaricia, besa.
No son celos, mas sí temor..
Al poco de quedar embarazada de la niña, y con la ayuda de Joan, le incitó a pedir una excedencia para estudiar lo que siempre había soñado.
- ¿Y si me dejas qué haré? No quiero depender de tu dinero. Con lo que gano puedo mantener a nuestra hija-
Siempre con esta idea, la de la provisionalidad. Aún hoy piensa igual. Su relación no es indefinida, sabe que no hay ataduras, solo amor. Tal vez por eso se sienten tan a gusto uno junto al otro.
- Solo es una excedencia de un año para probar-
- Sí, pero perderé el puesto y alejaría mi promoción-
Al final estudió y se promocionó. Pudo ser lo que había soñado y su familia impedido.
Aquella mujer poderosa, autosuficiente, espléndida, inteligente y desinhibida; de excepcional belleza, sexo y fuerza, hoy mira el mundo con miedo y recelo.
Ayer Al asistió a una conferencia de Konsta.
- Bestial- me dice – Formidable- redunda. – Es inteligentísima, un cerebro. No entiendo porqué no es conocida-
- Hay gente que tiene suficiente con el reconocimiento de los suyos. No necesitan ni desean más, ¿comprendes?-
Arreglo mi barba mientras se ducha, da vueltas al tema sin atreverse a entrar en lo que le inquieta.
- Erais muy amigos, ¿verdad?-
- Y lo somos... más que amigos-
Y pienso si debo dar otra vuelta de tuerca. Ya hace tiempo que le expliqué, pero tal vez hay historias que los hijos deben escucharlas un par de veces. Es bueno que el hijo, que, además, es amigo, sepa más de uno y por uno mismo.
- Es mi amiga-hermana-amante, además de ser mi ex compañera-
- ¡Ah! ¿Y Amara lo sabe?-
- Claro-
- Enseguida me reconoció, hablamos bastante, sobre la conferencia, la bioenergía, cómo la producen los animales... su hija... –
Y frente al espejo sonrío. Vete a saber de lo que hablaron para estar dándole tantas vueltas.
- Me dijo que es un orgullo tenerte como amigo-
Y ahora ya no... ya no sonrío. Los recuerdos se agolpan. Una historia de amor y amistad, de las más bellas e intensas, recorre mi cerebro y hace que vea brillar mis ojos tras el espejo.
Soy un romántico. Mi amiga dice que tierno. Puede que sea cierto, hay momentos que lo parezco.
Yo también me siento orgulloso de mis amigos, de todos sin excepción.
Y lo oigo hablar con la misma mezcla de pasión y timidez, de parsimonia y seguridad que mi amigo-hermano Albert.
Y pienso que es un orgullo tener un amigo como aquel y un hijo como este.

Esta mañana, solo llegar del aeropuerto, Amara se ha echado en la cama. Llego del trabajo y la encuentro en la misma posición. Está reventada, hecha polvo.
El refranero dice que nunca segundas partes fueron buenas. Posiblemente, exceptuando en asuntos de climatología, la sabiduría popular acierte tantas veces como yerra; esta ha sido una de las últimas.
La fiesta ha sido formidable. Tal vez la más tranquila, sosegada y poco salvaje de todas las que Amara haya podido participar con plenitud, pero para ella ha significado un cambio de rumbo, la demostración de su mejoría.
Nunca me ha gustado seguir ciegamente un rumbo prefijado. En la vida, como en el mar, hay que adaptarse a las circunstancias, a las posibilidades, al entorno...
Cuando empieza una singladura se sabe de dónde se sale pero nunca donde se llegará.
Al navegar a vela es necesario fijar un rumbo para llegar al puerto de llegada, pero después el viento rola, el mar se encrespa; ninguna ola es como la anterior, ningún mar se parece a otro. El marino va cambiando el rumbo según sus necesidades, como también el objetivo planeado.
La mar está rizada, el viento es propicio, la compañía es agradable, incitante... deseas llegar lo más tarde posible, atrasar el final del viaje, incluso cambiar el lugar de arribada.
¿Cuántas veces lo hemos hecho?
Innumerables. Casi tantas como singladuras.
Pili, a solas, llora de alegría; no podía imaginar que todo hubiese podido ir tan bien, que su amiga haya vuelto a ser quien fue. Y Vicki no, su carácter lo impide, pero sus ojos brillan de alegría y lujuria. Ha vuelto a disfrutar de su amiga como antes, abrazarla, acariciarla, besarla riéndose divertida; a sentir la excitación, el placer del sexo. Y Joan está exultante, excitado por la agradable sorpresa, exigente consigo mismo, organizando nuevos y disparatados encuentros, nuevas y salvajes fiestas.
Y los británicos, que parece que los años les hayan pasado en balde, excitados, animados, alegres y satisfechos por haber reencontrado a su amiga, por volver a verla casi tal como era: absorbente, extrovertida, alegre, disparada... bromeando con ella, persiguiéndola, pellizcándola, abrazándola, besándola, acosándola con pasión dulce y cariñosa pero ardiente. Y ella dejándose con simpáticos requiebros, con un sorprendente y recuperado atractivo.
Y él... viéndolo todo desde la lejanía, observando satisfecho como si de una gran obra de arte se tratara, una sinfonía de mil instrumentos afinados con maestría, de acordes que sin haber sido previamente adaptados, llegan a sus sentidos con perfecta armonía.
Y ve a Vicki más bella que nunca, atractiva como pocas veces, observando embelesada a su amiga, con los ojos chispeantes, excitada... Y él se acerca, y la abraza por sorpresa delante de todos, y la besa, y acaricia su cuerpo sin complejos ni prejuicios, con la misma pasión de hace mil años. Y ella se abandona...
Nada como navegar haciendo grandes bordadas, para, de vez en cuando, poder relajarse con el viento por la aleta; fijar un rumbo imaginario, sin un claro punto de llegada, dejar el piloto automático olvidándose momentáneamente del gobierno de la nave. Y es que la compañía lo vale y se lo merece.
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Y hoy mi amiga me pregunta en “Un gato en el balcón” si veré el debate y votaré.
Y respondo a lo primero que no, que el debate me da lo mismo. Rajoy es el presidente de un partido que odia mi tierra, una parte de la Nación que pretende gobernar; y Zapatero solo ha mentido a los catalanes y se ha burlado de ellos.
De presentarse votaría al nuevo partido de Maragall, pero creo que no lo hará. Antes hubiese votado a ERC por su solidez administrativa y honestidad, pero desde que han elegido la imbecilidad de votar en contra del trazado del AVE los he desechado hasta que maduren. Por tanto, votaré en blanco.
Hacer que el AVE pase por el centro de la ciudad ha sido una estupidez, pero ahora que ya está en Sans, en el centro de la ciudad y todo el trazado previsto, desmontarlo aun lo es más.
De ser el gobierno central, paralizaría su construcción hasta que los políticos catalanes maduren, o que el país pague de su presupuesto el resto de las obras y sus caprichitos electoralistas. Y es que lo cortés no quita lo valiente.

TV3 cumple veinticinco años. Los entendidos dicen que es la mejor televisión del Estado, la más valorada por el público. Los que la visualizan menos son precisamente los seguidores de los programas de telebasura.
No está mal. El problema es que puede morir de éxito. Cuando algo funciona tenemos la tendencia de no cambiarlo, de encumbrar y sacralizar a los creadores del éxito. Y al no cuestionarse el sistema se adormece.
El mal de TV3 es su competencia. Y es que si uno se mide con idiotas puede terminar siendo uno de ellos, aunque sea el menos de todos.
Hace mucho que dejé de mirarme en el espejo de los demás, de viajar para absorber ideas, de frecuentar las grandes pasarelas. Ahora solo viajo para distraerme, para aprender del mundo real, para divertirme con mis amigos.
Aprendo en el Metro, en el autobús urbano, en el avión; sea en París, Milán o Madrid, da lo mismo; aunque después no haga nada de lo visto, pero si de lo que intuyo que gustará a la gente que pasea, trabaja, ríe de una broma, liga, se queja de los precios... Y les puedo asegurar que funciona.
