BAJO UN CIPRES

Estas son las historias de un viejo hippie venido a menos.

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LEÍ NO SÉ DONDE

 

 

   Existen muchas formas de cerrar un blog. Una de las más elegantes que conozco es la que utilizó Bo Peep que, todo sea dicho, ha vuelto. Otro sistema es dejarlo morir sin necesidad de cerrarlo y, por fin, el menos traumático para el relator y que mejor se podría adaptar a mi forma de ser, es ir espaciando cada vez más los artículos y escribir “la historia más bella”.

 

 

    Una vez más, querría recomendar la lectura de un magnífico blog: La ruta de la Medusa, que no viene al caso con el tema y el relato con que hoy altero la tranquilidad y paciencia de mis lectores, pero que pienso merece la pena.

 

 

    En el último artículo de Un gato en el balcón cuento que la historia del mundo es la de cada uno de los hombres que lo habitan y lo han habitado.

    A simple vista sólo parece una frase ingeniosa, inventada o copiada por el relator para relamerse con ella. No es así. La frase sale de una idea que me asalta periódicamente.

    Son muchos los hombres que, cuando piensan en la historia, lo que la ha marcado, memoran a los hombres importantes, las fuerzas vivas de un país, una región o, incluso, del planeta.

    Qué sería el mundo sin Napoleón, Tomás de Aquino, Churchill... piensan. Sería distinto, creen. Y sí, tienen razón, igual que sin el chaval griego o su asesino, o los que se han sentido soliviantados con su muerte; también aquel hombre que decidió apretar o no aquel gatillo, o aquel otro que un día pensó en crear una empresa de tal o cual, o unos que, salvando todos los escollos de un gobierno corrupto, consiguieron plantar unas pocas hectáreas de Jatropha en el África subsahariana, demostrando así su utilidad al resto de poblados.

    Quizá si aquel hombre anónimo hubiese hecho eso o aquello, ayudado por los que hubieran estado dispuestos a secundarlo, Hitler no hubiera gobernado o la gran depresión no hubiera existido o... Pero también podría haber sido peor. El ser humano es un depredador de su propia especie, cobarde, cruel y ruin; y eso, al ser parte de su naturaleza, sólo puede aspirar a combatirlo con menos que más fortuna.

 

 

 

    El hippismo fue creado por unos hombres que decidieron rechazar la violencia como sistema de relación en su especie, y fue seguido, primero, por infinidad de pacifistas que huían de ir al Vietnam, alarmados ante los cientos de americanos entre heridos y muertos que llegaban semanalmente; no por los millones de vietnamitas masacrados, torturados, prostituidos, despojados de su hogar, familia... por sus balas y bombas. Y, segundo, por infinidad de tipos que huían de la convencionalidad y las ataduras provocadas por una moralina que no les dejaba follar con quien querían o reír de lo que les diera la gana.

 

 

 

    Intentas una y otra vez relatar aquel recuerdo, y otras mil describirlo como una ficción. Y por última vez lo borras. Es una suerte, piensas, que hoy pueda escribirse sobre un papel virtual, de no ser así sería imposible, tanto como la historia que hace años intentas relatar.

    Incluso lo borraste de aquel lugar donde escribes, en los momentos que te sientes con fuerza, la historia que nunca publicarás.

    Escribes tal como te asaltan los recuerdos, con la misma meticulosidad. Y recuerdas las frases, la cara de aquel hombre, su mirada; y la del otro hombre, como, al entrar, lo miraste con fijeza, a los ojos y sin pestañear; y su perplejidad y pavor, el rictus de dolor, su costado...

    La voz y la cara del barman, la mujer tras la barra preparando los bocadillos que habías encargado, la cerveza... Recuerdas tu vecino con un traje gris gastado, cliente habitual sin duda, los jugadores de dominó en la mesa cercana a la puerta, su charla... recuerdas la barra de metal, su altura, los taburetes...

    De aquel día recuerdas hasta el último detalle. Como si el tiempo se hubiese parado.

