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Hace miles de años que el humano no para de desbrozar la tierra... eso leo, siendo aplaudido por un sinfín de economistas y similares.
Y nos admiramos de palabras tan inteligentes como atractivas. No se dice que hasta hace poco tiempo, exceptuando unas pequeñas zonas, el resto del planeta estaba poco habitado.
El crecimiento demográfico del planeta no fue apreciable hasta mediados del siglo IXX; igual que el de la esperanza de vida. Curiosamente los neolíticos superaban en edad a los romanos y los aztecas a sus conquistadores.
El hombre desbroza, abandona y la naturaleza vuelve a invadir el territorio excepto en el que se ha desertizado. No hace falta buscar ejemplos, quien más y quien menos lo sabe, ha cogido una mochila y lo ha visto.
Vemos con asombro una nueva estrategia del avestruz.
Los mismos que negaban el cambio climático, ante la imposibilidad de seguir haciéndolo y la certeza de su irreversibilidad, han optado por plantear su bondad. Economistas, financieros, constructores, abogados politizados... y cuatro profesionales financiados por empresas energéticas; da lo mismo que el resto, miles de científicos digan que pintan bastos, da lo mismo... ellos, dentro de su gran sabiduría, han desarrollado, mediante sesudos estudios e inteligente verborrea una sencilla teoría: el cambio climático no necesariamente debe ser malo sino hasta es posible que sea lo contrario. Son los mismos que niegan su anterior discurso: yo nunca dije... Lástima que los archivos de las cadenas mediáticas prueben lo contrario.
Han pasado ciento cincuenta años desde que Darwin descubriera la evolución, y todavía algunos sesudos teólogos, grandes comunicadores con fama de cultos, picos de oro cavernícolas, la discuten.
Siempre he pensado, desde mi poco conocimiento sobre esta materia, que la economía se basa en la relación que hay entre el producto y el consumo, el productor y el consumidor.
El individuo necesita trabajar para sobrevivir, inicialmente como todo animal: cazando, pescando y recolectando. Y debe seguir este principio, primero para él como individuo y, después, a medida que su experiencia lo permite, para su descendencia.
Con el paso del tiempo, el individuo se asocia y enriquece con conocimientos, y eso hace que optimice su esfuerzo, ahorre tiempo y gane espacio. Y para rentabilizar este beneficio tiene dos opciones, refocilarse o aumentar sus medios.
Las dos opciones son producto del sobrante de su esfuerzo y sirven para aumentar su calidad de vida.
Es importante que la sociedad no pierda estos principios, puesto que son, tal como están las cosas, los que deben regir nuestra manera de ser y de relacionarnos con los demás.
Se pueden escribir libros, ofrecer múltiples conferencias o desarrollar rebuscados estudios, pero al final el resultado es el mismo: el hombre, en cuanto abandona su sentido social se lía a garrotazos por el beneficio del trabajo del prójimo.
En el momento que el individuo deje de ambicionar lo que no es suyo y consienta en asociarse globalmente, su desarrollo llegará a cotas impensables. Dicho esto pienso que la crisis, la actual, más depresión que otra cosa, es el resultado de buscar estúpidamente atajos para solucionar los desaguisados producidos por los últimos tortazos, que nos hemos arreado unos a otros en la busca del oro ajeno.
No nos conformamos con lo que producimos y deseamos, además de regocijarnos con el tiempo que no nos sobra. No podemos vivir como pretendemos a costa sólo de nuestro producto, y, por ende, debemos buscarlo fuera de nuestro territorio; primero del individual, después el de nuestro entorno y, más adelante, cuando ya lo hemos agotado o el enfrentamiento con nuestros asociados se acerca peligrosamente, lo buscamos más lejos, un lugar donde sea fácil, haya desorden o flaqueza, para apropiárnoslo.
Una chavala lee en el asiento de al lado "Los cuentos de Canterbury". Estoy por preguntarle si es interesante. ¿Podrán creer que aún no los he leído?
Estoy con "El viaje del Elefante", de Saramago. Antes leía un libro casi semanalmente, ahora no puedo, tengo demasiadas cosas por hacer y en mis ratos libres me gusta escribir.