El lunes podía pasear por el vagón del Metro, sentarme cómodamente y escribir sin estorbar ni ser estorbado; es de suponer que los autobuses iban repletos de gente. Ayer, martes, el Metro había recuperado parte de sus usuarios. Hoy estaba abarrotado y he viajado de pié. La gente ha perdido la memoria mucho antes de lo que esperaba.
De hacer los políticos un estudio sobre la fragilidad de la memoria del ciudadano, probablemente sus promesas las harían dos o tres días antes de las elecciones.
Ya no juzgo, no tengo por qué, me da lo mismo. Ya juzgué hace mil años, cuando nos dimos cuenta que a la gente le daba lo mismo ser gobernada por una autocracia que por una democracia.
Un malnacido, obispo de Maputo (Mozambique), impuesto como tal por otro de la misma calaña, ha acusado a los europeos de infectar los preservativos con el virus de la SIDA. Parece ser que la población ya no le hacía mucho caso y la terrible enfermedad remitía; y él, celoso de las buenas costumbres, ha propagado la noticia. El otro malnacido, el que gobierna en Roma, no considera que la cosa sea grave, más o menos igual que lo del malnacido de Tenerife. Para él lo que sí es grave es que el gobierno de España imponga una asignatura para ayudar a los futuros ciudadanos a ser más civilizados y respetuosos.
Tampoco se ha escuchado al resto de los malnacidos, aquellos que se manifiestan pretendiendo que todo el mundo sea tan gilipollas como ellos, quejarse de los criminales que amamantan. Eso sí, babosean y tienen orgasmos virtuales cada vez que vislumbran a su santón.
Comemos en casa de Joan y Vicki. Llevamos el portátil para enseñar las fotos de boda de nuestra hija. Con ellos, y en plena explosión de autocrítica compartida, decidimos montar una gran fiesta para celebrar el aniversario de Amara, y ella, personalmente, invitará a todos. Es el momento, y la mujer absoluta, amada por todos, amiga y hermana de todos será el catalizador. Y no todos vendrán, no todos aceptarán enfrentarse a Mónica, y con ella a Pau. Y eso es bueno, desenmascarar los cobardes y aislarlos para que se pudran en su mierda.
Abro el portátil y miramos las fotos. También están sus dos hijos con la compañera de uno de ellos. Y reímos, nos exclamamos. Las paso rápido, sé que en el fondo aburren, son demasiadas. Y es que quiero abrir también otros archivos, el primero es el de la gran fiesta de Pili. En una de las fotos sale una simpática Amara entre John, compañero de nuestra amiga, y un amigo británico lleno de cicatrices.
Nuestras compañeras se miran con una sonrisa de complicidad.
- Está igual que entonces. No ha cambiado nada-
Y se oye una vocecita tras nuestro.
- Que feos son-
Y me río por dentro. Dos hombres brutales, exjugadores de rugby y antiguos componentes de la selección inglesa.
- Pues si vieras los aparatos que gastan... -
Y Amara recibe la tercera patada en la espinilla de la noche. Las dos primeras han sido de Joan y mía cuando la chavala había comentado que nunca se casaría con un divorciado, que no puede soportar ser la segunda. Su carcajada había sido el detonante de sendas y coincidentes patadas.
El británico fue uno de los que se divirtieron con ellas durante aquella salvaje fiesta.
Pronto ella se da cuenta que aquel gigante que tan atractivo encuentra, es animado por los otros tres amigos para que participe del festín. Le supone intimidado por la gran cicatriz que atraviesa su cara hasta perderse más abajo de la garganta. Y, disciplente, le dedica sus mejores y más especiales favores, siendo, después, debidamente compensada.
Y recuerda a Joan, nervioso y preocupado, entrando y saliendo de la gran sala donde la habían arrastrado para divertirse con ella. También recuerda tranquilizarlo, decirle que la deje vivir, que aquellos hombres son incapaces de hacerle daño y, en cambio, sí mucho placer.
Y Joan, en una de sus visitas, confiesa que la tratan con locura y pasión, con una mezcla de ternura y dureza extrema. Y él sonríe, sabe que es feliz y plenamente satisfecha. Y después, cuando hablan sobre ello, apasionadamente, como siempre que se aman, le cuenta que John hacía esfuerzos en mantenerse educado y hablar en castellano... y con un gracioso mohín le explica como su amigo perdió los papeles y olvidó su cabeza y el idioma.
Es consciente que no es la más divertida y salvaje, que esas son las que organizan privadamente, sin premeditación, sin más compañía que la de ellos mismos. Las fiestas donde todos los impulsos y morbosidades son satisfechos, en las que nadie juzga ni pide explicaciones, donde todo está permitido siempre que se siga un código no escrito ni pactado: respetar al amigo, su sensibilidad y sentimientos.
Cuando piensa en la fascinación con la que ella recuerda aquellos dos largos días, cree que es debido a la imposibilidad de entenderse con los cuatro hombres gigantescos, maduros, quince años mayores que ella, sabios.
Palabras apasionadas, gestos duros, voces profundas, pieles curtidas por el sol y el viento marino, manos grandes y fuertes.
No se entienden, solo las risas, los gemidos, chillidos de placer que se oyen por todos los rincones de la gran casa; palabras incomprensibles pero que se intuyen, traducen con el fuego de los ojos, la dureza de los machos, los requiebros de la hembra cachonda, sus caricias y besos, su hambrienta boca de piel y carne masculinas, su embriagadora mirada, sonrisa, nariz, boca... sus irresistibles gestos, labios, suaves y candorosos gemidos...

Cuelgo el teléfono sabiendo que Pili no va a fallarme, que, de poder, conseguirá en la isla un trabajo para mi hijo y su amiga durante este verano.
- ¿Son pareja?- Me pregunta.
- No, incluso se esconden las vergüenzas.-
Y un discreto silencio seguido de una carcajada se apodera de la línea.
- ¿Tan puritana es? Tu hijo no lo parece.-
- Ella sí que no lo parece.-
Ahora el asombro es evidente.
Y, en broma, como sin querer...
- ¿Seguro que es hijo tuyo?-
- Cuando le pregunto a Amara, siempre responde con su gracia y un encogimiento de hombros.-
- ¡Ah! Eso es que no duda.-
- De no ser yo, el único que podría es Albert, y a ése aun se le parece menos.-
Y callo. Mi mente hace un respingo, por una vez vacilo, dudo; ha sido un flash, una impresión momentánea. Al, a medida que madura, que se estabiliza, va pareciéndose más al otro Albert, mi gran amigo-hermano; en su seriedad, gravedad, compromiso; en como profundiza sus vivencias, sus pensamientos, como afronta los problemas; y su arrojo, tenacidad, elasticidad, sensibilidad.
Y la inmediata respuesta de Pili rompe mi ensoñación, la fugaz impresión.
- Que tontería... No se le parece en nada, ni en pintura; en cambio el andar, su espalda, su tranquilidad y calidez, sus ojos y mirada... son tuyos. Es clavado a ti.-
Pero sea como sea Al es mi hijo, mi alma gemela, mi mejor amigo.
Y recuerda aquel precioso e increíble fin de semana en el que, junto al atractivo, fuerte y simpático Albert, fue abducido por Amara.
La piscina de su casa, el jardín, la marihuana, el excelente vino; la dulce y cálida noche al pié de la fogata donde asaron las costillas; el amor, la suave conversación. Y las mantas donde se arrebujaron, la desnudez de los cuerpos, la ternura de su piel. Y su sugerente boca, sus besos absorbentes, dulces; y su voz embriagadora. Y el sexo, primero suave como ella, después tórrido y brutal.
Y ahora, en la memoria, la ve retorcerse en manos de los dos hombres, devorada por sus bocas, la ternura de sus gemidos y requiebros que denotan sumisión y abandono... Y su extraordinaria belleza, impresionante al contrastarse con la luz de la fogata, sus tenues aullidos de hembra cachonda, desmadejada, perdida completamente.
Y la ve levantarse con triunfo ante los dos rendidos machos, con los miembros desgajados, y las mentes desquiciadas; y mostrándoles su poder y fuerza, la belleza de su cuerpo. Y recuerda sus manos tras la nuca, el cabello alborotado en su cara, su seductora sonrisa y mirada, su desafío. Y el desespero compartido por volver a poseer a la increíble hembra, por despedazarla y satisfacerla a un mismo tiempo, por expulsar de sus cuerpos toda la pasión y entregársela sin freno.