 

 

    En Llibretería. La fuerte discusión entre tu vecino y tú. El silencio de la gente y las miradas fijas en vosotros. Las duras preguntas, tan frías como la ignorancia de la que haces gala.

    - ¿Lo conoces?-

    - No. ¿Cómo voy a conocerle?-

    - No lo parece-

    Y te das cuenta que algo no va como debiera, que aquel hombre parece saber o esperar algo. Lo tenías por un vecino, no obstante ahora dudas. Su castellano perfecto en esta calle, en este bar... Y ahora dudas que lo sea.

    - Repito... ha entrado deprisa y agarrándose el costado, hace rato que no sale del servicio-

    - Igual se estaba cagando. Dime algo mejor de por qué debemos llamarlo-

    Y sigue mirándote a los ojos, te turba... Por qué dice: “debemos”, te preguntas, con esa autoridad.

    - Hace rato que tienes preparados los bocadillos. ¿Por qué no te has ido? ¿Es que esperas algo?-

    - Solo sé que estamos perdiendo el tiempo y no es a usted a quien llamo la atención sino al dueño del bar que conozco de hace tiempo-

    Y el barman, harto de tanta charlatanería y preventivo, ha ido a ver lo que pasa.

    - No responde. Voy a abrir la puerta. ¿Alguien puede ayudarme?-

 

 

    Se propasaron o eso creías. Lo persiguieron... no supo dónde esconderse y cerrar su herida. Se sentía rodeado y buscó un lugar frecuentado, con gente a la que pedir ayuda...

    Estabas allí casualmente, aquel día decidiste cambiar vuestra dieta de frankfurts.

    Entró en el bar abrazando con disimulo su costado derecho, pálido, sus labios temblaban y sus ojos buscaban una cara amiga. Se cruzó con los tuyos, tranquilos como siempre, que lo miraban con fijeza, más por la sorpresa que por la situación.

    ¿Te reconoció? No debiera. No eras tú el descubierto sino Ella. Pero ahora también dudas. Es probable que te hubiera visto con ella, una casualidad o el producto de una buena vigilancia. Si no, ¿por qué entrar en el servicio como una exhalación al cruzarse con tu mirada?

    Esperaste unos minutos y entraron sus perseguidores riendo, bromeando como muestra de normalidad. Te vieron, miraste al servicio e hiciste un gesto, entendieron y esperaron fuera.

 

 

    La puerta cede después de muchos golpes y gritos. Estaba en el suelo, doblado en cuclillas. Oyes gritos, alguien dice que está muerto, otro que no; te acercas... y te miran con una mezcla de respeto y miedo, no ya como a un joven con pinta de hippie. Buscas el envés del párpado, está blanco, necesita sangre con urgencia y lo dices. Tiene, piensas, una fuerte hemorragia interior. Luchas contigo mismo, desearías verlo muerto pero no puedes.

    Mañana saldrá en los diarios como un ajuste de cuentas y la policía habrá perdido un infiltrado, porque en el bar nadie quiere llamar a una ambulancia o taxi sino a la policía; y sin mirarte a los ojos. La sabiduría popular es muy aguda, mucho más que la de la policía. Te encoges de hombros y te vas. Ya tienes los bocadillos para tu parada en la feria de belenes. Y lo dejas claro: tú has cumplido, has hecho lo que debías, si muere serán ellos los que carguen con su conciencia. Nadie te lo impide, prefieren que no te entremetas. Pero al llegar a la parada escuchas la sirena, no de la policía, que llega detrás, sino de una ambulancia que alguien habrá llamado, tal vez aquel hombre avergonzado.

 

 

    A los dos días entras en el mismo bar para buscar otros bocadillos. Y miras a los ojos al dueño con todo tu cinismo...

    - (...)-

    Y te mira en silencio, abrumado por la culpabilidad. Ya no está aquel hombre y sabes que nunca volverás a verlo paseando por el barrio.