Ayer vino el fontanero para arreglar un escape de agua. Los vecinos, haciendo obras rompieron un desagüe. Un hombre simpático y muy joven, o quizá soy yo quien lo ve así. Y me cuenta, al ver el nuevo sistema de diseño que adquirí hace poco, que antes tenía una empresa como la nuestra. Me dice quien es y lo reconozco. No, no era como nosotros pero se parecía. Le pregunto si conoce algún artesano industrial que haga su antiguo trabajo... Puede interesarme.
Y pienso sobre la paradoja de un empresario del textil, importante por lo que recuerdo, que ha terminado trabajando de fontanero por cuenta ajena y se le ve contento.
- Cuando pueda volveré- Me dice.
Lo miro con lástima. Cuando pueda será demasiado tarde, las cosas habrán cambiado y su maquinaria y su antigua habilidad servirán para poco.
Trabajaba para dos grandes firmas, ahí radicó su error. Nosotros siempre nos negamos, a no ser que fuera con las sobras de tiempo y esfuerzo.
Una vez tuvimos de cliente a una de esas corporaciones, tres años duró el negocio hasta que nos llamaron de su central. Querían comprar nuestro producto desde allí para todas las delegaciones. Para no quedar mal aceptamos un encargo, lo atendimos y nos despedimos. No nos interesaba. Se asombraron, la gente se mataba por venderles... Hoy, la mayoría de sus proveedores han cerrado y pasado por el psiquiatra y el cardiólogo.
Últimamente discuto con gente que cree que el crecimiento junto al consumismo es lo mejor. Se dicen conservadores aunque de eso tienen poco. El conservador es el que quiere mantener, o debería ser así, lo mejor que el hombre ha conseguido y experimentado. El problema es que nadie sabe si lo próximo será mejor o peor, como también que muchos se dicen conservadores cuando en el fondo son inmovilistas.
Yo me siento conservador en cuanto se trata de la naturaleza y el entorno. Me gusta aquel paisaje que conocí de pequeño, aquellas playas, bosques y praderas; sin embargo, no me gusta la dictadura y el despotismo, la persecución de la población por su ideología e, incluso, su idioma. Esos que se hacen llamar conservadores añoran aquellos tiempos, mantienen honoríficamente a un tipo que firmó sentencias de muerte y amparó la tortura; en cambio se regodean en destruir su entorno, el paisaje de su tierra.
Se acerca mi estación y veo que mi vecina cierra el libro y hace gesto de preocupación. Hay mucha gente en el vagón y teme, supongo, no poder salir.
Uno lee y el otro escribe... ahora me fijo mejor... es guapa.
Los jueces amenazan con una huelga. Lo más lógico sería decir: ya era hora, por fin habrá justicia. El problema es que son necesarios. No podemos tener los detenidos sin juzgar, presos eventuales en los calabozos de las comisarías, tampoco en la calle; aunque vista la pericia de la judicatura española, sería de esperar que la situación no cambiase demasiado.
Los jueces dicen que faltan medios para desarrollar su trabajo, alegan también que no disponen del suficiente personal.
Me pregunto si hay alguna oficina del Estado que esté preparada y modernizada. Conociendo el percal supongo que la de Hacienda, aparte de la de Interior dedicada a cobrar multas de tráfico. Con el dinero no se juega y el Estado lo sabe. Para pagar todo son prisas, requerimientos y fechas tope; para cobrar es diferente, hay que hacer cola o esperar que te toque. Sería distinto si el Estado tuviera que pagar una penalización por demora. La declaración de Hacienda es un ejemplo. El ciudadano tiene quince días para pagar un tributo y una vez pasados debe hacerlo con recargo. El Estado debería asumir las mismas obligaciones.
Los jueces amenazan y Bermejo se preocupa. No sabe la suerte que tendría, no se da cuenta...
Importamos albañiles, enfermeros, mecánicos... hasta soldados de Ecuador, Colombia, Bolivia, Argentina, Perú... de Venezuela no, nadie sabe por qué; será que allí tienen trabajo y cobran bien.
¿Por qué no podemos contratar jueces de esos países? La justicia española no es tan diferente, el idioma es el mismo y los hombres a los que debe juzgar apenas se distinguen unos de otros. La ley del hombre es como la medicina. Robar, asesinar, violar... es igual en todas partes excepto en algunos países musulmanes.