Y sí, cada día son más los que creen que debieron continuar hasta matar la rabia, la de ellos y la suya, aun dejando la piel en el intento.
Paseando por los caminos que atraviesan los oscuros bosquecillos de la montaña, aquellos por los que nadie se atreve cuando señorea el crepúsculo de la tarde, de la mano igual que hace mil años, hablan de como la libertad ha retrocedido, de como se reprime al que reclama libertad y se encubre al que la persigue.
Nunca hubiesen imaginado que verían a unos hombres perseguidos por pedir públicamente la libertad, y a otros encubiertos por exigir la disolución de la de los demás.
Y sí, ahora están seguros que deberían haber persistido hasta eliminar al perro, hasta conseguir que muchos de los que hoy se mantienen y hablan con chulería terminaran entre rejas o exiliados, hasta que los antiguos torturadores y asesinos fueran ajusticiados.
La lucha, por muy terrible que sea, siempre es más digna que la vergüenza.
¿Es lícito y lógico pactar un régimen con límites a la democracia?
La libertad del ser humano como grupo social, es intrínseca de él mismo; y la lucha contra todo aquel que se le oponga es lícita sea cual sea su intensidad y consecuencias.
Desde el momento que una sociedad necesita negociar su libertad deja de ser democrática. Y la consecución de dicha libertad admite toda forma de lucha, hasta la más cruenta.
Y hoy Amara me da las gracias por haber estado con ella, por haber aguantado tanto tiempo y sacrificado tanta vida.
Me subleva el escuchar que me da las gracias por algo, tender la ropa, hacer la cena, la comida, planchar, etc. Siempre respondo de manera parecida, devolviéndoselas por haber limpiado el lavabo, hacerme una tortilla, haberme despertado cada mañana aun estando de viaje; pero lo de hoy ha superado todo lo imaginable.
Por un lado me satisface ya que denota una clara mejoría. El sábado, en un par de apasionados ataques, ya me demostró que estaba a un paso de ser la de antes. Por otro desarma mi espíritu, y es que no demuestra ser la mujer fuerte y salvaje que me conquistó sino una débil caricatura.
Nunca hubiera imaginado que terminaría cuidándola, amándola tan enferma. Era impensable que aquella increíble hembra, que muchas veces se me hace difícil describir, se convirtiera en una mujer enferma, dependiente de los demás, supeditada a los sentimientos de su compañero.
Y respondo con una caricia, enfrentando su inteligencia a su atormentado espíritu.
- Gracias a ti por haberme enseñado a amar, por haberme dejado estar a tu lado mientras te amargabas por ello, por conservar tu vitalidad y ansia de vivir, por mantener tu optimismo y sentido del humor, tu alegría mientras el dolor no te daba respiro ni la medicina esperanza, por haber mantenido tu faz sin rictus de dolor cuando éste te aniquilaba, sin perder la bella serenidad que tanto te caracteriza, por cuidar y educar a nuestros hijos sin que la enfermedad y el dolor hayan influenciado en ello. Gracias, en fin, por haberme enseñado que aun queda mucho por descubrir.-

Nuestra casa del Pirineo volvió a ser un punto de reencuentro, no solo físico sino también de amistad, sobre todo con Anna y su nuevo y definitivo compañero. Volvimos a montar divertidas fiestas, a organizar preciosas excursiones por la montaña, a compartir juegos de naipes y ajedrez, a hablar de política, de ciencia, de filosofía; y a divertirnos otra vez con el sexo, a terminar nuestros juegos en algo mucho más excitante, a satisfacer las fantasías de cada uno de nosotros.
Podíamos hacer el animal, reír, gritar y aullar sin recato; invitar a quien nos diera la gana, nos gustara o satisficiera, ser todo lo salvaje que quisiéramos. Como en el mar, en el barco, las largas travesías... allí la libido, como conjunto de energías vitales, no tenía freno; nadie podía entremeterse.
Volvimos a encontrar la antigua amistad, a hablar de nuestras decepciones y esperanzas, volvimos a enamorarnos en todos los sentidos.
En África la gente que sufre de trastornos psíquicos sana antes que en el primer mundo.
Curioso, pensamos... Será que están más preparados, que no sufren con la misma intensidad, pensamos... Que la vida estresante que llevamos dificulta la curación, pensamos...
No.
La inseguridad, el hambre, la presión psicológica al ver a tu hijo, hermano, compañero morir por una estúpida diarrea; darte cuenta que no puedes trabajar, comer, tener esperanza... son lo que producen las enfermedades sicóticas como la ansiedad, depresión o, incluso, precipitar la esquizofrenia.
África está llena de eso.
Entonces, ¿por qué se curan antes que en Europa o Norteamérica?
Pues por la sencilla razón que no los ingresan en un hospital, no los abandonan en una residencia, en su casa o en la calle; no los medican con fármacos de la última generación. Su solución es más simple, la única que disponen: no excluirlos de la sociedad.
Nuestra sociedad opulenta ha llegado a su fin. A partir de ahora, o se replantea el camino a seguir o menguará asfixiada por ella misma.
Nos inventamos necesidades ficticias para crear productos inútiles. Parte de nuestro precioso tiempo lo malgastamos en satisfacer estúpidas inutilidades que nunca nos servirán para nuestro desarrollo. Y cada día son menos los que consiguen llegar al objetivo fijado; por el camino queda el resto, los que no pueden, abandonados porque nuestra sociedad no puede perder el tiempo en algo tan superfluo como ser hombre.
Dejo de escribir unos instantes para llamar a Pierre. Hace un mes que le han trasplantado el corazón. Ocho meses de espera y uno de horribles dolores, aun le falta otro para poder estar lo suficientemente bien pero ya no se ahoga, ya puede hablar sin sentir agotamiento, andar y reír con su hijo. En Enero, después de Reyes, lo visitaré con Pili y Amara.
Los primeros en conocer a Amara fueron ellos, Joan y Vicki. Más tarde la presenté a los demás, sobre todo a Mónica; y fue a ella a la que confié lo mucho que me gustaba y amaba, lo muy valerosa, fuerte y luchadora que sentía que era.
Leo en la Orgía perpetua de Vargas Llosa un curioso párrafo de Madame Bovary. Emma, después de escuchar, supongo que embobada, a Rodolphe hablar de sus pasiones y sentimientos vivenciales, le dice: “Nous n’avons pas même cette distraction, nous autres pauvres femmes”. Lo cual para una mujer como ella era muy trágico, perturbador espiritualmente. A Emma muy pronto, la sociedad la considera una mujer “disipada” por tomar de buen o mal grado las riendas de su vida sexual.
Hoy aun quedan en nuestra sociedad muchos de aquellos prejuicios, chauvinismos machistas, o fálicos como nombra Vargas Llosa. Cierto que ya solo radican en el pequeño espacio de hombres y mujeres cobardes, débiles; el de las que prefieren la falsa seguridad del macho superior; el de los que prefieren la mujer sumisa y débil para sentirse poderosos aunque sea tan miserablemente.
Recuerdo que un bloguero amigo me hablaba de “mis mujeres”. En aquel momento me sorprendió... “mis mujeres”; una extraña e incomprensible definición, tanto que hasta me sonó mal. Hoy ya no. La entiendo y comparto. “Mis mujeres” son mis amigas-amantes-hermanas... pero también podrían serlo mis amigos, por ejemplo José, mi amigo-hermano-amante.
“Mis mujeres”: Amara, Mónica, Lourdes, Anna, María, Konsta y alguna más de la que poco he hablado.
Con mujeres como esas, plantear diferencias más allá de la fálica es una estupidez. Es evidente que poseyeron las riendas de su sexo a una edad muy temprana, como también otras riendas mucho más importantes a nuestro modo de ver la vida; y, eso, por mucho que hiciera más de ciento cincuenta años que Flaubert escribiera su famosa novela, también hizo que parte de nuestra sociedad las tratara de disipadas.
Tres meses más tarde, ya pasadas las fiestas navideñas, decidimos pasar todos los fines de semana en nuestra casa pirenaica para construir un dormitorio para la nueva pareja, de manera que por Semana Santa pueda ser estrenado.