 

    El mismo día, enfurecido, hablaste con Tomás.

    - ¿Qué falló esta vez?-

    - ( ... )-

    - No debe enterarse de eso-

    - Creo que ya lo sabe-

    Y al día siguiente, ya en la parada, preocupado la abrazaste más fuerte de lo habitual. Te esperaba... y te sonrió con tristeza, encogiéndose de hombros.

    - (...)-

 

 

 

    Leí, no sé dónde, que somos tal como el mundo nos ha hecho; escrito, supongo, por alguien que no acepta la responsabilidad de sus actos como hombre. Y no es cierto, somos como somos y decidimos ser; y el mundo es como, por nuestros actos, hemos hecho que sea.

 

 

08/12/2008 03:19 Autor: pau. #. Tema: No es un sueño Hay 7 comentarios.

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    Hemos ido estropeando tanto pensando que aún había donde echar mano, que sin darnos cuenta hemos conseguido que hayan más cosas malas e inservibles que buenas y útiles.

    Un mundo en el que se hace más mal que bien y se estropea más de lo que se arregla, tiene los días contados; igual que una economía que consume más de lo que produce.

 

    El ministro Alonso, tan listo como la cara que gasta, asegura que el refrendo vasco no va a celebrarse. Imagino que sabe más que los jueces que componen el tribunal. Y me pregunto qué hará en el remoto caso que el tribunal dé la razón a quien la tiene.

    El parlamento vasco no plantea un refrendo ejecutivo sino consultivo, y la excusa que solo el Estado tiene competencia para convocar un refrendo se hunde por sí misma, ya que el parlamento vasco es parte del Estado y portavoz del mismo en el territorio que administra.

    La ciudadanía debería estar harta de tanto engaño, sobre todo del que nos hace creer con mentiras y subterfugios que vivimos en una democracia. Los tipejos que nos gobiernan manipulan la ley a su antojo, más que nada para no perder prebendas.

 

    El viernes José vuelve a marchar, esta vez a occidente, donde ahora es invierno. A mi amigo-hermano le gusta el calor y, aunque menos que a mí, la ropa le molesta.

    Amara y yo, igual nos desplazamos a su casa para hacer compañía a nuestra amiga. Ya veremos... depende de su salud y sus compromisos médicos.

 

    Y seguimos recordando, acompañados por una botella de buen Rioja, los más de veinte años de nuestra historia en aquella casa. La de veces que Mónica y yo dejábamos de ir, con cualquier excusa, para participar en la revuelta. Ella adiestrando y yo preparando la siguiente estrategia. Solo nos encontrábamos al final, de noche, en la cama, después de cenar quesos y patés franceses en algún recóndito restaurante...

 

    El mejor sexo es el que se hace con el mejor amigo, creyendo en la fidelidad de la amistad y no en otra. El mejor sexo contiene el sabor de la constante novedad. Nada más excitante que cuando tu compañero te sorprende con nuevas y turbadoras estrategias eróticas; y divertido y cómplice descubres que ha tenido que disfrutar una aventura placentera y provechosa con otros amantes.

    El amor se conquista día a día. Hoy no es mañana ni ayer. Nunca se ama para siempre jamás sino al momento; el que diga: siempre te querré, siempre te he querido, te quiero como siempre... miente como un cochino, no cree en sus palabras.

    La conquista del amor perfecto se cumple cuando se consigue la complicidad con tu amigo, conviva contigo o no, el hermano-amigo-amante. No existe compromiso legal ni moral que pueda sustituir tal relación.

 

    Y Amara se ríe... hemos recordado nuestra afición por experimentar las más refinadas técnicas eróticas.

    - ¿Así que fue entonces, con Konsta, cuando aprendisteis a hacer todo eso? Creía que os salía de manera innata, de vuestra imaginación-

    Konsta fue la persona más libidinosa que hayamos conocido, activa, feminista y bisexual. Fue ella la que nos enseñó a utilizar la fantasía en nuestros juegos.