Las diferencias son pequeñas y un cursillo de adaptación sería suficiente, un Master de esos que tan de moda se han puesto. Muchos jueces sudamericanos conocen nuestra justicia mejor que los de aquí, doy fe; cosa nada extraordinaria, puesto que nuestra judicatura es conocida en medio mundo por su falta de profesionalidad.
Un cursillo por demás innecesario, ya que los jueces, en su afán por pensar lo menos posible, dictaminan con el libro en la mano.
¿Demasiado trabajo atrasado?
De ninguna manera. El ministerio podría puntuar sobre productividad y calidad, y los puntos deberían servir para conseguir la ciudadanía primero y la nacionalidad por último; la misma prerrogativa de los ciudadanos de Sudamérica que se alistan en nuestro ejército.
La judicatura española se queja, quizá con razón, la misma de los médicos, enfermeros, bomberos... El problema es que ninguna inversión en tecnología, personal, etc. puede solucionar la estupidez, extravagancia, prepotencia y chulería. Si alguien piensa que, con aumentar el presupuesto, nuestros jueces trabajarán mejor va aviado. Tal vez lo hagan más cómodos, pero mejor no.
¿Cómo podemos escribir un tema sin referirnos a Gaza?
Es imposible, mas, aun sintiéndolo, no lo haremos. Hemos hablado demasiado sobre el tema; hemos dicho, creo, todo lo que se podía decir sobre un pueblo absolutamente deshumanizado, el israelita; también sobre quienes le dan soporte por activa y pasiva.
Como dice mi amiga Gata, todos somos responsables en cuanto vivimos en una sociedad, en teoría, demócrata y podemos escoger. La única respuesta es el boicot, sin contar que siempre existen otras más traumáticas y radicales.
Para seguir el boicot a los productos israelíes y a los empresarios que apoyan su Estado y, por tanto, su política, Gatopardo publica un enlace.
Un saludo a todos.
¿Hablamos de la sentencia de Jaén? De la mujer que a los dos años de pegar a su hijo una sola vez, es castigada con un año de alejamiento.
Dicen que es un caso aislado...
Propongo que cada uno de nosotros, en cuanto tenga un rato y pase cerca de los juzgados de su ciudad, entre y lea las sentencias.
¡OH! Y creíamos que la estupidez en la judicatura española se componía de casos aislados.
Pues no, y es muy sencillo de comprobar.
¿Ustedes creen que la malnacida de Jaén será expedientada, apartada de su prepotente cargo?
No. Igual que a Tirado, que aún corretea su chulería por los juzgados.
La judicatura española considera lógica la estupidez, la defiende, apoya y, por tanto, la promueve.
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Por segunda vez en la historia de mis dos blogs edito el mismo artículo en ambos, dada la importancia que le presumo. Dicho artículo es la respuesta al pedido de un lector sobre mi opinión a tres temas.
España es, tras los EEUU, el país con la balanza de pagos más deficitaria del mundo y el que mayor paro tiene entre los países desarrollados.
Su política económica está dirigida por un hombre inteligente y capaz, pero débil, manipulable, que no sabe expresar su mensaje y toreado por el resto del gobierno. El presidente del país es un abogado español, y con eso creo que ya lo he dicho todo. El resto de dirigentes políticos son hombres de clara mediocridad, en cuanto a su capacidad para entender la economía. Solo hay que leer lo dicho sobre el tema, poco por suerte, por el líder de la oposición. No obstante debemos reconocer que el nivel de culpabilidad del actual gobierno, con relación a la actual situación es poca, más por inmovilidad que por interés. Tanto en tiempos de Felipe como de Aznar, el crecimiento español se basó en la recolecta de limosnas de la Unión y en la especulación; y eso es muy difícil de corregir.
Un decrecimiento poblacional importante y continuado, junto a una falta de vivienda y una política conservadora en cuanto a la fiscalidad de la vacía, unido a un segundo despegue de la industria turística hicieron precisar una gran cantidad de mano de obra extranjera.
Hace tiempo, en otro tema editado en este log, llamaba la atención sobre la poca calidad profesional de los inmigrantes. España se alimentaba de norteafricanos sin estudios y sudamericanos con aún menos, exceptuando una gran cantidad de ellos con licenciaturas compradas, regaladas o de dudosa procedencia. Mientras el resto de Europa lo era por individuos del Este y Turquía, incluso más preparados que los propios nacionales, y de descendientes de los antiguos inmigrantes, ya nuevos europeos, que habían ayudado a mantener su demografía.