José, Joan y yo nos vestimos andrajosamente y hacemos un gran fuego, en él asamos un cordero, un cochinillo, etc.; todo según los que somos y los amigos que raramente nos visitan.
Jugamos a las cartas, a veces es el siete y medio, otras la canasta. Nos jugamos divertidas prendas, eróticas, incluso muy pornográficas. El que gana decide, el que pierde cumple.
Cuando termina el juego, la excitación y la falta de sueño acechan, es cuando la magia vence al agotamiento de un día de intenso trabajo.
El hogar está bien surtido de leños ardiendo, las dos estufas también, sobre ellas se cuecen algunas mazorcas, la botella de vino generoso pasa de mano en mano. Las mujeres deben pagar sus apuestas y pedimos que cada una nos relate una aventura sexual, real, picante, la más morbosa que recuerde. Llega el turno de Amara, nos mira entre compungida y dolida...
- Yo no tengo historias que os puedan gustar, más bien son algo desagradables-
Nos miramos, lo sabíamos, cada uno a su manera, José por Mónica, Joan por Vicki, Biel por Anna, y yo por ella misma.
- Bueno, no pasa nada. Queremos que nos digas cual es tu fantasía más escondida, aquella que solo puedes soñar por ser de imposible cumplimiento-
Nos mira... calla... la siento nerviosa, tensa... noto que mira con rapidez y disimulo hacia Mónica, la cual se halla sobre innumerables cojines en un rincón de la gran estancia; y veo la sonrisa de complicidad de su nueva y fiel amiga. De reojo mira a Vicki, a Anna, que están recostadas en uno de los colchones. El ambiente es cálido en todos los sentidos; nosotros, por deseo de ellas y por haber cumplido nuestra apuesta, nos encontramos medio desnudos después de haberles montado un número erótico.
Amara cierra los ojos, sonríe, se da cuenta que todo ha sido una estratagema, una sutil y elegante encerrona. Y también me doy cuenta que estaba avisada por sus amigas; las miradas cómplices y de ánimo lo delatan.
- Tengo varias, como todas nosotras, las mismas que tiene cualquier mujer...-
- Pues suéltalas-
Vuelve a cerrar los ojos, con las manos en la cara, como queriendo esconder sus emociones.
- Que bastantes tíos, fuertes, maduros, con pinta de degenerados... me hagan de todo, me sometan y se diviertan con mi cuerpo-
Sus amigas la han adiestrado, además conoce nuestra relación, jamás se lo escondería; conoce la que comparto con Mónica, la reciente de Vicki, mi anterior vida con Anna, con Joan y Konsta; también nuestras fiestas, lo desinhibidos que somos y la manera con que tratamos los tabúes de los demás, la falsa moral basada en lo prohibido y el pecado.
Silencio... mis amigos no esperaban tanta rapidez, yo tampoco... Miro a nuestras amigas y veo complicidad, no sorpresa.
Levanta la vista, nos mira sonriente... es el momento, si lo dejo pasar se perderá y es tan fuerte, tan salvaje que vale la pena lanzarse.
Me acerco por detrás, la levanto con cuidado, le abro la camisa, acaricio su espalda, su nuca, le beso el cuello, se lo muerdo, su oreja. Miro a mis amigos... José, con mirada insaciable ya se levanta, y Joan, con una sonrisa pícara, la que ella espera, y Biel, carcajeándose, con sorna, burla, todo lo degeneradamente que puede...
Tiembla, y no de estremecimiento sino de tensión, está nerviosa, como un flan.
Mezclo la suavidad con la rudeza; le hablo con ternura, tranquilizándola; pero aprieto mis manos con dureza, mis músculos la aprisionan fingiendo violencia...
Y le arranco la camisa, ahora con brutalidad calculada, y le introduzco dos, tres dedos en la boca y fuerzo su increíble cuerpo brindándolo a la lujuria. Le hablamos muy fuerte, sin insultos pero dándole a entender que de aquí saldrá lo destrozada que queramos... que no pararemos hasta satisfacernos completamente. También ensalzamos su cuerpo, el terrible erotismo, morbosidad y belleza sexual que desprende. Excitados le decimos lo buena que está, la follada que nos pide su cuerpo...
Una hora más tarde... Amara está sobre la gran mesa de amasar pan, se retuerce con delicadeza, emite suaves y eróticos gemidos de hembra agotada y satisfecha, pero con el sexo aun vivo, con ansia de más guerra. Una hembra que enciende incombustibles hogueras, una brasa que hemos encendido y creemos saber como apagar.
Ahora su temblor sí que es de estremecimiento. Al principio ha sido torpe, se ha sentido avasallada. Al final intentaba tomar la iniciativa sin fortuna, revolverse para satisfacer nuestros sentidos con su boca, sus manos...
Agotado miro a mi alrededor, me siento vacío. Veo a Mónica masturbándose con delicadeza, poco a poco, como queriendo alargar el goce indefinidamente. Unos metros a su derecha, Vicki y Anna están enzarzadas en un juego lésbico de una morbosidad apabullante. Es la primera vez que, mutuamente, han abierto sus instintos; o por lo menos eso creemos.
A partir de ahora nuestras fiestas cambiarán, seguirán siendo divertidas, juguetonas, amigables; en ellas se continuará hablando de política, relación, filosofía, arte, medicina... pero, en cuanto al sexo, serán mucho más salvajes, participativas, con gente, como ninguna de las hasta ahora conocidas.

A los ocho años su hermano de trece intentó violarla un día en el que su madre la dejó precisamente a su cuidado. Demasiado pequeño, imberbe, nervioso.
A los quince, su hermano ya con veinte lo consiguió gracias a la ayuda de un amigo; poco después, éste mismo lo hizo una vez más junto con otros dos. Parece ser que el hecho de no ser virgen les hizo creer que era una chica fácil, una mujer que se dejaba violar sin ofrecer la suficiente resistencia física...
A los diecisiete fue asaltada por una pandilla de raza gitana; una vez en el suelo, pateada, apalizada y desnuda, y estando a punto de conseguir su objetivo, salieron unos vecinos y, gritando, los ahuyentaron.
Sus padres eran muy típicos en eso...
- Niña, es que a estas horas lo normal es que te suceda eso-
- No lo entiendo, con lo fea que eres-
- Niña, esconde las tetas que llamas la atención y después pasa lo que pasa-
Aun recuerda la bofetada que le pegaron cuando, de pequeña, contó a su madre lo que su hermano intentó hacer con ella. De ahí que cuando el muy macho lo consiguió con su amigo no dijera nada. Estaba harta de escuchar a su padre decir que las chicas de hoy día se lo buscaban por putas.
La vida de Amara siempre ha ido acompañada por violencia y el desprecio a su persona.
Me cuenta sus primeros pinitos con sus amigos, con el chaval que le gustaba, con su primer amor...
La inexperiencia, su absoluta insensibilidad, la falta de goce y la torpeza de la edad no fueron suficientes para que hoy no recuerde con ternura y satisfacción aquellas primeras aventuras.
La amistad, el amor adolescente, la ternura le enseñaron que la violencia y la sumisión no eran necesarias para el disfrute de un hombre; y también que la relación sana, la que ella aspiraba estaba muy lejos de la que se vivía en su casa.
Su extraversión le ayudó a superar los malos momentos.
Me cuenta que hablaba muy a menudo con sus amigos de sus problemas familiares, del despreciable trato que le prodigaba su padre, de los asaltos sufridos y la indefensión que sentía en su casa... de todo ello menos lo de su hermano. Eso lo guardó avergonzada y traumatizada durante muchos años, tantos que hasta hace relativamente poco, unos quince, no me lo contó. Y entonces lo hizo obligada por las circunstancias.
Había visitado a Anna como terapeuta. Los crecientes dolores en su espalda, el sentido de culpabilidad que sentía por sus sentimientos familiares -Amara no recuerda un beso de sus padres- y la falta de cuidados junto al castigo que sufrió su enferma espalda durante la adolescencia la volvían día tras día más irascible, agresiva e intransigente hasta el punto de arriesgar nuestra convivencia.