    Y todo cambió con la llegada de Vicki y Amara. Con ellas las fiestas se hicieron más sofisticadas, cuidadas y morbosas. Antes, exceptuando alguna amistad de las comunas donde había vivido, extraña y sospechosa para el resto, nadie entraba en nuestra casa. Tanto la una como la otra, extrovertidas y libres hasta la médula, introdujeron invitados en el juego, gente extraña que no sabía lo que le esperaba, solo la esperanza que se las follarían como condenados. Vicki a sus amigas, algunas acompañadas; Amara, el producto de sus últimas cacerías con Mónica: hombres, y alguna colega del oficio.

    Y recordamos cuando nos desnudaban y pintaban con lápiz de labios negro -que siempre han existido- todo el cuerpo con marcas de guerrero, como comanches o vete a saber; y nosotros a ellas tiznándoles el suyo con carbones del hogar, mientras nos regalaban sus cuerpos arqueándolos y exclamándose con erotismo. Y luego follábamos hasta hartarnos unos con otras, sin casi saber con quien, como y donde.

 

 

    Somos el producto de lo que fuimos, algo que hoy sólo se ve en reductos cerrados y despreciados por la sociedad. Y si estudiamos con detenimiento y revisamos con meticulosidad nuestros recuerdos, es lo mismo, la misma historia; solo que entonces no nos dábamos cuenta del rechazo que producíamos y lo esquivábamos gracias a llevar una doble vida. Hoy esa gente es más sincera y conoce muy bien lo que la sociedad piensa de ella.

    Y ahora, como entonces, en las comunas se ejerce el amor libre, y la gente sigue muriéndose de celos; y, sin embargo, nosotros aprendimos a amar al amigo, aún no sé como, y por eso nunca sentimos celos sino placer al sentirlos felices.

 

    Todavía hoy, cuando Vicki y yo vemos a través de la ventana a Joan y Amara haciendo sexo amorosamente en el jacuzzi del jardín, mientras tomamos un vaso de vino charlando amigablemente, nos reconforta los sentidos; o cuando veo en los ojos de Amara desear a José, que la seduce gracias a un imperceptible gesto o a una sutil frase, me disipo con Mónica entre divertido y feliz.

 

 

    Fuimos revolucionarios con relativo éxito, sin querer contemporizar con nuestros enemigos, lo que hizo Dani el rojo al introducirse en la política, para negociar sus ideas a la baja en un mundo de democracia ficticia. Lo fuimos y aún lo somos aunque vistamos con polos de Lacoste y calcemos zapatos mallorquines. No es necesario escenificar la incomodidad y la pobreza cuando no se tiene para demostrar lo que se es.

    Y fuimos muchos los que, como Mónica y yo, sacrificamos nuestro tiempo, nuestra alma y, en algunos casos, nuestros cuerpos para conseguir una libertad parcial y negociada sabiendo que éramos utilizados, peones de una gran y exitosa partida.

    No lo dudes, nuestra sociedad es producto de nuestro éxito de revolución y sacrificio. Si por ella fuera aún iríamos en pañales y no disfrutaríamos ni la mitad de las libertades, y eso se demuestra al ver como, año tras año, se recorta alguna sin apenas queja.

 

 

16/07/2008 22:58 Autor: pau. #. Tema: No es un sueño Hay 13 comentarios.

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    Hace treinta y cuatro años, Konsta, Joan y yo salimos con el 2CV hacia el Pirineo con la intención de encontrar una casa en la montaña. Yo ya había vivido allí, cuando a los dieciocho años, cuatro antes, había abandonado la casa de mis padres. Aquella fue la primera vez que vivía en una comuna, una casa en la que solo se podía habitar una de las alas, la otra estaba destruida. Allí viví con Albert y otros amigos durante un año, sin agua corriente ni electricidad.

    La encontramos en lo más inhóspito de las montañas pirenaicas, allí donde, como la otra vez, era difícil llegar o salir en Invierno. La casa era preciosa pero estaba en muy mal estado, algunas vigas habían caído, el tejado hundido y una de las grandes vigas que soportaban el piso central, el único habitable, se había partido.