España, aún así, mantenía un nivel de paro casi congénito. En este país tener el 7% de paro es como disfrutar de pleno empleo, mientras en los EEUU significa un desastre y en Europa un dato preocupante.
La banca española está descapitalizada y las hipotecas emitidas tan alegremente por ella están repartidas por medio mundo. Las posibilidades de recuperar el dinero invertido en hipotecas sobre edificaciones, viviendas, solares y construcciones a medio terminar son remotas. La banca es incapaz de mantener las líneas de crédito que hasta hace poco disfrutaban las empresas, de tal manera que en este momento hay clínicas, fábricas de automoción, empresas de logística, cadenas hoteleras, etc. al borde de la quiebra, arrastrando con ellas multitud de otras empresas.
Un plátano canario, un filete de ternera, un pollo... el alquiler de una vivienda, etc. son más baratos en Baden-Baden que en Madrid o Barcelona. La inflación producida por la especulación, un sistema mercantil basado en exceso por intermediarios, y una masa de inmigrantes poco productiva y consumidora de productos básicos, hacen de España un país caro y de baja calidad.
Las empresas españolas son las más descapitalizadas de la Europa rica, por tanto, precisan de mayor financiación.
España es, después de los EEUU, el país del mundo que más dinero expide por sus inmigrantes al extranjero, lo cual significa una sangría de riqueza de dimensiones gigantescas. Eso no tendría importancia si la inmigración produjera la suficiente plusvalía. El problema es que apenas lo hace. Su productividad es escasa a causa de su poca preparación y la deficiente estructura industrial del país. Se ha utilizado al inmigrante para cubrir puestos de trabajo poco competitivos o para la construcción.
El único ente con dinero en el Estado es la Seguridad Social. Ahora bien, ¿qué posibilidad hay de utilizarlo sin arriesgar en "demasía" las prestaciones de sus actuales propietarios, los cotizantes? Ninguna. Por tanto, tocarlo sería una estafa y un desatino, aparte de ilegal.
Es imposible organizar otra explosión inflacionista y especulativa sobre el suelo del país al estilo felipista, en todo caso lo que existe es una deflación por haber abusado de ella.
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En estas circunstancias pienso que la recuperación económica es imposible por nuestros propios medios, ya que no existe margen de maniobra, que la crisis es por tiempo aún indefinido y que España se ve abocada a una recesión de proporciones históricas.
¿Qué podemos hacer para superar ese trance?
Individualmente adaptarnos a nuestra realidad económica.
La inseguridad ciudadana crecerá, así como deberemos acostumbrarnos a ver mucha prostitución en nuestras calles. Deberemos gastar por lo que ganemos y aceptar trabajos poco remunerados, crear pequeñas empresas sin esperar nada del Estado, a partir del diseño, la creación artística o el desarrollo de nuevas tecnologías y materias.
Colectivamente no podemos hacer nada, solo esperar que una nueva generación de estadistas den con alguna solución negociada en Europa. Por descontado, los que hoy gobiernan están lejos de ello.
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Por último, y con referencia a la futura relación de Catalunya con el resto de España, solo cabe responder que el divorcio se consumó hace bastante más de un año, y tal como han ido desarrollándose las cosas, es irrecuperable.
Todos los cambios importantes en una sociedad son provocados por la clase media: profesiones liberales y empresarios de la pequeña y mediana empresa, trabajadores cualificados dependientes de su propia productividad, etc.
La crisis puede retrasar o adelantar dicho divorcio, es algo que no sé, supongo que dependiendo de ciertas circunstancias que aún no se han dado.
La economía catalana ha ido despegándose de la española sin pausa, como siguiendo un camino preestablecido, no dictado por ningún ente e intuitivo.
Hace más de dos años edité en este blog algunos artículos sobre el tema, con la humilde presunción que alguien los leyera y tomara nota. No fui el único, algunos periodistas, economistas, políticos y catedráticos hicieron lo mismo. Y hace menos de un año el gobierno movió ficha, demasiado tarde y con excesiva timidez para ser efectivo. Ahora solo cabe esperar que no sea demasiado traumático.