Se dio cuenta que Anna se lo iría sacando poco a poco, arrancando sus terribles recuerdos, enfrentándola a ellos para que pudiera dominarlos definitivamente, sin pausa, sin que pudiera hacer nada contra ello. Una noche, supongo que al verse acorralada por nuestra amiga, me lo contó.
Yo ya sabía lo de los amigos de su hermano, lo de la pandilla. Algo que siempre me había sorprendido por su capacidad de desinhibición con respecto al sexo.
La fuerza y gran temperamento demostrados, su capacidad de tomar la relación sexual como puro divertimento, de distinguir la diferencia entre amor y sexo, la seguridad que demuestra en ello al utilizar aparentemente la misma ternura y complicidad con su compañero, su amigo-amante o cualquier ligue ocasional sin que por ello hacer que perdamos nuestra percepción de la diferencia.
Amara siempre guarda un gesto, un mohín, una mirada de amor-pasión cómplice a sus amados, aunque sea en pleno disfrute sexual con otros hombres.
La normalidad basada en el olvido es la de los cobardes, y su resultado es la repetición de lo que nunca debiera haberse olvidado.

Octubre de 1982.
El 16 de Junio nació nuestra hija, un par de semanas antes Vicki y Joan tuvieron el suyo, Anna una semana antes y fue sietemesino; y Monica y José tuvieron su hijo una semana después de la nuestra. Parecía que todos nos habíamos puesto de acuerdo.
Nuestra relación no era producto del sexo sino que éste salió de ella, de la amistad, el amor, la atracción y el compañerismo.
Anna, mi antigua compañera, era amante de José y Vicki, Mónica era mi amiga-hermana-amante, Amara era la amiga-amante de José; y yo había convivido tres años con Joan, uno de los cuales en triángulo con Consta; y Vicki era la amiga-amante de Anna y mía.
El sexo vino a través del amor, la amistad y la atracción, pero con el tiempo se convirtió en diversión y juego erótico. Nos conocíamos mucho, las debilidades y morbosidades de cada uno quedaban al descubierto sin complejos, y buscábamos la manera de satisfacerlas sin prejuicio alguno, respetando siempre el sentimiento de los demás. Daba gusto no saber nunca con quien terminarías pasando la noche, disfrutando del sexo, riendo, charlando, confiando intimidades...
Mónica y Amara van una de cada dos tardes a un gran gimnasio en el centro de Barcelona. Lo han buscado cerca del lugar donde la primera trabaja como diseñadora industrial. Amara trabaja en turnos de doce horas en días salteados y eso hace que solo pueda ir los lunes, miércoles y viernes.
Es viernes y José y yo las esperamos en nuestra casa, los demás ya habrán llegado a la gran casa del Pirineo, y nosotros, por trabajo, hemos decidido cenar y dormir aquí y salir mañana bien temprano.
Nos llaman...
- Cenad tranquilos. ¿Cómo están los niños? ¿Duermen? Nos han invitado a cenar unos tíos estupendos, igual llegamos algo tarde-
Les digo que de pasar la noche con ellos, piensen en llegar pronto. Nosotros prepararemos a los niños y las esperaremos a primera hora.
Ríe divertida y habla en voz alta.
- Pregunta que si nos quedamos a dormir con vosotros-
Más risas.
- No, no, seguro que venimos y no muy tarde, que a esos los esperan sus mujercitas-
Ha sido el segundo parto de Mónica, a ella no le hacen mella, recupera su físico en pocas semanas. Amara tiene veintitrés espléndidos años y está radiante, el gimnasio y la dieta han hecho que su físico se recuperara con creces, y la niña le ha hecho ganar seguridad, estabilidad y madurez.
Cuelgo el teléfono, miro a José y sonrío divertido. Mi amigo se prometía una noche tórrida con Amara y, aunque su partido haya ganado las elecciones generales, no parece estar de muy buen humor.
- Ya han conseguido ligarlos-
Hace tiempo que se veía venir. Últimamente al cerrar el gimnasio van a tomar unas cervezas con ellos: el gerente del club, un monitor y un cliente amigo de ambos.
Amara me habla a menudo de ellos: con ironía de su espléndida musculatura, y formalmente de su atractivo tanto físico como intelectual.
- Tres tipos muy agradables y divertidos, departir con ellos es un lujazo-
- Cenamos con la seguridad que ya no podemos contar con ellas, que tendremos suerte si mañana llegan temprano.
Pasadas las doce aparecen muertas de hambre. No han comido pero vienen contentas, alegres; nos contagian su alegría. Les preparamos algo mientras se ponen cómodas y mientras comen las miramos interrogantes.
Amara pone música y, frente a José, comienza a desnudarse de la manera más erótica que pueda imaginarse; le habla con melodiosos susurros, las aletas de su nariz se dilatan acompasadamente con su parla brindándole un sorprendente erotismo a sus facciones, algo que ha aprendido no sabemos cómo. Acerca y aleja su cuerpo insinuantemente, siempre mirando fijamente a los ojos de su amante; sonríe coqueta, se abraza los pechos, presiona con una mano su pubis y su sexo mientras su cuerpo se contornea con delicada cadencia al ritmo de la música.
Mónica, ya abrazada a mí en el extremo del sofá, me abre la camisa y acaricia mi pecho, me muerde el lóbulo... y, susurrando, me describe el espectáculo ofrecido por mi compañera a sus nuevos amigos en las duchas del gimnasio, como se volvieron locos y se encabritaron salvajemente con las dos.
- Son unos tíos estupendos, os gustarán. Los hemos invitado a la próxima fiesta que hagamos, en caso que estéis de acuerdo, claro-
La miro, me gusta cuando habla así, sabe que no puedo negarle nada, que con solo su mirada, con su voz...
Y abrazados nos reímos.
- Vendrán solos supongo. Seguro que esos no vienen con sus compañeras-
- ¡Que va! Son muy celosas. Están casados de muy jóvenes, con hijos pequeños... ya se sabe. Nos han preguntado si podían invitar un par de amigos, de confianza, tipos como ellos, sin problemas...-

Debo diseñar la nueva colección. Es el cuento de nunca acabar, asqueroso y sin final.
Leo en el Habitat del Unicornio -bonito nombre- una bella y sencilla historia de valor e integridad. Me gusta leer el blog de Muiño. No suelo opinar en él, sobre todo de lo que creo no entiendo, la sicología no es mi fuerte.
Hoy he salido a pasear con Amara, comprar el pan, una botella de cava y un poco de vermut, nada más, y eso ha sido suficiente para agotarla.
Enciendo la parrilla eléctrica, olvido llenar de agua el recipiente, y la grasa animal se incendia, no sé que hacer y la llamo. Ahora escribo con una sonrisa pero la cocina ha quedado completamente ennegrecida.
¿Estaré perdiendo facultades?
De joven no la hubiese llamado, lo habría solucionado sin más, solo.
Esta mañana, al pasear con ella me fijo en su cabello, lo está perdiendo masivamente y solo lleva cinco sesiones. El médico le explicó que perdería un poco y, pasado un tiempo, lo volvería a recuperar.
Me gustan las mujeres con el cabello muy corto, o largo pero con el cuello al aire. Amara se lo corta bastante pero no lo suficiente para mi gusto. Mónica se lo deja largo, a José le encanta el cabello largo, aunque tiene el detalle de dejar libre su cuello, sobre todo si nos hemos de ver, entonces se peina de manera que pueda acariciar su nuca, besarla, morderla suavemente.
Nos sentamos en un banco de la plaza, tomamos el sol, le conviene; el sol es bueno para la salud, con él el cuerpo sintetiza las vitaminas.
Hay muchos niños jugando en él, padres, madres, abuelos...
- De conocerte antes no hubiera abortado. Sé que me habrías querido igual, que habrías aceptado a mi hijo-
Si, es cierto, la hubiese querido igual.
Una mujer que buscaba con desespero el amor, que lo necesitaba y sabía que existía, pero que nunca había tenido.
Me conoció recién salida de una mala relación. Había quedado embarazada y su compañero le pagó el viaje a Londres, ni siquiera quiso acompañarla. Amara era su distracción intelectual, la niña guapa y lista que podía presentar a sus clientes y amigos, la joven espectacular que prometía noches de locura, que creaba envidia. Un hombre rico y poderoso, con influencia en el mundo de la política no podía permitirse una boda de poca alcurnia, con una chica de veinte, embarazada y de familia humilde.