    Levantamos un pilar con pizarra, y utilizando unos gatos conseguimos fijarla. Durante un año vivimos en la parte central mientras, poco a poco, íbamos convirtiendo el resto de la casa en habitable y agradable. Construimos un cuarto de baño, hicimos llegar corriente eléctrica y agua, ésta a través de una larga cañería proveniente de una mina de nuestra propiedad. Con el tiempo exploramos los confines del terreno: una hectárea de bosque empinado, casi inaccesible, y otra de prado.

    Al principio éramos seis, tres hombres y tres mujeres: José, Joan, Konsta, Mónica, Anna y yo; y más adelante se unieron Pere y Susana. Éramos jóvenes: dieciocho años Mónica y entre veintiuno y veintidós el resto.

 

    Y hablamos con Amara de aquellos días, recordando anécdotas y divertimentos. Es jueves y cenamos en casa de Joan y Vicki. Reímos de las cosas que llegamos a hacer, de la vida tan intensa que disfrutamos, también de la secreta entre Mónica y yo, tan fuerte que, hoy, aun a nosotros se nos hace difícil creer que existió. Han pasado muchos años, tantos que la memoria se emborrona y confunde temporalmente. Y cuando intentamos rememorar las fechas, no entendemos como pudimos hacer tanto en tan poco tiempo.

    Y Mónica recuerda las reuniones entre amigos, fiestas espiritistas y mágicas; los juegos de cartas que organizábamos con los invitados, en los que las el dinero de las apuestas servía para financiar los arreglos de la casa. Los espíritus de gente muerta con violencia, que algunos creían que, atormentados, pululaban por la casa dando a conocer su “existencia”; las puertas que se abrían y cerraban, los ruidos y lamentos, las sospechosas pisadas a media noche... y los ratones paseando por nuestros pies frente al fuego mientras leíamos un libro, las lechuzas y los mustélidos que casi teníamos como mascotas y que nos servían para ahuyentar a los roedores.

    Y en Verano cortábamos los árboles secos para hacer leña para Invierno. Y subíamos al tejado para limpiarlo. Y acotamos un pequeño jardín, y fabricamos en él mesas y sillas con troncos para hacer nuestras fiestas...

    Y recordamos el descubrimiento bajo la casa, mientras construíamos el desagüe, de un pequeño arsenal de la guerra, de cuando entró el maquis por la frontera y conquistó la comarca, también de una radio camuflada y cables por la montaña para hacer de antena, y mecha rápida, cartuchos y balas...

    Y también recordamos, al verla en el gran jardín de Joan, la gran mesa que sirvió para matar y salar los cerdos, con sangre y sal incrustada por cientos de años y animales sacrificados. Y como la limpiamos con cepillos y lejía hasta dejarla limpia e impoluta. Y allí jugábamos a las cartas con un mantel... Y en ella jugábamos con el sexo hasta caer rendidos en la gran cama de la sala donde dormíamos, comíamos, leíamos, reíamos, platicábamos... Y Mónica recuerda cuando la atamos por vez primera en aquella mesa con los brazos y piernas abiertos y vendamos sus ojos, y la acariciamos hasta volverla loca de orgasmos; y cuando nos follábamos y jugábamos a descubrir a quien corríamos con el mayor placer, y a desafiarnos en confesar y satisfacer las fantasías sexuales más morbosas de cada uno.

 

    Y éramos tan jóvenes y ha pasado tanto tiempo que a veces no podemos creer que todo esto haya existido. Pero entonces Joan saca el álbum de fotos, aquel del que hace tiempo hablé y que sus hijos se colapsaron al enseñárselo.

 

    Y reímos y descubrimos que sí, todo ha existido y no es un sueño compartido.

 

 

15/07/2008 00:34 Autor: pau. #. Tema: No es un sueño Hay 3 comentarios.

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