Después de abortar la llamó, quería seguir la relación. Lo mandó a la mierda.
Mucho después, ya nacidos nuestros hijos, en uno de nuestros viajes y al pasar cerca de su casa, lo visitamos. Algo quedaba en Amara de aquella relación, un sentimiento, un fondo de ternura. Los dejé solos, tenían muchas cosas que contarse. Los vi bien, con el cariño suficiente.
Cenamos juntos, charlamos de la gente con la que coincidimos, de políticos, de financieros.
Al irnos, y una vez en el coche, me contó que le propuso una aventura, eso sí, después de pedirle que se casara con él, que me abandonara. Su amigo había permanecido soltero, según él no había encontrado a nadie, había madurado.
La observo, miro sus ojos, no llora, Dejó de llorar hace mil años, muchos más que yo.
Una vieja amiga bloguera, -lo de vieja es por el mucho tiempo que nos conocemos- me propone hacer el camino de Santiago. Para mí sería la segunda vez.
Hablo de ello con Amara, solo podré hacerlo cuando mejore, cuando todos los efectos secundarios de la irradiación hayan desaparecido.
Vendría con nosotros una chavala murciana estudiante de biología. Sería fantástico que también pudiera venir mi hijo, en Febrero ya será biólogo.
Y hoy, por segunda vez en poco tiempo, recuerdo la historia de su nacimiento, que prometí contar pero no puedo. Una historia de amor y belleza salvajes que nunca se escribirá en este blog.

Ayer fue el primer día de radioterapia para Amara. Lo cierto es que sus médicos han perdido toda esperanza, le dicen que se ha practicado en multitud de casos iguales que el suyo, pero en cuanto pregunta a cuántos ha solucionado no saben responder; solo uno de ellos, muy joven y extrañamente seguro, ha respondido con sinceridad que no conocía ninguno, pero que tiene la esperanza que mejoraría. Han hablado de la técnica que emplearía, de cómo creía que actuaría y el porqué pensaba que podía ser efectivo... Y Amara ha creído.
Solo comenzar la sesión ha sufrido una crisis de ansiedad, la ha superado con facilidad y han conseguido llevarla a cabo.
Muchas veces me pregunto el por qué de esas crisis. He intentado multitud de veces que las supere, que controle ese miedo atroz a la inmovilidad, a sentirse atada.
Una mujer tan fuerte y segura, tan valiente frente la vida y la muerte, tan arrojada, consecuente, batalladora ante la adversidad; y, en cambio...
Los médicos no deberían engañar jamás. Siempre deberían participar de sus inseguridades y dudas a sus pacientes. Amara siempre lo ha hecho, como sus amigos médicos con ella. Eso es sano y, aunque parezca lo contrario, da fuerza y estimula al enfermo, lo hace luchar, sentir cómplice del médico, del hombre -que no semidiós- que intenta curarlo.
Hoy también me preocupa la falta de lectores de mi otro blog, “Un gato en el balcón” . Un blog en el que no escribo tanto, solo cuando creo que puedo opinar sobre un tema en concreto, o cuando algo candente me conmueve y puedo describir lo que siento en forma de escritura.
Mi suegra ha vuelto a su casa. Por fin estamos tranquilos, ya se ha ido el personaje más egoísta que he conocido, aun más que mi madre, lo cual es harto dificultoso.
Nunca he reprochado a Amara que cuidase a su madre y por tenerla en casa todos estos días, pero sí la he conminado a que me explicara lo que sentía al hacerlo.
Cuando era muy joven y estudiaba un día tuvo tanta fiebre que comenzó a delirar. Sabía que de ella poco cabía esperar, así y todo, estaba tan débil y enferma que, al no poder levantarse de la cama, le pidió una aspirina. Su madre le hizo caso omiso y se fue al mercado. Cuando su padre, otro ser bastante despreciable, entró en casa, la encontró bajo una cama, medio desnuda y sin conocimiento.
Creo que Amara sobrevivió a ese y mil trances más gracias a su fortaleza, aunque ahora gran parte de sus enfermedades sean producto de la dejadez de sus progenitores. Preferían gastarse el dinero en bares antes de llevar a su hija a un terapeuta de la espalda, o darle la posibilidad de nadar en una piscina como su médico prescribió.
Hace mucho tiempo, cuando descubrí la obsesión de mi compañera por ser médico y ver sus altísimas notas de corte, le pregunté el por qué no había estudiado. Respondió que no le dejaron, que a los catorce años le obligaron a trabajar, que se avergonzaban de sus notas, de su interés por el estudio y la medicina; consideraron que al ser mujer no debía estudiar. Cuando su madre la veía con un libro, le obligaba a limpiar la casa, las lámparas de lágrimas; cuando era su padre el que la encontraba, le gritaba que solo estudiaban las niñas de papa catalanas, que se convertiría en una puta como ellas.
Por un lado me fascina saber, haber conocido una gente así; es difícil, casi imposible diría yo. Otras veces me entristezco por ella, mi compañera; por haber vivido tantos años en un infierno como aquel.
Amara se encuentra fatal, derrumbada por completo. Los dolores invaden todo su cuerpo. Pero eso es normal, la radioterapia hace su efecto y lo que siente son sus síntomas.
Ha ido sola al hospital. No ha querido que nadie la acompañara, y menos su madre; tampoco es que se haya ofrecido.
Albert la ha ido a buscar, parece ser que no se aguantaba derecha, que perdía el conocimiento.
¿Por qué no ha pedido una ambulancia?
Le da coraje, sentido del ridículo y culpa.
- ¿Cómo voy a usar una ambulancia si estoy bien? Con la de gente que necesita una...-

La geografía ha hecho que España sea una Nación. Solo con mirar el mapa de la península, uno se da cuenta que lo lógico sería que toda ella fuera un gran Estado. La historia, las distintas dinastías y sus diferentes áreas de crecimiento e influencia política y económica no han compartido esa visión, y han hecho que en la península ibérica convivan varias naciones y dos estados.
En la Europa que se abre ante nuestros ojos, pretender dividir políticamente en pequeñas regiones o nacionalidades cada una de nuestras grandes naciones es un sinsentido. Con los años, cientos tal vez, los diferentes gobiernos europeos desaparecerán o se asemejarán paulatinamente a los de las actuales autonomías españolas.
Actualmente, a los diferentes gobiernos sólo les queda la facultad de organizar su territorio fiscalmente, sanitariamente, educativamente y militarmente. Incluso así, la política comunitaria vigila todos esos puntos cuidadosamente, llamando la atención cuando un Estado rompe el equilibrio de la lógica política comunitaria -el intento de trasvase del Ebro, la edificación en la comunidad valenciana sin los servicios esenciales ni los mínimos derechos a la propiedad, el intento de destrucción del parque de Doñana, etc.-
El tiempo hará que las diferencias fiscales desaparezcan de manera que un litro de gasolina cueste lo mismo en Vitigudino que en Dresde. Los ejércitos de cada territorio también se aunarán, y más, cuando la política exterior consiga ser solo una. La libre circulación de trabajadores y la validación automática de las distintas profesiones también harán que la enseñanza sea muy parecida. Desde el momento que cualquier escocés puede ser sanado tanto en un hospital alicantino como ateniense, es inevitable que la política sanitaria se convierta en una sola.
¿Qué quedará?
El idioma.
Dentro de mil años, puede que más, gracias a las nuevas tecnologías y a miles de millones de vidas truncadas, las fronteras planetarias desaparecerán y las razas y culturas se entremezclarán. Es posible que, entonces, el estudio de los antiguos idiomas quede como una mera asignatura para intelectuales, y el de las diferentes culturas un apasionamiento para antropólogos, etc.
La pretensión de Maragall en crear regiones políticas de influencia lingüística y geográfica es una quimera. Es impensable que la ciudadanía de Montpellier y Perpignan acepte entrar en una región con Catalunya, sintiéndose tan cómoda en el seno de Francia; como la valenciana, que, a diferencia de la baleárica, teme demasiado el empuje de la cultura catalana.
Es difícil para un individuo sentirse partícipe de una realidad cultural y sentimental trilateral. Ser europeo y sentirse como tal, amar un territorio tan grande y variado, entregar una parte de su espíritu a gentes hasta hace poco tan odiadas; ser español y también sentirse como tal, aun soportando que en otra comunidad del territorio pinchen tus ruedas o revienten la luna de tu automóvil; y, a la vez, ser catalán, vasco, aragonés, madrileño, etc. y amar esta distinción es casi imposible. Para ello es necesario un estado de ánimo muy fuerte y especial. Sobra una de ellas, hoy es la europea y mañana le tocará el turno a la estatal o la regional. Y lo que está claro es que, exceptuando el idioma, nada, absolutamente nada nos diferencia; somos iguales y participamos de los mismos gustos, sinsabores y ansiedades; vivimos entremezclados, nuestros apellidos apenas se diferencian y nuestra cultura es la misma.
Ayer, Amara y yo paseamos por Barcelona, queríamos comprar un regalo para Pili ya que la próxima semana cumplirá cincuenta. Después de dar mil vueltas y con un precioso collar de plata envejecida a la vista en la calle Petritxol, llamamos a su compañero.
- No es necesario, lo que queráis gastar ingresadlo en la cuenta... entre todos le compraremos... -
Y sonrío, tiene razón, es el mejor regalo.
Nos llama Albert desde el Palau sant Jordi, nos dice que aun hay entradas a la venta para el concierto de Sabina y Serrat, “Dos pájaros y un tiro”. Albert, nuestro hijo, trabaja allí de acomodador cuando hay conciertos nocturnos.
Amara se emociona, Serrat es su ídolo aparte de un buen amigo. Curioso que con la relación que tiene, tanto con él como con su mujer Candela, no le manden entradas aun sabiendo lo mucho que le gusta. Paco Mir, del Tricicle, no duda en hacerlo cada vez que actúa en Barcelona.
Cogemos el Metro y el 50 que nos deja al pie del precioso complejo olímpico.
El Palau está lleno, no cabe una aguja; nos sentamos en uno de los mejores lugares A mí me hubiese gustado estar de pie en primera fila pero es imposible, la espalda de Amara lo impide. Unas filas sobre la nuestra toma asiento Julia, cada vez que la veo recuerdo su extraña y antinatural relación con mi primo Carlos. Julia es una fuerte defensora de la democracia y comprometida con ella desde siempre; y Carlos es un exfascista y exmilitante de un conocido partido político xenófobo, que apenas ha cambiado su ideología. Ahora la disfraza bajo el paraguas del PP, pero constantemente deja escapar su intransigencia y odio a todo lo que se relaciona a su tierra; tanto es así que incluso miente con relación a su lugar de nacimiento. Y eso último me hace pensar que él fue uno de los que más hizo correr el bulo sobre la naturalidad de Carod.
Vivir para ver...
Amara chilla, canta todas las canciones de su amigo, llora cuando éste canta Mediterráneo. Mi compañera tiene casi todos sus discos de vinilo dedicados especialmente.
Y ahora aprovecho para decirle al amigo Zucco que pronto, mientras yo esté en Menorca, Sabina y Serrat actuarán en Zaragoza. Vale la pena ir a verlos.
Joaquin Sabina, madrileño y colchonero, Joan manuel Serrat, catalán y culé, grandes amigos y los mejores cantautores que tenemos.
Estoy seguro que dada tu relación con Serrat, conseguirás entradas. El concierto es una maravilla, los músicos también; y tanto el uno como el otro lo merecen.
Una mujer se desmaya frente nuestro y de Amara sale su parte médica, en ese caso la de enfermera ya que la cosa no reviste gravedad.
Y recuerda...
- En este mismo lugar asististe a la final de balonmano de las olimpiadas, te conseguí las entradas, ¿recuerdas?-
Amara fue voluntaria olímpica, su lugar era el Palau sant Jordi, y su cometido el de enfermera en las gradas. Y hoy también recuerda como, saltando las diferentes pasarelas con la falda arremangada, pudo remontar a un hombre de un paro cardíaco sin que nadie se enterase. Con una compañera que estaba relativamente cerca lo recuperó y trasladó a la enfermería, todo ello frente el palco de prensa. Aquel día estaban presentes el rey y toda la plana mayor de la política española. Dado la masiva presencia de periodistas, la organización les pidió encarecidamente que fueran lo más sutiles posible. Y es que los medios estaban impresionados por la falta de incidentes sanitarios y andaban a la caza de cualquiera de ellos.

Por encima de todo nos gusta costear, pasar casi rozando los escarpados pero bajos y luminosos acantilados del Cap de Creus. Nos gusta relajar nuestra mirada en ellos, en sus agujereadas rocas pizarrosas, en como el mar se retira de ellas mostrando el brillo de su riqueza. Nos apasiona oír el graznido de las gaviotas, ver saltar los peces aun sabiendo que lo hacen para escapar de un gran depredador. Nos fascina ver las parejas amándose en los pequeños salientes del acantilado.
Son dos mujeres, dos chavalas jóvenes disfrutando del sexo sin ningún pudor; cerca de ellas un chico está recogiendo caracoles y los introduce en una red. Vemos como arranca dos grandes lapas y las ofrece a sus compañeras, que las cogen, las comen, y siguen acariciándose mientras hablan con él; y también como ahora el chico se extiende en su toalla.
Pasamos cerca, muy cerca; levantan la cabeza y nos saludamos mutuamente.
Siempre igual, la misma mirada de sorpresa al ver una barca tan cerca de los rompientes sin temor al oleaje, a la corriente. No saben que los conozco tanto como los recovecos de mi casa, que circulo por ellos como cuando me levanto a oscuras y voy al cuarto de baño con los ojos cerrados, medio dormido, y sin tropezar con ninguna silla.
Nuestra barca aun está engalanada con las flores de la boda. Y es que la usaron para pasear a los recién casados por toda la bahía y fotografiarlos con el pueblo como paisaje de fondo.
Tengo ganas de coger uno de los ramos y lanzarlo al agradable trío, pero sé que no puedo, que caería al mar.
Ponemos proa a la Messina, queremos ver por última vez el grácil salto de los cormoranes al agua, intuir la dirección de su nado y ver como salen de entre las olas para respirar.
Y Amara habla, dejó una conversación pendiente en Huesca, inacabada se supone al ver entonces mi cara de sorpresa. Aprovecha el momento, la simpática imagen de dos mujeres amándose en un acantilado de uno de los más bellos paisajes del mundo.
Aquel día, en lo más profundo del congosto, Amara se sintió pletórica, salvaje, brutalmente morbosa.
- A ti que tanto te cuesta dar un beso de “tornillo”, que muerdes divinamente pero en cambio no sabes besar, supongo que solo el pensar que lo haces con un hombre te deben dar ganas de vomitar-
Y pienso en el sexo que José disfrutó conmigo, su amigo-amante, amigo-hermano. Sí, pienso en nuestra amistad, en su extraña bisexualidad, en su poderosa libido, en la curiosa atracción que siente por mí. Y, también, en nuestra generosidad, la misma que tuvo ella con Vicki; en mis sentimientos cuando aceptaba su sexo en mi cuerpo, en como lo desagradable se convierte en agradable gracias a la amistad, el amor.
José se muere por ver a sus dos amantes, Mónica y Amara, hacer el sexo frente a él, a su lado. Para ello no duda en involucrarme sin yo sentir ninguna necesidad. En cualquier caso siempre he preferido el goce de mi amante sobre cualquier morbosidad personal. Si a ella no le gusta no hay nada que decir o hacer.
A Amara nunca le había apetecido hacerlo con una mujer, pese que Vicki, de una forma u otra, no vacilaba en demostrar con mucha delicadeza lo mucho que le atraía, tanto física como sentimentalmente.
A veces, al hablar con Amara sobre este tema, ella confesaba que, en caso de hacerlo solo sería con Mónica. Supongo que la confianza, el múltiple roce entre ellas al hacer sexo conmigo, haber compartido tantos hombres, el final de nuestra luna de miel en su compañía hicieron posible ese sentimiento.
Pero Mónica se niega en redondo. Siente un profundo asco por todo contacto que no sea el habitual entre dos mujeres. Y Amara, en un gesto de solidaridad hacia su amiga, dice sentir lo mismo.
José y yo llegamos al día siguiente llenos de equipajes y niños. La casa ha estado abandonada demasiado tiempo, y la Semana Santa es larga. Siempre que sucede eso, los que suben últimos siempre traen a los chavales, así los demás pueden aclimatar la casa y desbrozar los caminos.
Nos los encontramos trabajando en ello. José, para no molestar, coge varias libretas, lápices y bocadillos, y se lleva a los niños de excursión. Eso lo hace muy a menudo. Les hace dibujar las plantas, las hojas de los árboles y los pequeños animales que encuentran a su paso. Les enseña lo que se puede tocar y comer, los animales inofensivos, las culebras y ratones, los mustélidos, los patos, las truchas, los cangrejos, las salamandras; pero también los escorpiones, las víboras. Les enseña a amarlos y respetarlos, sus familias y órdenes; les hace escribir el nombre al lado del dibujo.
Al cabo de algunas horas vuelven explicando ilusionados las mil aventuras que han pasado, los frondosos bosques, altos montes y caudalosos ríos atravesados. Llegan con bastones fabricados con el machete y con despellejaduras en las piernas. Nos enseñan con orgullo sus dibujos.
Muchas veces Amara va con ellos. Le encanta su ilusión, y también pasear y hablar con su gran amigo-amante de política, de proyectos, de medicina.
Y cuando nos quedamos solos, Amara me cuenta la increíble aventura del día anterior.
La casa estaba realmente sucia, habían tantas ortigas y eran tan altas que a duras penas pudieron llegar indemnes a la puerta de entrada. Lo primero que hicieron fue desbrozar el camino hasta la casa y, luego, el que lleva al río. Eso los agotó y ensució tanto que decidieron ducharse. Primero entraron Anna y Vicki. Ya notó complicidad entre ellas, pero sin malicia, con sana excitación. Solo entrar en el baño la llamaron para que se duchara con ellas, había espacio suficiente en la gran bañera y así terminarían antes.
La risa, las dos amigas desnudas, espléndidas, excitantes, provocadoras... se dio cuenta de sus intenciones.
¿Por qué lo hizo? Ahora ni lo sabe, como tampoco el haber llegado tan lejos.
¿Cómo les iba a decir que no?
Al poco Mónica entró más por morbosidad que para ver lo que pasaba. Anna es silenciosa y suave; solo se le oyen suaves y sutiles suspiros. Pero Vicki y Amara son ruidosas, tanto a la una como la otra les gusta el espectáculo, la exhibición, y eso, acompañado por su mucha sensibilidad, ayuda mucho.
Primero la sorpresa, luego la risa, el divertimento visual, después la torridez de la situación: sus amigas locas, su amiga-hermana, con la que le une tantos sentimientos, desbocada y devorada por las otras dos.
Y Mónica, riéndose divertida, llama a Joan y Biel; eso no se lo pueden perder.
Amara dice que no sabe que debía ser más morboso para unos ojos extraños, si ver a las tres mujeres en la bañera o a Mónica siendo salvajemente emparedada por sus dos excitados amigos.
Miro la montaña, empieza a oscurecer y los excursionistas deben estar a punto de llegar. Amara siente mi aprensión.
- José no debe enterarse nunca de lo sucedido. Hemos hablado entre nosotros y lo hemos decidido así. A Mónica le sabe mal pero da lo mismo, la pondríamos gratuitamente en un aprieto. Un escarceo, unos roces, un beso de pico, bailar eróticamente con Vicki para caldear el ambiente, para volveros locos... eso sí, pero con él presente, nada más-

Siempre recordamos de nuestro amado un instante que, aunque fugaz, nos causó impresión o fascinó lo suficiente para quedarse grabado en nuestra memoria. El de Mónica quedó impreso en el cerebro con sorprendente exactitud: una jovencísima, elástica y bella mujer en una cornisa del tejado de la Universidad, su largo cabello ondeando al viento, la imagen de serena y tranquila belleza que, estando ya cerca, los ojos reconocen y la inteligencia niega; la firmeza de su mirada, -que se intuye más que se ve- ante el descalabro que se produce en la calle. Una desigual lucha entre pocos y mal organizados estudiantes, y muchos antidisturbios con furgones y caballos cargando sin contemplaciones. Un amor rápido, urgente, visceral, apasionado; pero inmune al tiempo. Un instante visual inmaculado, idealizado hasta el paroxismo, tan perenne como el que lo posee.
Y de Amara la belleza de su perfil, el de una mujer terriblemente atractiva, fuerte, delicadamente morbosa y mirada inteligente; la imagen de una soberana mujer, suficiente y poderosa, divertida y atrevida; antes de hacer sexo, en la cama, echada a un lado. El perfil perfecto que irradia un erotismo salvaje, alegre... absoluto como ella, variable hasta la saciedad, acomodaticio al momento o necesidad del macho que pretende seducir.
El extraer los recuerdos infantiles -casi todos desagradables- de una persona es difícil. El oyente los recibe desgranados con desorden, pero eso aun los hace más interesantes y atractivos.
Amara, como todo ser humano, se cansa de recordar el horror, y de vez en cuando necesita un descanso placentero. Los días pasados en Huesca han servido para despertar muchos recuerdos infantiles, pero siempre a trazos, anécdotas difíciles de ensamblar sin disponer un nexo temporal. Intenta recordar el instante alegre -juego o diversión que representaba la historia- en vano; su sonrisa se disipa al momento, enmudece, e, íntimamente, siento como exige una explicación imposible; su madre no está con nosotros, su hermano ha desaparecido de su vida, lo ha borrado, no existe como tal ni como hombre; su padre hace años que murió, ya nada se puede demandar a un muerto.
- Mi madre siempre me perseguía con una zapatilla y como estaba gorda nunca pudo cogerme. Dábamos vueltas a la mesa del comedor hasta que, cansada, me la tiraba. Yo tenía gran facilidad para esquivarla, y la zapatilla salía disparada por la ventana; la vecina del entresuelo disponía de una buena colección de ellas. Le daba vergüenza ir a buscarlas-
Se ríe, lo hace intentando disimular un gesto de dolor; no desea preocuparme, conoce mi sordo sufrimiento, como también mi capacidad de percepción ante cualquier gesto o mueca. Las largas caminatas cansan sus vértebras, sobre todo la espina bífida que arrastra de nacimiento y que sus padres se negaron a tratar.
Su risa es momentánea, ahora su sorda satisfacción se basa en la rebeldía, en los muchos castigos que recibía por su descaro, en el enfrentamiento constante por sus principios, en las bofetadas.
- Me reñían porque intentaba aprender catalán, porque comía con cuchillo y tenedor cuando en casa todos comían con las manos, decían que era muy fina; me reñían porque estudiaba, porque quería ser médico, temían que no trajera dinero a casa-
No es rencorosa. Una vez más sonríe. Habla de su madre con una mezcolanza de rabia y cariño, el que nunca recibió.
- No recuerdo un beso de mi madre. Siempre me insultaba, decía que era fea. Incluso el día de mi primera comunión se avergonzó de mí, de mi vestido, de mi peinado, del cual solo recuerdo el intenso dolor que me causó todo el día-
Los tiempos cambian y las personas con ellos. Hoy la admira por haber sabido rectificar, por haber sido capaz de pedir perdón, porque ha tenido el valor de humillarse avergonzada.
- Busqué un trabajo nocturno, pero incluso así nunca aceptaron verme estudiar. Mi madre me despertaba a cualquier hora para barrer, fregar, limpiar, hacer la cama de mi hermano. Y yo empecé a sufrir los primeros ataques de dolor-
Y, ahora, ante el bellísimo paisaje del valle del Ara, cansada de algunos recuerdos, demanda una parada; a lo lejos ha visto un derruido pero aun maravilloso pueblo: Jánovas.
Me gusta escribir, disfruto con ello. A medida que mi vocabulario se enriquece, que mi sintaxis mejora, que descubro un estilo propio me divierto.
¡Cuán lejos están aquellos días que empecé a escribir para distraer mi espíritu, para contar una insólita historia, y para que un reducido grupo de hombres la leyera!